Descubrir que estaba solo en la cama no mejoró su estado de ánimo. ¿Dónde estaba ella? ¿La había vuelto a ahuyentar con la melancolía en la que había caído por la tarde? ¿Se había hartado de sus gruñidos monosilábicos y había regresado a su casa en mitad de la noche? Algo desagradable se deslizó por su estómago… Hasta que ella salió del baño envuelta en una toalla y una nube de vapor perfumado de rosas.
—Buenos días —saludó él, con voz somnolienta, aunque parte de su anatomía despertó rápidamente.
—Buenos días —respondió ella distraídamente mientras recogía su ropa.
Dejó caer la toalla, elevando las esperanzas de Pedro, pero luego empezó a vestirse. Quizás el turismo ya no fuera una opción, pero él no había puesto fin a nada más.
—¿Qué haces?
—Vestirme.
—Ya lo veo —Leo frunció el ceño—. ¿Por qué?
—Porque mi taxi llegará en cualquier momento.
Pedro se incorporó como un rayo, con el pulso acelerado y la mente a mil por hora. ¿Se iba?
—¿Adónde vas?
—Pensé en visitar las Tres Campanas de Fira —Paula se colocó las gafas de sol—. Luego ya veré qué me apetece hacer.
—¿Qué? —Pedro sacudió la cabeza para despejarse.
—Voy a hacer turismo —contestó ella—. Te dije que quería ver más de la isla.
—¿Tú sola?
—Sí.
—Iré contigo —Leo apartó la sábana y se giró para levantarse.
—No hace falta —contestó Paula, alarmada—. No estamos soldados.
Pedro no estaba dispuesto a permitirle vagar sola por ahí. ¿Y si le pasaba algo? Era su invitada, su responsabilidad.
—No hablas griego —fue la excusa que se le ocurrió mientras ella se calzaba unos zapatos planos.
—Tengo una aplicación. Me las arreglaré.
—No sabes adónde vas. Te podrían timar.
—Me arriesgaré.
—Me gustaría acompañarte.
—Y a mí tener un poco de espacio —ella dejó caer su teléfono en el bolso y lo miró fríamente—. Luego nos vemos.
El taxi dejó a Paula en la famosa iglesia conocida por su cúpula azul, espectaculares vistas y las tres campanas. Pasó una hora explorándola, y luego las calles de los alrededores. Sin embargo, por agradable e interesante que resultara la experiencia, no le dio el respiro que buscaba. Había previsto pasar un rato a solas, aclarar sus pensamientos y librarse del anhelo de saber más sobre Pedro. No había previsto echarlo de menos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario