Pedro le había enviado un mensaje preguntándole si podía ir a visitarla, y ella le había respondido que sí. Quería verle la cara cuando respondiera a sus preguntas. Y quería verlo a él. A pesar de todo lo que había ocurrido, sabía que estaba enamorada y tenía que saber si había algún modo de arreglar la situación y volver a confiar en él. Cuando Pedro llamó a la puerta, a ella se le aceleró el pulso. Tuvo que respirar profundamente varias veces para controlar su ansiedad.
—¿Paula?
—Sí, un minuto —le dijo ella desde el otro lado de la puerta.
—Sí, no te preocupes. Tómate el tiempo que necesites.
Ese era el motivo por el que ella siempre había querido creer lo que le decía. Pedro era siempre tan calmado y comprensivo… Podría quedarse en el umbral de la puerta todo el día, esperando a que ella se tranquilizara. ¿Cómo no iba a querer a aquel hombre? Abrió la puerta y notó una ráfaga de aire frío en la cara. Pedro tenía el pelo mojado y una mirada triste. Sus ojos oscuros estaban más serios que nunca. Tuvo unas ganas incontrolables de acariciarle las mejillas y abrazarlo, pero no lo hizo. No podía estar segura de que él no se pareciera a su hermano y, en realidad, no la quisiera. Pedro había ido a Chaves Corners con un objetivo concreto y ella no estaba segura de que enamorarse formara parte de sus planes.
—Pasa, por favor. Supongo que podemos ir a hablar a la cocina…
—Gracias.
Él se quitó la chaqueta pero la llevó consigo por el estrecho pasillo. Se sentaron en la mesa y ella tomó aire.
—Sé que tienes algo que decir, pero ¿Te importaría que antes te preguntara una cosa?
—No, en absoluto.
—¿Estabas tú en mi habitación el día que desperté del coma?
—Sí.
—¿Por qué?
Él se apoyó en el respaldo de la silla.
—Había ido a hablar contigo. Cuando me enteré de que estabas en coma después de tantos años y supe que había una maldición, pensé que yo podía hacer algo por cambiarlo. Te dije que iba a romper los lazos que tenían los Chaves con Chaves Corners, pero, sobre todo, te hablé del primer verano que nos conocimos y de que tu bondad fue el motivo por el que quería que Chaves Corners recuperara la prosperidad. Tu amabilidad me había ayudado hacía muchos años y quería devolverla.
Pedro se alegró de poder contarle a Paula que había estado en su habitación el día en que despertó del coma. No había pensado en ir a verla, pero, en cierto modo, pensaba que ella era otra de las víctimas de Gonzalo. Y quería que ella supiera que iba a encargarse de su hermano en su nombre. Ahora sabía que las cosas eran muy diferentes.
—¿Y por qué no me lo dijiste antes?
Era difícil justificar su silencio. Seguramente, había callado porque estaba concentrado en su gran secreto. Porque no confiaba en Gonzalo. Porque no estaba seguro de cómo iba a avanzar con su plan y, al mismo tiempo, cerciorarse de que Paula estuviera segura. Porque, cuando se había enterado de que el hombre que la había agredido era su hermano, no había querido empeorar las cosas.
—¿Cómo iba a decírtelo? Yo tenía pensado mantener las distancias contigo, pero…
—Yo me acerqué y te dije que vinieras conmigo —dijo ella.
Él recordó la sorpresa que había sentido en aquel momento. Aún no sabía si había sido el destino, o la suerte, o qué, pero era lo que necesitaba. Era casi como si todo hubiera sucedido así por un motivo. Así que podía averiguar la verdad sobre la complicada relación entre sus familias y encontrar la forma de cerrar el pasado para ellos dos.
—Sí. Y todo lo que yo tenía planeado salió por la ventana.
—¿Cuál era tu plan, exactamente?
—Bueno, es gracioso que lo preguntes. Era más o menos la idea de convertir Chaves Corners en un lugar increíble y después, decir: «Eh, Gonzalo Chaves, no te necesitamos».
Ella cabeceó y sonrió. Era la mejor sonrisa del mundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario