martes, 19 de agosto de 2025

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 20

 —De acuerdo, voy a ver qué averiguo —dijo la tía Liliana—. ¿Vas a quedarte a cenar?


—En realidad, me encantaría invitarte a cenar fuera —dijo él.


Ella sonrió.


—Buen chico. ¿Vamos al Club a las siete?


—Perfecto. Yo vuelvo a la oficina hasta entonces. Si averiguas algo más sobre aquella noche, avísame.


—Por supuesto, aunque no estoy segura de qué más podemos necesitar —respondió ella, encogiéndose de hombros—. Sabemos que hubo una pelea en la casona de los Chaves y que todos los primos se metieron a un coche que chocó con el de tu hermano. Tu hermano murió y ellos quedaron heridos. Salvo Gonzalo, que arruinó a tu padre y nos dejó sin nada.


Aquel resumen de su tía no era desacertado, y él tenía que encajar todas las piezas de lo que había ocurrido aquella noche.




Paula había decidido no preocuparse por haber besado a Pedro, pero dos días después, estaba en la cama, acostada, haciendo eso exactamente. En el momento del beso, le había parecido algo natural y pensaba que lo estaba haciendo bien, pero él no la había llamado ni enviado ningún mensaje desde entonces. Por supuesto, ella sabía que podía escribirle. Vanina y Melisa querían saber más cosas sobre él, pero ella no había sabido qué decirles. ¿Habría sido ella del tipo de mujeres que hablaban de sus sentimientos antes del coma? ¿Quién podía saberlo? Claramente, en aquel momento, no… Pero quería hablar con Pedro. Iba a enviarle un mensaje. Vanina le había dicho que iban a celebrar la noche gótica en el bar del pueblo la semana siguiente. Parecía algo divertido y nunca había hecho algo similar, así que iba a ir. Cuando se lo propuso a Pedro, él aceptó enseguida y, además, le dijo que iría al día siguiente a su casa para ayudarla a seguir renovando los armarios de la cocina. Después, la llamó por vídeo. Ella respondió a la llamada y sonrió al ver a Pedro sentado en un sofá con una camiseta descolorida, unos vaqueros y barba incipiente. Estaba mucho más guapo de lo que esperaba. 


—Espero que no te importe —le dijo él—. Quería verte. Siento no haberme puesto en contacto contigo estos días, he estado fuera por trabajo.


—No pasa nada. Sé que tienes una vida. ¿A qué te dedicas?


—Dirijo un conglomerado global.


—Ah, galimatías empresarial.


—Ja, ja. Solo significa que dirijo una empresa que es propietaria de otras muchas empresas pequeñas. Y lo de global significa que tenemos compañías por todo el mundo. Bueno, ¿y tú? ¿Estás trabajando?


Ella hizo un gesto negativo.


—Mi intención es conseguir un trabajo, pero, por el momento, no puedo estar de pie durante largos periodos. Bueno, y, además, estoy arreglando la casa. Vanina me ofreció que su equipo de grabación filmara el trabajo, pero no estoy lista para eso. Estoy concentrada en recuperarme por completo. Tampoco sé exactamente qué tipo de trabajo se me daría bien.


—A mí me parece que se te daría muy bien trabajar con la gente — dijo él.


—Es una idea —dijo ella—. Lo añadiré a mi lista.


—Hablando de esa lista, ¿Qué es lo siguiente que quieres hacer?


—Conducir.


—¿Tienes el permiso de aprendizaje?


—Sí. Hice el test escrito hace unos meses. Pero Gonzalo no conduce después del accidente y Rodrigo… Me dijo que no tiene paciencia para enseñar a nadie.


—Bueno, pues yo, sí. Mañana te daré tu primera clase —le dijo él—. Y, ahora, deberíamos colgar. Buenas noches, Paula.


—Buenas noches, Pedro —respondió ella.



A la mañana siguiente, mientras se preparaba para la clase de conducir, Paula trató de despejar las dudas que tenía sobre Pedro. Se miró al espejo mientras se hacía una trenza y pensó que quería algo más que los besos que se habían dado, por muy excitantes que fueran. Sin embargo, no sabía cómo decírselo. Las películas y los libros no la estaban ayudando mucho. Sería maravilloso que hubiera artículos sobre lo que había que hacer cuando una entraba en coma a los dieciocho años y se despertaba siendo una mujer adulta, con consejos sobre la seducción e información sobre lo que les gustaba a los hombres diez años después. 


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