jueves, 18 de septiembre de 2025

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 53

 —Vaya un plan de venganza —dijo Paula—. Entiendo que quisieras vengarte de Gonzalo y de Chaves International, así que es lógico que no pudieras decirme quién eres. Pero todavía no puedo aceptar que me mintieras.


Entonces, él le tomó las manos por encima de la mesa.


—Siento lo que hice. No sabía cómo decirte quién era en realidad, y eso era antes de saber que Javier te había agredido. No puedo perdonárselo. No sé cómo podrías aceptarme en tu vida sabiendo que él era mi hermano.


—Cuando te miro, Pedro, veo a alguien muy distinto a Javier. No recuerdo muy bien esa noche y no tiene el poder de herirme. Tú eres más real para mí. Nunca me he sentido amenazada por tí. Siempre me he sentido segura —admitió ella.


—Me alegro mucho de oír eso —dijo él—. ¿Puedes perdonarme que te mintiera?


Ella se quedó mirándolo con los ojos muy abiertos, con seriedad. Él no sabía si sus palabras serían suficientes para convencerla. Se levantó y rodeó la mesa, y se puso de rodillas junto a su silla.


—Te quiero, Paula Chaves, con toda mi alma. Sé que vas a necesitar tiempo para volver a confiar en mí, pero haré lo que sea necesario para conseguirlo.


Ella se giró hacia él, pero él se quedó donde estaba. Necesitaba que Paula lo escuchara. Necesitaba decirle todo lo que había en su corazón y en su cabeza.


—Puede que me pidieras que te ayudara a correr riesgos y a aprender a vivir de nuevo, pero, en realidad, fuiste tú quien me enseñó a vivir. Conseguiste que olvidara el pasado y que empezara a verme a mí mismo, y al mundo, bajo una luz distinta.


—Pedro…


Ella le puso las manos en las mejillas y lo besó, suavemente, casi con timidez. Él sabía que quería tener a aquella mujer entre sus brazos para toda la vida. Quería su amor, su perdón. Quería la felicidad con ella.


—No sé si puedes quererme —le dijo, cuando terminó el beso—. Pero estoy dispuesto a esperar lo que haga falta hasta que lo hagas.


Se puso en pie y la miró. Recordó la primera vez que la había llevado a caminar bajo la lluvia por su jardín trasero. La primer a vez que la había besado. Su vida había cambiado en aquel momento, pero él no se había dado cuenta porque estaba demasiado concentrado en intentar averiguar cómo podía mantener a Paula a salvo mientras, al mismo tiempo, destruía a Gonzalo. Debería haber comprendido que no podía lastimar a alguno de sus seres queridos. Ella era lo único que le importaba. Su amor y su felicidad. Tenía que encontrar la forma de convencerla de eso.


Paula se lamió los labios y se puso de pie, junto a él. Y a él comenzó a latirle el corazón con tanta fuerza que apenas podía oír nada. No había duda de la sinceridad de Pedro. Ella sabía que tenía que trabajar y ganar confianza para aceptarlo. Para decirle que sí. Y, aunque era lo más arriesgado que hubiera hecho nunca, sabía que él la quería. La quería. Tuvo que repetírselo porque era difícil creer que él lo hubiera dicho y era difícil asimilar todo lo que le había hecho sentir. Dejó de pensar en la energía negativa que había rodeado a su familia y a la de Pedro desde la noche del accidente. Dejó de pensar en que todo el mundo creía que su familia y el pueblo estaban malditos. Nadie habría esperado que quienes iban a romper aquella maldición no eran de Chaves Corners, pero Vanina, Melisa y, ahora, Pedro, eran quienes habían devuelto el amor a sus vidas, a la de Rodrigo, a la de Gonzalo y a la suya. Sabía perfectamente que, sin aquel amor, las cosas no podrían cambiar. Ni para ella, ni para Pedro. Él había dedicado la vida a tratar de vengar a su hermano y a su padre y, cuando se había dado cuenta de que estaba equivocado, había cambiado. Había empezado a cuestionárselo todo al enamorarse de ella.


—¿Paula?


—Pedro.


—Mujer, me estás matando. ¿Lo que te he dicho significa algo para tí?


—Significa todo —respondió ella. Tomó aire profundamente y  dijo—: Yo también te quiero. No sé cómo vamos a seguir desde este punto, pero quiero hacerlo.


Pedro la tomó en brazos y la estrechó con fuerza contra su pecho. 

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