Paula se había quedado entumecida. Sinceramente, no creía que nada del pasado pudiera volver a hacerle daño, pero se había equivocado por completo. Tenía recuerdos borrosos de lo que había pasado la noche de la gala, pero al oír la versión de Gonzalo, lo había recordado todo. En aquel momento, sin embargo, le daba fuerzas el hecho de saber que estaba rodeada de su familia y protegida. Y los malos recuerdos que tenía de Javier no eran tan duros como habrían sido de no haber transcurrido tanto tiempo. Tal vez su cerebro estuviera haciendo todo lo posible por protegerla.
—¿Estás bien? —le preguntó Gonzalo.
—No lo sé.
—¿Puedo ayudarte en algo?
—No, en nada. Esto es algo que tengo que resolver por mí misma.
—Detesto todo esto. Quiero hacer algo para arreglarlo. Siento muchísimo haber tenido que sacar a relucir la noche de la gala. ¿Quieres que llame a Melisa o a tu psicóloga?
Su hermano mayor estaba tratando de protegerla y ella necesitaba hablar con alguien, pero en aquel momento lo único que quería era quedarse allí sentada y llorar. Era casi lo mismo que había sentido cuando despertó del coma…
—Creo que Pedro era el hombre que estaba conmigo cuando me desperté —dijo.
Gonzalo entrecerró los ojos y, después, asintió.
—Creo que tienes razón. ¿Qué estaba haciendo él en tu habitación?
—Una cosa más que tengo que preguntarle —respondió ella.
—Una parte de esto es culpa mía —dijo Gonzalo—. Si yo no hubiera destruido Morales Industries, Pedro no se habría vengado.
—¿Por qué dices que es culpa tuya?
—Yo fui el que destruyó Morales Industries. Cuando ellos intentaron dejarlo todo atrás, yo hundí su negocio.
Ella le apretó la muñeca a su hermano. No sabía qué decir, no podía justificar los actos de su hermano, como no podía justificar los de Pedro. Los dos habían reaccionado con ira a una catástrofe horrible. Sería fácil atribuirle toda la culpa a Javier, pero ella sabía que no todo era blanco o negro.
—Siento haber tenido un papel en todo esto —le dijo Gonzalo.
—Ya lo sé. Nunca he dudado que todo lo que has hecho por mí estos años está basado en el amor.
—Eso es cierto, pero yo no tenía que haber hecho lo que le hice a la familia de Pedro. ¿Vas a…?
—¿A qué?
—A reconciliarte con él.
—No estoy segura. Estaba empezando a sentirme como si me hubiera encontrado a mí misma. Ahora me pregunto si he pasado por alto algunas señales de que Pedro no estaba siendo sincero porque quería que él fuera alguien que no es.
—Eso lo dudo. Él no estaba intentando engañarnos intencionadamente. A todos nos cae bien. Así que, aparte de no decirnos que es el hermano de Javier, no puedo culparlo de nada. Claramente, él no tenía ni idea de que su hermano fuese capaz de hacer algo así. Yo lo entiendo.
Ella cerró los ojos. También lo entendía, pero Pedro había mentido.
—Aunque también entiendo que eso no lo arregla todo —prosiguió Gonzalo.
—No. No estoy segura de qué va a suceder entre Pedro y yo.
—Lo resolverás.
—Quizá… Ahora, Gonza, ¿Te importaría marcharte? Tengo que estar sola para poder pensar.
Gonzalo cabeceó y se puso en pie. Se inclinó para abrazarla.
—Vendré a cenar con todos los demás, si te parece bien.
—Claro. Y cuéntales lo que ha pasado.
—No. Eso debes hacerlo tú. Yo solo voy a decirles que necesitas a tu familia.
Era cierto, los necesitaba.
Después de que Gonzalo se marchara, ella se quedó sola en aquella casa. Pedro la había ayudado a renovarla y convertirla en su hogar, y lo veía en todas partes. Se le llenaron los ojos de lágrimas. No sabía qué iba a hacer, pero, en el fondo de su corazón, sabía que, a pesar de su mentira, él la había ayudado a sanarse.
No hay comentarios:
Publicar un comentario