jueves, 11 de septiembre de 2025

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 44

La tía de Pedro no era en absoluto lo que Paula se había esperado. Era tan elegante y sofisticada, que ella sintió que no estaba a la altura de la tía Liliana. De hecho, aquella mujer tenía algo que le recordaba a su abuelo. Él tenía unas reglas muy estrictas sobre todo lo que tenía que ver con mantener una imagen perfecta de los Chaves, y eso hacía que le resultara más fácil entender a la tía Liliana. Quería caerle bien a la única persona de la familia de Pedro, así que, cuando él tuvo que irse a trabajar fuera del pueblo, la invitó a comer. Pedro y ella cada vez estaban más unidos, tanto, que ella los había invitado a su tía y a él a la comida de Acción de Gracias en Chaves Manor. Rodrigo llevaba varias semanas trabajando en el menú y ella estaba impaciente por saber qué había pensado su primo. Llamaron a la puerta y ella fue a abrir. Caían algunos copos de nieve y la tía Liliana llevaba un abrigo de falsa piel de leopardo y un sombrero, además de unas botas de tacón de aguja. Ella estuvo a punto de disculparse, porque se había puesto sus mejores pantalones vaqueros de color negro y una blusa sencilla.


—Hola, Liliana. Me alegro muchísimo de que hayas podido venir hoy —dijo, mientras se hacía a un lado para cederle el paso.


—Por supuesto, cariño. No hubiera perdido la oportunidad de pasar un rato contigo —respondió la tía Liliana. 


Se quitó el abrigo y se lo entregó, y ella lo colgó en el perchero. Liliana dejó el sombrero en la consola de la entrada. Muy pronto estuvieron sentadas en la mesa de la cocina, conversando, mientras tomaban una quiche deliciosa cuya receta le había dado Rodrigo, con una ensalada y unas mimosas. Si había una ocasión en la que ella necesitara alcohol para mantener viva una conversación, era ésta. 


—Pedro me contó que han estado trabajando para renovar la casa. Es pintoresca.


—Gracias —dijo Paula—. Pedro ha sido de gran ayuda. Se le da muy bien ayudar sin tomar las riendas del trabajo. Ha sido muy importante para mí, porque me ha permitido terminar los proyectos a medida que iba recuperando las fuerzas.


—Sí, siempre ha sido muy bueno en eso. Cuando su hermano murió, Pedro volvió a casa con la intención de hacerse cargo de las cosas donde las había dejado Javier.


—¿Javier? No sabía que su hermano se llamaba así.


Javier Morales era su acompañante la noche de la gala de invierno. El hombre que se había emborrachado y estaba furioso, y no se había detenido cuando ella le había dicho que no quería mantener relaciones sexuales con él. Apartó la mimosa y se quedó mirando el plato. Paula no sabía que aquel nombre iba a causarle tanta impresión, pero le temblaban las manos. Tuvo que agarrárselas en el regazo.


—¿Estás bien, querida? —le preguntó Liliana—. Pensaba que sabías que Pedro era el hermano de Javier Morales.


Paula se quedó conmocionada.


—¿Cómo es posible? Pensaba que Pedro se apellidaba Alfonso.


—Tu hermano destruyó Morales Industries después del accidente —dijo Liliana—. Compró todas las acciones y la desmanteló. Pedro no tuvo más remedio que cambiarse el apellido por el de soltera de su madre y fundar una empresa nueva. La levantó de la nada.


Al enterarse de todo aquello, a Paula se le formó un nudo en el estómago.


—Pedro me dijo que su padre bebía mucho y que eso le causó la muerte, y que él tuvo que encargarse de la empresa.


—Es cierto. Después de que tu hermano le quitara todo. Supongo que te han mantenido en la ignorancia.


¿Era eso cierto? Gonzalo podía ser muy despiadado, pero ¿Había arruinado al padre de Javier porque su hijo la había atacado? No lo sabía, y tenía que hablar con su hermano. Era más fácil pensar en enfrentarse con Gonzalo que con Pedro.

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