—Sí. Supongo que es porque falta muy poco para Halloween. O porque querían probar algo nuevo. La banda va a hacer un tributo a My Chemical Romance.
—¿Te gustan?
—Me encantaban. En cuanto ví su nombre, empecé a canturrear Helena sin poder evitarlo. No había vuelto a pensar en ellos desde que me desperté, pero tenía la canción en la cabeza —dijo ella.
Pedro la tomó de la mano y, de camino al bar, fueron hablando de música. Sabía que tendría que enfrentarse al pasado y pensar en lo que iba a hacer a continuación, pero aquella noche era suficiente estar con Paula. Aquella noche era para los dos. No se había imaginado que iba a participar en el concurso de chili de Chaves Corners y, menos, en el puesto de los Chaves. Tenía que dejar de pensar en ellos como en «Los Chaves», así que se concentró en pensar que estaba allí con Paula y su familia.
Habían pasado algunas semanas desde la noche del bar clandestino. Vanina y Rodrigo iban a grabar un programa especial que se emitiría en la cadena en la que los dos tenían sus programas. Era una combinación de la idea de remodelación del pueblo de Vanina con el desafío culinario por excelencia de Rodrigo. Los habitantes de Chaves Conrad debían preparar su receta favorita de chili. Normalmente el programa de Rodrigo se centraba en un enfrentamiento entre su personaje profesional, la Bestia, y otro contrincante. Por otro lado, Vanina y su equipo de reformas, que incluía a Nancy, la dueña de la cafetería, se habían hecho cargo del Centro Cívico de Chaves. Paula había trabajado con el equipo de Vanina en la reforma del centro de convenciones y, después de pensarlo, Pedro y Alfonso Industries se habían unido a ellos también. El centro cívico era uno de los edificios deteriorados que había comprado. Había acudido a él para hablar de las reformas necesarias, así que, inmediatamente, él se había ofrecido a hacer una donación a través de su empresa.
A la tía Liliana no le había parecido bien que lo donara de nuevo al pueblo, pero le había gustado que colocaran una placa en un lateral del edificio en la que se les agradecía aquella donación. Y Pedro quería que hubiera más placas en la ciudad en las que no figurara el apellido Chaves. Todavía no había tenido ocasión de hablar con Gonzalo y con Rodrigo de la noche del accidente y no había sacado a relucir al hombre que había agredido a Paula. En parte, no quería saber si había sido su hermano. Cobarde. En realidad, Javier había sido la única influencia positiva que había tenido. El alcoholismo de su padre había destruido la relación que tenía con él. Nunca había podido perdonárselo. Su padre debería haberse mantenido sobrio y debería haberlo ayudado a rehacer Morales Industries. Sin embargo, él había tenido que fundar una nueva empresa a los veintiún años, Alfonso Industries, y dirigirla en un campo que había sido dictado por la crueldad y la venganza. Lo que les había proporcionado el comienzo que necesitaban eran los ahorros de su tía Liliana y lo que él pensaba que era la indemnización por despido de su padre. Su tía le había dicho que tenía cabeza para los negocios, y quizá fuera cierto. Habían ido tras empresas más pequeñas hasta que se establecían y, después, se habían centrado en oportunidades en las que Chaves International mostraba interés. Y, poco a poco, él había desarrollado las habilidades y la perspicacia necesarias para derrotar a Gonzalo cuando se trataba de ganar contratos de negocios y cortejar a los clientes. No todo el tiempo, por supuesto, pero sí con la suficiente frecuencia como para saber que, al final, sería capaz de derrotar a Gonzalo Chaves.
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