martes, 10 de marzo de 2026

Retrato: Capítulo 55

Con el corazón acelerado, Pedro lo abrió. El enlace lo llevó a una página que, supuestamente, pertenecía a una publicación con inclinación hacia los cotilleos de famosos. El tema de la página era él. O más concretamente, Paula y él. A pesar de la cálida noche, se le heló la sangre mientras leía el artículo. Las fotos que lo acompañaban, de gran nitidez, mostraban a ambos en el yate, practicando snorkel, saltando al mar, en la cubierta. También había fotos de las empinadas escaleras, las termas y la taberna. 


Cinco minutos después, durante los que había encontrado una docena de páginas similares con las mismas fotos y los mismos titulares con signos de exclamación, la vista se le nublaba y le costaba respirar. ¿Cómo había sucedido?, se preguntó mientras las náuseas se apoderaban de su estómago. ¿Cómo no se había dado cuenta de la presencia de las cámaras? Todo el mundo parecía querer saber quién era ella. ¿Había encontrado por fin el amor el soltero más codiciado y escurridizo de Europa? Si alguien tenía información sobre la misteriosa mujer del pelo de colores y múltiples piercings, que hiciera clic «aquí». Las especulaciones eran odiosas. La invasión de su intimidad, ferozmente protegida, y de la de ella, lo enfurecía. Eran pasto de habladurías, el pasado picante de su madre también había salido a relucir, todo lo que había intentado evitar. Pero esa vez, él era el culpable. Se había acostumbrado al llamativo aspecto de Paula y había perdido el sentido de la perspectiva. Había sido imprudentemente descuidado. No había considerado que tenía una imagen de fuerza, control y nula vulnerabilidad que mantener, y un negocio y una familia que proteger. ¿Cómo había podido ser tan débil? Paula no era responsabilidad suya, pero eso no le había detenido. Había disfrutado demostrándole que el sexo podía ser bueno para ella. La primera vez en la isla, cuando ella había reído con abandono y alegría, se había sentido dueño del mundo. Desde entonces, se había comportado impulsivamente, pidiéndole que se quedara, poniendo a Federico al frente de la empresa y jugando a ser pareja mientras hacían turismo. Cuando hablaban, él a menudo sin filtro alguno, escuchaba atentamente lo que ella decía. Sus observaciones le habían hecho cuestionarse cosas que siempre había aceptado como ciertas. Ella había desarrollado una influencia sin precedentes sobre él, y él ni siquiera se había dado cuenta.


En cuanto a la razón por la que había decidido jugar a ser enfermero, estaba completamente perdido. Era otro ejemplo de una decisión espontánea y desacertada. No tenía ninguna obligación de ayudar. Como ella le había dicho, estaba acostumbrada a arreglárselas sola. No tenía por qué desear quitarle el dolor absorbiéndolo él. Como Paula gestionara su salud no era de su incumbencia, y el embriagador placer que había sentido cuando ella le había pedido que le preparara un baño y le frotara la espalda, reflejo de una confianza que él había deseado, era tan injustificado como inoportuno. Poco a poco, día a día, había caído bajo su hechizo, comprendió con un sudor frío bañándole la piel. En algún momento, el piercing de la nariz, los pendientes y el pelo habían dejado de molestarle. Ya no podía, ni quería, imaginarla de otro modo. Era perfecta, tal como era. Su teléfono volvió a sonar y él lo tomó con las manos temblorosas, insoportablemente tenso.


Federico: Menos mal que pude salvar la fusión, ¿Eh?


¿Qué fusión? ¡Esa fusión! Para la que había volado a Nueva York. La que añadiría miles de millones a la cuenta de resultados de la empresa, pero en la que no había pensado en días. ¿Qué demonios había ido mal? ¿Y cuándo fue la última vez que pensó en la empresa? Tenía los pulmones tan contraídos que respirar le resultaba difícil. ¿Cuándo había dejado de preocuparle cómo le iba a Federico al timón? ¿Cómo había podido abandonar tan fácilmente sus principios, los valores con los que había vivido su vida desde hacía más de una década? Estaba completamente fuera de control. Tenía que parar, todo, antes de volverse esclavo de Paula. Antes de convertirse en alguien que no quería ser, dominado por las emociones y el egoísmo, esclavo de la pasión y la volatilidad. Tenía que recuperar lo que quedara de la vida que conocía, antes de que se destruyera para siempre. Ella se había recuperado. Las vacaciones habían terminado. Ellos habían terminado.

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