—¿Estás bien? —le preguntó Gonzalo, mientras Melisa hablaba con Pedro.
—Sí, estoy bien. Es que acabo de darme cuenta de que la vida no siempre va según nuestros planes.
Sinceramente, debería haberse dado cuenta de eso mucho antes. Sin embargo, el coma había convertido la última década en algo que parecía un largo sueño. Pedro la había cambiado al ayudarla a despertar y a vivir, pero, en aquel momento, se estaba dando cuenta de que la vida estaba hecha de buenos momentos, pero, también, de malos. Él sabía que lo había echado todo a perder al permitir que la conversación se desviara hacia la tía Liliana y hacia la trágica historia de su familia. Sin embargo, ya era hora de hablar con Paula sobre lo que había pasado la noche del baile, por mucho que él no tuviera sentido de la oportunidad.
—Con me ha comentado que tienes algunas ideas de negocio para Chaves Corners —le comentó Gonzalo, que se había acercado a él.
Paula estaba en el salón con Melisa y Vanina, y Rodrigo estaba en la cocina preparando algo que olía muy bien.
—Sí —respondió, sin saber hasta qué punto debía explicarse—. Mi empresa, Alfonso Industries, ha comprado diferentes propiedades por el pueblo con la intención de convertir Chaves Corners en un lugar para gente que quiera vivir en pueblos pequeños pero trabajar en empresas grandes.
—Alfonso Industries… Creo que tú y yo hemos coincidido en varios cosas últimamente.
—Sí —dijo Pedro.
Aquella noche había dejado de esconderse y fingir.
—No hay nada malo en la competencia amistosa y, si ayuda a Chaves Corners, estoy totalmente a favor —dijo Gonzalo—. Y, si te parece bien, me interesa conocer tus ideas. Durante muchos años he estado solo para hacerle frente a esto y… Bueno, sinceramente, creo que estaba evitando el pueblo tanto como podía.
Pedro se dió cuenta de que, en cierto modo, Gonzalo lo estaba tratando como a un amigo. Como a la persona con la que estaba saliendo su hermana. Él quería relajarse y ver dónde podía llegar aquello.
—¿Por Paula?
—Sí, y por el accidente. No sé si tú has oído contar lo que sucedió esa noche. Hubo un accidente de tráfico muy grave en el que murió un hombre —dijo Gonzalo—. Fue la peor noche de mi vida —prosiguió, y él percibió su tono de dolor.
—¿Qué ocurrió? —preguntó él, sin poder evitarlo.
En aquel momento apareció Rodrigo con una bandeja de aperitivos de queso.
—Prueben esto —dijo. Entonces, miró a Gonzalo y a Pedro con curiosidad—. ¿De qué están hablando?
—De la noche del accidente —respondió Gonzalo, y se tomó uno de los aperitivos—. Vaya, quema.
—Deja que se enfríe —le advirtió Rodrigo.
Pero tomó uno y esperó un momento antes de probarlo. Sin embargo, no estaba pensando en la comida en aquel momento. Se dió cuenta de que Paula lo estaba observando desde el otro lado de la habitación y, aunque la última vez que Rodrigo había tratado de intimidarlo, ella le había dado su apoyo, en aquella ocasión lo estaba mirando como si no supiese quién era…
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