jueves, 14 de agosto de 2025

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 13

Javier era muy impulsivo y la pérdida de la fábrica lo habría  alterado, seguramente. ¿Su hermano, intentando defender a la familia? ¿O acaso se había dejado llevar por la ira y había cometido una imprudencia? Temía que nunca fueran a saber la verdad. Seguramente, había muerto con su hermano en el accidente. Abrió la puerta del aseo, dejó las botas cerca de la entrada y colgó la chaqueta en un perchero antes de dirigirse a la cocina. Allí, Paula estaba cantando Helena, de My Chemical Romance. Pedro movió la cabeza y empezó a cantar con ella. Ya había decidido que no iba a hacer nada que pudiera perjudicarla. No podía alejarse de ella y no iba a fingir lo contrario. Paula abrió los ojos como platos.


—¿Conocías esta canción?


—Me encanta el grupo —dijo él. 


Le tendió la mano y la tomó entre sus brazos. Ella se apoyó en él durante un segundo y lo miró. Cuando sus ojos se encontraron, toda su masculinidad se disparó. No había ninguna parte de ella que no deseara. Tenía la nariz respingona y las mejillas rosadas, y una boca dulce en la que había pensado durante horas y horas. Empezó a inclinarse hacia delante y ella se puso de puntillas y cerró los ojos. Él notó la caricia de su respiración contra los labios justo cuando se tocaban. De repente, sonó el temporizador del horno y ella dió un respingo y se tambaleó. Él la sujetó y ella mencionó algo sobre la tarta. Se acercó lentamente al horno y lo abrió. El olor de la tarta recién hecha llenó toda la cocina.


—Hecha —dijo Paula.


—Tiene muy buena pinta —dijo él. 


Fue lo único que se le ocurrió, porque su mente estaba concentrada en cómo habría sido poder ponerle las manos en la cintura y presionar su cuerpo contra el de ella. Aquel no era el mejor momento para tener aquellos pensamientos carnales. Ella permaneció en silencio mientras ponía la tarta en un plato. Estaba cohibida, y él sabía que debería decir algo para que se sintiera mejor, pero ¿Qué? Reprimió su lujuria y se giró hacia la ventana. Estaba lloviendo. 


—Hace mucho tiempo que no salgo cuando llueve —dijo ella en voz baja—. Recuerdo que antes me cantaba pasear bajo la lluvia.


Oír aquellas palabras fue algo que calmó la bestia que había en él. Antes. Para recuperarse de lo que le había ocurrido, aquella mujer necesitaba más fuerzas de las que él podía llegar a entender.


—¿Te gustaría dar un paseo conmigo ahora?


Paula se maldijo por no haberse quedado entre los brazos de Pedro. Casi había conseguido aquel beso que tanto anhelaba. Sin embargo, cuando había sonado el temporizador del horno, se había puesto nerviosa y había empezado a tener dudas. Se preguntó si él no se sentía atraído por ella, no tanto como para seguir su ritmo. Sabía que aquellos sentimientos no siempre eran mutuos. Sin embargo, después de ver cómo la miraba antes de que ella se alejase, estaba bastante segura de que la atracción sí era mutua.


—¿Paula?


—¿Umm? —murmuró ella, sin poder apartar los ojos de su boca.


—¿Tienes un buen calzado para la lluvia?


Ella se obligó a desviar la mirada y respondió:


—Sí, pero… Um… Bueno es que a Gonzalo le da miedo que me caiga porque el suelo está resbaladizo, y Juan, mi fisioterapeuta, también me dijo que debía tener cuidado.


—Pero… ¿Qué tiene que ver eso con el calzado? Sé que tienes que tomarte las cosas con calma, pero hemos podido subir y bajar por ese terraplén. ¿Confías en mí?


Sí, confiaba en él. Quería creer que él iba a ayudarla a ser la mujer que quería ser.


—Sí, tengo calzado, pero a veces me siento más segura descalza.


—Vamos al jardín. Allí podemos quedarnos bajo la lluvia, si quieres.


—¿Y pasear?


—Sí, pero no demasiado lejos. Si te pasara algo, tu hermano me mataría.


Ella se echó a reír.


—¿Le tienes miedo? 

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