jueves, 14 de agosto de 2025

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 15

Aunque la lluvia era suave, hacía un poco de frío. En otras circunstancias, Pedro habría entrado rápidamente en casa para no mojarse, pero estaba disfrutando de aquel lento paseo con Paula. No quería que acabara. Y ella también estaba disfrutando. Caminaba con ligereza, casi como si se deslizara. Echaba la cabeza hacia atrás con frecuencia, y él tuvo la impresión de que había echado mucho de menos aquello. Estaba luchando por olvidar que habían estado a punto de besarse y mantener la distancia con ella. No porque no quisiera besarla, sino porque ella se había apartado de él en aquel momento para sacar la tarta del horno. Eso podía haber esperado, pero Paula había decidido alejarse, y él iba a respetarlo.


—Bueno, y ¿Cómo es que has elegido este sitio para vivir? No es precisamente donde yo me imaginaría viviendo a un Chaves de Chaves Corners.


—Quería vivir en un sitio donde pudiera conocerme y averiguar quién soy en realidad —dijo ella—. Quería hacerlo por mí misma, así que hablé con mi asesor financiero y él encontró esta casa.


—¿Tu asesor financiero es Gonzalo?


—No. Mi herencia proviene de mi parte materna, así que Gonzalo la vigiló mientras yo estaba en coma, pero no la unió a la suya.


—¿Por qué?


—Porque sabía que yo iba a despertar —respondió ella—. Por lo menos, eso es lo que me dijo.


Él creía que Gonzalo quería a su hermana, pero siempre había pensado que el sentimiento de culpabilidad guiaba sus actos. En aquellos momentos, estaba empezando a darse cuenta de que quizá no todo fuera blanco o negro.


—¿Y eres feliz aquí?


—Sí. Mi familia quería que estuviera cerca de ellos y yo accedí siempre y cuando me dieran espacio. Tengo una casa en el norte de California, pero hace mucho que no voy. Incluso antes del accidente.


—A mí me gusta este sitio —dijo él.


—A mí, también. ¿Por qué nos detenemos? —preguntó Paula, cuando él se paró un segundo para mirar los arbustos y las flores.


—Creo que no debemos ir más allá. Es hora de volver a la casa.


—¿Podemos quedarnos aquí un minuto?


—Por supuesto.


Paula se movió para situarse frente a él y sus ojos se encontraron. Entonces, él le quitó una gota de agua de la nariz y notó que ella se estremecía. La deseaba con todas las moléculas de su cuerpo. Tenía que probar el sabor de su lengua para entenderla aún más. Se giró para no ceder a la tentación y se resbaló en la hierba. Entonces fue ella quien lo sujetó, rodeándolo con los dos brazos para que no perdiera el equilibrio. Paula echó la cabeza hacia atrás y se rió con ganas. Su carcajada fluyó dentro de Pedro cuando la besó. Ella abrió la boca y él notó el roce tímido de su lengua. Le rodeó la cintura con un brazo y la estrechó contra sí. La deseaba con toda su alma, pero sabía que hacía diez años que ella no besaba a nadie, así que la conciencia le exigió que permitiera que fuese ella quien estableciera el ritmo. Le acarició la cara con delicadeza, pero ella succionó su lengua y se movió frotando su cuerpo. Él notó la dureza de sus pezones en el pecho y se deleitó al notar que Paula movía las caderas contra su erección mientras se aferraba a él con fuerza. Él le acarició la lengua y saboreó su dulzura. Le pareció que la pasión que estaba naciendo entre ellos era mágica mientras la abrazaba bajo la lluvia y se deleitaba con aquel primer beso.


Besar a Pedro era mejor que pasear bajo la lluvia. Sabía a café y a menta. Sus lenguas se acariciaban mientras él la abrazaba con delicadeza e inundaba de sensaciones su cuerpo. No recordaba haber tenido nunca un amante, pero había muchas cosas ocurridas antes del accidente y del coma que no recordaba. 

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