martes, 14 de octubre de 2025

Inevitable: Capítulo 24

 —No, con la llave que dejas escondida bajo el felpudo. No deberías dejarla en un sitio tan evidente —contestó él.


Pedro no estaba sonriendo, pero tampoco se mostraba brusco como otras veces. Y no parecía molesto por el asunto de la llave, era otra cosa. Paula cerró la puerta, olvidando que había dejado las bolsas en el porche.


—¿Qué ocurre?


—Ha llamado Sofía.


El corazón de Paula se detuvo durante una décima de segundo.


—¿Qué ha pasado? —logró decir, con voz estrangulada.


—Ha habido un asesinato en el campus de Edmonton.


Ella sintió que le fallaban las piernas, y estaba a punto de caerse cuando Pedro la sujetó.


—¡Paula!


Sofía, Sofía, Sofía. Su hija…


—Paula, tranquilízate —la voz de Pedro parecía llegar desde muy lejos—. Tranquila, no le ha pasado nada. Está bien. Sofía está bien. Paula, piensa, si no estuviera bien no habría podido llamar por teléfono.


Ella abrió los ojos por fin.


—Lo siento —se disculpó, temblando.


—Perdóname tú, no quería asustarte. Lo primero que debería haberte dicho es que estaba bien.


—No suelo desmayarme…


—Ha sido culpa mía, soy un bobo.


Paula cerró los ojos, aliviada al verlo sonreír.


—Creí que estabas enfadado conmigo.


—No, contigo no. Quizá enfadado con el mundo en general. ¿Estás bien?


—Sí, creo que sí.


—Quería decir que Sofía había llamado para que no te enterases por las noticias, pero no me has dado oportunidad.


—No sé qué me ha pasado. Es que la idea de que le ocurra algo a Sofía… 


—Lo entiendo —la interrumpió él, acariciando su pelo—. Sé que tienes miedo de que le pase algo.


Paula lo miró a los ojos. Le había tendido una rama de olivo y dependía de ella aceptarla o no. Pero no quería hablar del pasado. Nadie quería oír hablar de esas cosas.


—Mi historia es muy deprimente. Además, no es nada original.


—Eso me suena…


Pedro la soltó, pero se sentía más conectada que nunca con él, incluso más que cuando estaba entre sus brazos.


—Me lo pensaré. Por el momento, voy a llamar a Sofía.


—Es una buena chica. Sabe lo preocupada que estás y no quiere hacerte sufrir. De no ser así, no te habría llamado.


Los ojos de Paula se llenaron de lágrimas. ¿Por qué aquel hombre parecía saber exactamente lo que necesitaba oír? Era increíble.


—Gracias, Pepe. Eso significa mucho para mí.


—De nada.


Paula se dió la vuelta para que no viera el anhelo en sus ojos. Sofía era un tema tan delicado para ella, que lo mejor sería marcharse antes de que se pusiera a llorar como una cría. Pedro no tenía ni idea de lo tentadora que resultaba la posibilidad de aceptar su oferta y hablar con él. 

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