jueves, 23 de octubre de 2025

Inevitable: Capítulo 34

Él deseaba contarle la verdad, pero no podía hacerlo. Aún no.


—No puedo decirte nada más, Paula.


—No, claro. Se supone que debo aceptar lo que tú me cuentes y callarme como una buena chica, ¿No? Pues lo siento, pero no puedo hacer eso.


—¿Crees que yo no quería contártelo? —exclamó él, frustrado—. Cada vez que te miraba a los ojos me sentía como un canalla. No me gusta mentir, ni a tí ni a nadie, pero estamos hablando de un asunto importante.


—¿Y cómo iba yo a saber eso si has estado mintiéndome desde que llegaste?


Pedro sabía que no debía involucrarla. Si Harding descubría quién era y dónde se alojaba, podrían perder la oportunidad de detenerlo. O peor. No, era necesario guardar el secreto.


—Lo sé, pero me he visto obligado a hacerlo. Tengo razones para no contarte la verdad.


—Me dan igual esas razones —replicó ella, intentando apartarse.


—No, por favor. Siéntate, vamos a hablar.


¿Por qué le importaba tanto? Ahora Paula sabía quién era. Debería soltarla y seguir haciendo su trabajo, pero no podía hacerlo. No podía dejar que pensara que lo que había entre ellos era una mentira. Porque era quizá, la emoción más real que había experimentado en mucho tiempo. Paula le importaba. Le importaba su vida, sus miedos, sus heridas… Quería protegerla. Quería… Quería amarla.


—No todo era mentira —empezó a decir.


Pauña lo miraba como si fuera un villano y lo más horrible era que él se sentía como un villano. Todo porque no había podido ser sincero con ella, y porque seguía sin poder serlo. No sólo sobre el caso, aunque Ignacio había sido muy específico en cuanto a no involucrar a ella en nada hasta que estuvieran seguros, sino sobre sus sentimientos. Decirle cuánto le importaba sólo crearía más problemas.


—No intentes justificarte ahora porque te he pillado.


—No iba a hacerlo.


Paula le había preguntado antes si la consideraba una amenaza, y Pedro había contestado con cierta ironía. Pero la respuesta que se le había ocurrido era «Más de lo que crees». Y era cierto en muchos sentidos. Aún recordaba lo que Ignacio le había contado en el café. El instinto le decía que podía confiar en ella, pero ¿Y si estaba equivocado? Después de lo que había pasado en casa de aquel delincuente ya no estaba seguro de poder confiar en su instinto. ¿Y si las sospechas de Ignacio eran ciertas? No podía dejarse llevar por sus sentimientos. Era un riesgo demasiado grande. Pero tenía que decidir hasta dónde podía contarle. Lo suficiente como para tranquilizarla y no tanto como para comprometer su misión. Y debía convencerla para que lo dejase quedarse allí, eso era lo más importante. De modo que intentó apartar de sí el deseo de abrazarla y besarla, hasta borrar de su rostro esa expresión de rabia. No era tan tonto como para creer que sólo estaba enfadada. También estaba dolida y tenía derecho a estarlo. Menudo lío…


—Te lo pido por favor… —le suplicó, soltando su brazo—. Dame una oportunidad de explicártelo.


—Muy bien, explícamelo.


—Sabes que Ignacio y yo nos conocimos en una conferencia en Toronto hace unos años. Cuando apareció este caso, lo más natural era que trabajase con él. Todo se preparó sin que yo pudiera decir nada.


—Entonces, estás trabajando con Ignacio.


Paula se cruzó de brazos.


—Sí, él es mi enlace. Y es verdad, yo estaba de baja cuando me llamaron para encargarme esta misión. Entonces me pareció una tapadera estupenda. Es un pueblo muy pequeño, y sería fácil fingir que estaba aquí de vacaciones. Pero entonces te conocí a tí, y… Te aseguro que no me gustó nada tener que mentirte.


—Sí, claro… —murmuró Paula, irónica.


No iba a ponérselo fácil, eso era evidente. Tenía todas las razones del mundo para estar enfadada con él, pero…


—Sigo sin entender cómo un policía estadounidense se encarga de un caso aquí, en Canadá. ¿No hay un problema de jurisdicción?


Aquélla era la parte que Pedro podría explicar fácilmente.


—Existe un tratado entre las autoridades estadounidenses y las canadienses.


—Y cuando te viste con Ignacio no era para recordar viejos tiempos. 

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