martes, 2 de septiembre de 2025

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 29

Una noche gótica era justo lo que necesitaba. Pedro se puso unos pantalones vaqueros negros, sus viejas botas de motociclista y su cazadora de cuero favorita. Había comprado kohl para pintarse los ojos y, cuando se miró al espejo, se dió cuenta de que echaba de menos aquella parte de su vida, la parte anterior a que la tragedia golpeara duramente a su familia y lo dejara con un vacío. La tía Liliana había intentado llenar los huecos, pero su hermano, su padre y él eran un trío unido antes de la muerte de Javier. Dejó todos aquellos pensamientos atrás y cerró la puerta. Fue caminando hasta casa de Paula. Iba a fingir que solo eran ellos, Paula y Pedro. Ella era la mujer con la que había hecho el amor aquella tarde y con quien esperaba volver a hacerlo pronto. Cuando ella le abrió, a él se le aceleró el corazón. También se había pintado los ojos con un delineador oscuro, y los labios, de rojo brillante. Se había hecho dos colas de caballo y se había teñido las puntas de negro. Llevaba unos pantalones negros ajustados y una blusa negra transparente con un sujetador negro. Él se excitó con solo verla. Le encantaba. Le encantaba el hecho de que todo fuera fresco y nuevo entre ellos. Ninguna de las obligaciones o responsabilidades pasadas que tenía con su familia podrían interponerse en su camino. Cuanto más conectaban, más apreciaba el hecho de conocer a Paula sin el apellido Chaves. Ella ladeó la cabeza.


—Me gusta esta faceta tuya —dijo.


—A mí, también —dijo él—. ¿Estás lista para que nos vayamos?


—¿Hay prisa?


—No, en realidad, no. Es que me he dado cuenta de que has puesto un banco en tu vestíbulo, y ahora estoy pensando en todas las cosas que podemos hacer ahí —dijo él con una sonrisita.


Ella se ruborizó.


—Puede que más tarde, si juegas bien tus cartas.


—Oh, eso es lo que voy a hacer —le aseguró él.


La ayudó a ponerse la cazadora de cuero. Después, se dió cuenta de que ella tomaba el bastón.


—¿Va todo bien? —le preguntó. 


Aquella tarde no lo había usado. 


—Sí, sí. Es que he ejercitado los muslos un poco antes, y ahora me siento débil —dijo ella—. ¿Me estropea el aspecto?


—¿Te he hecho daño antes? —le preguntó él, con la voz ronca.


Demonios, debería haber tenido más cuidado con ella.


—No, lo que pasa es que normalmente no uso las piernas de esa manera —dijo Paula, riéndose—. Podemos practicar para reforzarlas. Eso es lo que dice mi fisioterapeuta cuando probamos algo nuevo.


—No me importa practicar —dijo él—. Bueno, ¿Dónde vamos?


—Al bar clandestino.


—No sé dónde está.


Ella le explicó que los comercios y negocios de Main Street se habían unido con la Cámara de Comercio y habían ayudado a financiar y promover un bar temporal que habían decorado como si fuera clandestino. Después, habían enviado pistas a los residentes de Chaves Corners por el pueblo para llevarlos al bar.


—Parece divertido. Cuando yo vivía aquí, no había nada parecido.


—No, es cierto. Pero últimamente el pueblo tiene una energía distinta. Creo que, en parte, es porque Vanina y Nancy han traído su programa de televisión aquí. También creo que, durante un tiempo, la gente esperó que mi familia volviera e hiciera cosas, pero luego decidieron que debían hacerlo por sí mismos, más o menos.


—Tu familia tiene mucho poder aquí —comentó él—. Pero ¿A qué te refieres con «Más o menos»?


—Bueno, Vanina rompió la maldición cuando consiguió que Rodrigo volviera e hizo su programa, así que fue como una combinación de ideas nuevas, de gente nueva y de viejas supersticiones.


A él le gustaba lo que le estaba contando y cómo veía el pueblo. Claramente, Paula amaba Chaves Corners a pesar de las dificultades con las que había tenido que enfrentarse su familia. Se distrajo un momento pensando en los negocios y en cómo podría expandir Alfonso Industries allí. Pero lo que aquella noche era una cita, no una oportunidad de negocio. Y, hasta que averiguara más de lo que había sucedido la noche que había muerto su hermano, no quería avanzar en nada que tuviera que ver con Paula o con Gonzalo.


—¿Entonces, en el bar clandestino van a celebrar una noche gótica?—preguntó. 

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