Cuando volvía a casa de Paula corría un viento frío. Estaban a principios de noviembre y quedaba poco tiempo para el undécimo aniversario de la muerte de Javier, que había ocurrido un doce de diciembre. Era difícil asimilar que había pasado ya más de una década sin su hermano. La noche anterior era la primera vez que admitía que estaba viviendo la vida que le hubiese gustado vivir a Javier. Aunque, en el momento de su muerte, Javier y él no estaban muy unidos, así que realmente no sabía qué era lo que hubiese querido su hermano. Y, como había dicho Paula, ya era hora de que empezara a vivir su propia vida. Cuando entró en su calle, vió que el coche de su tía estaba estacionado frente a la entrada de su casa. Al verlo, ella salió del coche.
—Sobrino —le dijo.
—Tía Liliana. No te esperaba hoy —dijo él, mientras se acercaba y le daba un abrazo.
—Me lo imaginaba. Hace tiempo que no vas a Boston, y no me has contestado a los mensajes. Así que decidí venir en persona.
—Me alegro. Voy a abrirte mi casa y después le llevo este café a mi amiga.
—¿Qué amiga? —preguntó ella, mientras él abría la puerta con llave y le hacía un gesto para que entrara.
—Paula Chaves.
Su tía lo miró fijamente.
—Ah, entonces, ¿Sigues trabajando desde ese ángulo?
—No. No estoy haciendo nada. Me gusta esa chica, tía Lili. Además, tengo algunas preguntas sobre el papel de los Chaves en la desgracia de nuestra familia.
—De acuerdo. ¿Qué preguntas?
—Bueno, para empezar, a papá y a Javier les enviaron una carta diciéndoles que iban a cerrar la fábrica y ofreciéndoles un trabajo en Boston. Eso es diferente a lo que nos dijeron, y me pregunto si hay más cosas distintas.
Ella se cruzó de brazos.
—Entiendo. Bueno, supongo que tendremos que hablar con la familia.
—Eso es lo que estoy pensando. Deberíamos conseguir su versión y ver dónde hay discrepancias.
—¿Y vas a hacer todo eso por la chica?
—Es una mujer y estamos saliendo. Me gusta mucho, tía Lili.
Su tía lo miró durante un largo instante. Después, asintió y sonrió.
—Ya era hora de que empezaras a salir con alguien en serio. Me encantaría conocerla.
Pedro exhaló un largo suspiro. No se había dado cuenta de que estaba conteniendo la respiración, pero tenía mucho miedo a que la tía Liliana no quisiera que él saliese con Paula. Sin embargo, su tía estaba feliz. ¿Quién iba a saberlo?
—Sé que ella también quiere conocerte. La familia es muy importante para ella.
—Como para todos los demás —le recordó su tía—. Nosotros solo nos tenemos el uno al otro. Esa pobre mujer quedó en coma, y su primo, destrozado. Me parece que nuestras dos familias sufrieron un gran golpe aquella noche, a causa de las decisiones de Gonzalo.
Cuanto más conocía a Gonzalo, menos le parecía que aquello fuera cierto, pero no respondió.
—Yo no le he contado a Paula que Javier era mi hermano —dijo.
—Seguramente, es lo más inteligente por ahora —dijo su tía—. Pero ¿Qué vas a hacer? No puedes estar disimulando de por vida.
—No. Tengo pensado contárselo todo muy pronto. El miércoles tengo una reunión con Rodrigo y con Gonzalo, y voy a preguntarles lo que ocurrió la noche del baile. Ya te conté que a Paula la agredió su acompañante, y necesito averiguar si fue Javier.
Ella entrecerró los ojos.
—Tu hermano siempre fue honorable. Estoy segura de que los Chaves están equivocados.
Eso esperaba, pero no sabía si alguno de ellos era un mentiroso. Ni siquiera el viejo Chaves, que era un arrogante y había cerrado la fábrica sin previo aviso. Pero, aun así, no había mentido. El único que le había mentido en todo aquel asunto había sido su padre. Y tampoco estaba seguro de si su padre había mentido o él mismo había interpretado mal lo que le había dicho. Había muchas cosas que aclarar, pero merecía la pena si, con ello, Paula y él podían estar juntos. Dejó a su tía en casa y se dirigió a casa de Paula. Ella le había dicho que quería conocer a su familia, pero él no sabía si estaría preparada para que sucediese aquella mañana. La tía Liliana era intensa y él no se lo había advertido a ella todavía.
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