martes, 17 de marzo de 2026

Retrato: Epílogo

 Tres años después



Durante dos años, Pedro pasó bastante tiempo en hospitales. Con inmenso coraje, Paula se había enfrentado a sus demonios y los había vencido, sometiéndose a la operación que los médicos recomendaban. Sin embargo, ella se había negado a renunciar a los clientes que ya tenía apalabrados. Además, el nuevo negocio de Pedro requería toda su atención, porque los yates de lujo no se diseñaban, construían y alquilaban solos. La primera operación se produjo doce meses después de que aceptara casarse con él, dos semanas después la sencilla boda. Antes, durante y después de esa operación, y las siguientes, él había permanecido a su lado. Estaba junto a ella cuando se dormía, y cuando despertaba. No había sido fácil, pero cada momento del tormento vivido juntos había merecido la pena porque, aunque el dolor no había desaparecido completamente, Paula ya no sufría atrozmente cada cuatro semanas. Sonreía y funcionaba, y la felicidad que eso le producía a Pedro era inmensa. El ala del hospital privado de Atenas no le era familiar, aunque las desgarradoras emociones sí. Terror, impaciencia, esperanza. ¿Qué pasaba ahí dentro?, se preguntó mientras consultaba el reloj. ¿Por qué tardaban tanto?


—¿Señor Alfonso?


—¿Sí? —Pedro giró en redondo, casi chocando con el médico.


—Ya puede pasar.


No necesitó que se lo repitieran. Abrió de un empujón la puerta de la habitación de Paula y la encontró tumbada en la cama, exhausta, más encantadora que nunca.


—¿Estás bien? —preguntó Pedro, el corazón dándole un vuelco.


Los ojos de Paula brillaban, su sonrisa era amplia. La mirada de Pedro se posó en el bulto que sujetaba en los brazos y se le hizo un nudo en la garganta.



—Acércate a conocer a nuestra preciosa niña.








FIN

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