martes, 26 de agosto de 2025

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 28

 —¿Lo ha visto? ¿Por qué? —preguntó Vanina, tomándose uno de los pequeños pretzels que había preparado su amiga Nancy.


—En nuestra primera cita, yo había ido a recoger las cosas de mis padres a casa de mi madrastra. Estaba ahí y me lo puse.


A Paula se le había pasado hacía mucho el enfado porque le hubieran mentido acerca de que estaban casados cuando había salido del coma.


—Me encanta esto. Entonces, ¿Tenían citas a mis espaldas?


Elle se sonrojó.


—Sí. Yo estaba intentando ser profesional y ayudarte a recuperar los recuerdos.


Paula le dió un abrazo a su amiga.


—Sí, ya lo sé, pero también había algo entre ustedes. Algo que yo ví antes de que ustedes se dieran cuenta.


—Bueno, pues me alegro de que lo vieras —dijo Melisa, devolviéndole el abrazo—. Pero ya está bien de hablar de mí. ¿Qué pasa con Pedro y contigo?


Paula se ruborizó al instante, al acordarse de cómo había sido hacer el amor con él en su sofá. Desde entonces, se sentía diferente. Despierta, pero de un modo distinto al de antes.


—Vaya… ¿Tan bueno? —le preguntó Vanina, con una sonrisa—. Los he visto pasar por delante de la tienda en coche hoy.


—Sí, me llevó a dar una clase de conducir.


—¿Eso es todo? —bromeó Vanina—. Te estás ruborizando demasiado para ser alguien que solo ha aprendido a meter las marchas.


—No, no solo ha sido conducir —dijo ella—. Creo que me estoy enamorando de él.


—¿De verdad? —le preguntó Melisa, abriendo los ojos.


Paula percibió un tono de preocupación en la voz de su amiga.


—¿Por qué? ¿Es demasiado pronto?


—Las emociones no tienen reloj —dijo Vanina. 


—Pero la atracción física no es lo mismo que enamorarse —dijo Melisa—. ¿Es solo lujuria, Paula? No estás tomando la píldora…


—Melisa, sé mi hermana, no mi doctora —le pidió Paula—. Y, sí, es lujuria, pero es mucho más. Él me ve como soy ahora, no como a alguien que ha estado diez años en coma, como Gonzalo, Rodrigo y ustedes dos. O como la rara de la chica Chaves, que es lo que dicen en el pueblo. Y, a través de sus ojos, estoy empezando a ver quién quiero ser.


—Lo siento, Pau, solo estaba intentando cuidar de tí. Me alegro de que él te vea así. Pero cerciórate de que sigues siendo Paula, y no la versión que Pedro haga de Paula —murmuró Melisa.


Paula sonrió. Sabía que sus amigas solo querían lo mejor para ella.


—Lo tendré en cuenta —dijo. Después, se giró hacia Vanina—. ¿Cómo está Rodrigo?


Vanina se mordió el labio y puso los ojos en blanco.


—Tan divo como siempre. Desde que decidió compartir estudio y lo construyó aquí en Chaves Corners, he estado viendo otra faceta de este hombre.


Paula dejó que la conversación fluyera suavemente a su alrededor, mientras sus amigas hablaban de su hermano y su primo, dos hombres que habían tenido tanta importancia en su vida. Sin embargo, solo estaba escuchando a medias. Sabía que Melisa era muy protectora, como Gonzalo, pero le había creado ciertas preocupaciones. Llevaba luchando por encontrarse a sí misma desde que había despertado del coma, e irse a vivir sola había sido el primer paso. Si el acompañante que había contratado para que la ayudara con su vida hubiera aparecido… ¿Habría conocido a Pedro? ¿Se habría convertido en lo que él quería con tal de no estar sola? Esperaba que no, pero ¿Cómo podía saberlo con certeza? Siguieron charlando un poco más y, al cabo de unos minutos, les llegó una notificación automática de la Cámara de Comercio de Chaves Corners en la que se daban las pistas para llegar al bar clandestino de aquella noche. Sería una fiesta gótica porque Halloween estaba a la vuelta de la esquina, e iba a tocar una banda tributo a My Chemical Romance, que era uno de sus grupos favoritos. Le envió un mensaje a Pedro para recordarle que habían quedado para aquella noche. Él respondió diciendo que estaba impaciente.

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