jueves, 4 de septiembre de 2025

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 35

Él se volvió hacia Rodrigo. Le costaba identificar al tipo que era tan dulce y afectuoso con su prometida con el tipo que le había lanzado miradas fulminantes y que había intentado intimidarlo dentro de la cafetería.


—Bueno, y ¿Cómo se conocieron? —le preguntó a la pareja.


—Lo desafié en su programa de cocina —dijo Vanina.


—¿Y quién ganó?


—El chef con estrellas Michelin —dijo Rodrigo secamente.


—Pero yo también gané, porque conseguí que Rodri volviera aquí y rompiera la maldición.


Pedro no estaba tan seguro de que aquella maldición se hubiera roto. Aún había muchas cosas sin resolver con respecto a aquella familia. Y, aunque los Chaves hubieran podido ser la causa de la maldición del pueblo, él sabía que su propia familia también tenía un papel en todo aquello. Cambiaron de tema de conversación y empezaron a hablar de Chaves Corners. A Pedro le sorprendió saber que Rodrigo y Vanina estaban haciendo mucho trabajo en el pueblo. Había oído hablar de su programa de televisión y sabía que lo grababan allí, pero no sabía que ellos estaban renovando casas.


—Mi empresa también está desarrollando propiedades —dijo Pedro—. Estoy interesado en rehabilitar la zona de la antigua fábrica.


Cuando había empezado a ayudar con el centro cívico, con Paula, se había dado cuenta de que había más sitios y proyectos a los que podía dedicar sus conocimientos y experiencia. Y quería… Necesitaba hacer algo bueno en Chaves Corners. No solo por Paula, sino por su padre y su hermano.


—Nosotros, también —dijo Rodrigo—. Hasta ahora hemos utilizado parte del espacio para la grabación de nuestros programas, y yo estoy trabajando en una cocina de pruebas y enseñanza en otra parte del espacio. ¿A qué se dedica tu empresa?


—Desarrollamos áreas degradadas, pero no para su gentrificación, sino para crear entornos que sirvan a la comunidad que ya vive y trabaja allí. Sé que suena impreciso, pero, realmente, depende de lo que necesite cada ciudad. He estado investigando en Chaves Corners y creo que hacen falta espacios de oficinas compartidas para poder alentar a la gente a quedarse aquí, en vez de mudarse. 


Rodrigo terminó su chili y se reclinó en la silla con los brazos cruzados.


—Estoy de acuerdo. No tenemos por qué traerlo todo aquí, pero, con el nuevo entorno de trabajo que se ha creado, necesitamos tener una estructura ya establecida para que sea factible. Gonzalo y yo hemos estado trabajando con el ayuntamiento para aumentar la fibra y la banda ancha hasta que sean las mejores disponibles.


—Es un buen comienzo —dijo Pedro.


—Sí. La semana que viene vamos a reunirnos para repasar los detalles, y cabe la posibilidad de que necesitemos más socios locales. ¿Te gustaría unirte a nosotros? —le preguntó Rodrigo.


—Sí, sería genial.


Mientras respondía, se le aceleró el pulso. Sabía que una colaboración con los Chaves sería algo muy difícil de explicar a su junta directiva y a la tía Liliana. Llevaba mucho tiempo concentrado en arrebatarle negocios a Chaves International y, de repente, se asociaba con ellos… Bueno, tendría que dar algunas explicaciones. Sin embargo, no podía negarse a aquello. Quería conocer mejor a los hombres de la familia Chaves, no solo para responder a sus propias preguntas, sino, también, por Paula. Quería encontrar la forma de poder decirle quién era y le parecía que aquella era la única.


—Genial. Te enviaré un mensaje con los detalles —dijo Rodrigo.


Terminaron de comer y se despidieron. Mientras acompañaba a Paula a su casa, notó que estaba muy callada.


—¿Estás bien?

—Sí, ¿Y tú?


Él asintió, pero no estaba seguro. No lo estaría hasta que encontrara la forma de tener a Paula en su vida para siempre.



Era el sábado antes de Halloween y Paula estaba muy emocionada por recibir a sus amigos y familia en casa, junto a Pedro. Le había dicho que invitara también a sus amigos, pero él le respondió que, fuera del trabajo, no tenía muchos.


—¿Estás segura de esto? —le preguntó él cuando salió de su dormitorio disfrazado de Rick.


A ella le encantaban la camisa ajustada de él y su propia blusa de mangas globo. Pedro estaba muy elegante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario