jueves, 11 de septiembre de 2025

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 41

 —También es real para mí —dijo, desde lo más profundo de su alma.


—Bien, entonces, podemos tomarnos el resto con calma —murmuró ella—. Solo necesitaba saber que estás en la misma situación que yo. Pero no pasa nada si no es así.


—Sí, lo estoy, Paula. Pero el asunto de mi familia es complicado y mi vida tenía un rumbo antes de que nos reencontráramos.


—La mía, también.


—¿Y qué rumbo era ese?


—Pensaba que la única manera de demostrar que era independiente era hacerlo todo yo sola —dijo ella, suavemente.


—¿Y ahora ya, no?


Paula se levantó y caminó hacia él.


—Es que no tengo que hacerlo así. Sé que puedo hacerlo sola, pero es mejor contigo.


Él pensó en eso mientras ella se sentaba en su regazo. La vida era mucho mejor con ella. Sin embargo, durante mucho tiempo, siempre había puesto a su familia por delante de todo lo demás. Quería confesarlo, pero se preguntaba si solo necesitaba hacerlo para liberarse de un peso. Gonzalo y Rodrigo le habían dicho que Rory recordaba algunas cosas de la gala de invierno, la noche en que sufrió la agresión de su hermano. Si le confesaba que su hermano era Javier, ¿Empeoraría las cosas para ella? No lo sabía.  Aquella noche era una de las pocas veces que había recibido y sentido aquel tipo de consuelo y de paz de otra persona. Rory le importaba mucho y, en gran parte, solo quería tener más recuerdos felices antes de admitir que todo estaba relacionado con su peor pesadilla. Solo unos días más para disfrutar de aquella relación con la que se habían encontrado los dos. Unos momentos más de ser aceptado por quién era, no por lo que podía hacer por otra persona. Le rodeó la cintura con los brazos, porque sabía que debía seguir el ejemplo de Paula y dejar aquella conversación. La besó y comenzó a acariciarle la espalda, bajando hasta sus caderas. Cuando descubrió que no llevaba ropa interior, se volvió loco de deseo. Le acarició el trasero y ella se estremeció y comenzó a mover el cuerpo para frotarse contra su erección. A él se le escapó un gruñido. La deseaba en aquel mismo instante.


—¿Estás bien así? Me encanta que estés encima de mí y, dentro de un minuto, no voy a poder pensar en nada. Así que, si necesitas que cambiemos de postura…


Ella le mordió el lóbulo de la oreja y le susurró:


—He estado haciendo ejercicios para fortalecer las piernas, así que… Creo que estaremos bien.


Él casi no pudo contenerse cuando ella le bajó los tirantes y le desabotonó la camisa. Él se abrió el pantalón y la colocó sobre su regazo hasta que el extremo de su erección estuvo colocado en la apertura del cuerpo de Paula. Ella se apoyó en sus hombros y bajó suavemente sobre su miembro hasta que estuvieron unidos. Entonces, se miraron a los ojos y él supo que nunca iba a apartarse de ella. No le importaba lo que hubiera pasado aquella noche ni quién era su hermano. Paula era suya. No solo aquella noche, sino para siempre. Paula se movió sobre él, al principio, lentamente, mientras él le desabrochaba el sujetador y le acariciaba el pecho. Después, fue tomando velocidad y él elevó el cuerpo para recibir sus acometidas frenéticas hasta que los dos llegaron al orgasmo y ella gritó su nombre. Rory apoyó la cabeza en su hombro y él notó su respiración acelerada en la piel. La estrechó contra sí y no permitió que nada más que ella ocupara su mente en aquel momento.

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