martes, 28 de octubre de 2025

Inevitable: Capítulo 39

 —¿Me estás preguntando si he tenido un romance con alguien el año pasado?


—Eso es.


—No creo que sea asunto tuyo, pero no.


¿Qué razones podía tener para preguntarle eso? En su vida no había habido nadie desde Julián. Nadie hasta… Hasta Pedro.


—¿No tuviste una relación con Pablo Harding?


¿Pablo Harding? Se le encogió el estómago al oír ese nombre por segunda vez. ¿Por qué pensaba Pedro que tenía algo que ver con ese hombre? Ella odiaba a Pablo Harding por lo que le había hecho a su hija. ¿Cómo iba a tener una relación con él?


—Pablo Harding me parece un ser despreciable.


El alivio que vió en la cara de Pedro era tan profundo, que de repente, Paula lo entendió todo. Pablo era la persona a la que estaba buscando. Pablo, el responsable de la detención de su hija, había sido quien le disparó.


—Es él por quien estás aquí, ¿Verdad? —¿habría pensado que ella tenía algo que ver? Paula dió un paso atrás, horrorizada—. ¿De verdad habías pensado que yo tenía algo que ver con él?


¿Y sospechándolo había intentado seducirla de todas formas? ¿O lo había hecho sólo para averiguar algo sobre Pablo? Esa idea la ponía enferma.


—Te he creído cuando has dicho que no era así —respondió Pedro—. Además, en cuanto te conocí supe que tú no podías tener nada que ver con una persona como él. Pero sé que Ignacio va a preguntártelo.


Ignacio, por supuesto. Paula pensó entonces que ésa debía de ser la razón por la que siempre la había mirado mal. Al menos, Pedro lahabía juzgado correctamente.


—¿Qué ha hecho Pablo ahora? Lo mínimo que puedes hacer es contarme eso.


—Vamos a hablar con Ignacio, Paula.


Todo aquello era irreal. Esa misma tarde había estado canturreando mientras hacía la colada, y ahora tenía al jefe de policía de Mountain Haven en el salón de su casa hablando sobre criminales. 


—¿Dónde está mi hija? —preguntó, sorprendida al ver que Sofía no estaba allí.


—Le he pedido que subiera a su habitación. Quería que hablásemos a solas un momento.


Paula sirvió el café, y se sentó en el sofá, sorprendida cuando Pedro se sentó con ella en lugar de hacerlo con Ignacio, casi como si estuviera poniéndose de su lado.


—Paula… —empezó a decir el jefe de policía—. Lo primero, quiero disculparme por involucrarte en este asunto. Ha sido idea mía, no de Pedro. Pero no quería preocuparte.


Ella no sabía si creerlo o no. Aunque por primera vez, parecía sincero.


—Están buscando a Pablo Harding.


—Así es —asintió Pedro—. Tu casa era el mejor sitio para vigilarlo porque está cerca de su granja. Y tu conexión con él también nos ha ayudado.


—¿Qué conexión?


—A través de Sofía —dijo Ignacio.


Paula se volvió hacia Pedro.


—De modo que lo sabías…


—Sí, lo sabía. Pero la verdad es que Sofía me lo había contado antes de irse al colegio. La pobre estaba muy preocupada por haberte dado tal disgusto.


Paula apretó los labios. En su opinión, Pablo Harding debería estar en la cárcel. Por lo visto, se dedicaba a vender lo que llamaban drogas blandas, pero ella sabía el daño que ese tipo de drogas podían hacerle a un adolescente. Sofía no había querido testificar contra él cuando la detuvieron, aunque Ignacio Simms le advirtió que si no lo hacía, no podrían detener a Harding. Pero su hija tenía miedo, y ella no había querido presionarla. Y allí estaba otra vez ese hombre, arruinándole la vida.


—Me alegra saber que no ha habido nada entre ustedes —dijo Ignacio.


—¿Y por qué sospechabas que podía haber habido algo?


—Porque no quisiste presentar cargos contra él cuando Sofía fue detenida. Parecía que estabas protegiéndolo. 

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