jueves, 7 de agosto de 2025

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 6

A ellos les interesaba comprar la vieja fábrica que iba a dirigir Javier antes de que muriera, para implantar allí su propia actividad. Sin embargo, los dos sabían que tenían que ser cuidadosos a la hora de abordar aquel trato. Por ese motivo, él había ido al pueblo para descubrir cómo podía adquirir alguna influencia sobre Gonzalo Chaves. Su tía le envió otro mensaje de texto. "Llámame cuando salgas de Chaves Corners". "Puede que tarde un rato, respondió él. Voy a echar un vistazo por el pueblo a ver si encuentro alguna posibilidad de inversión. ¿Lo de la chica no va a funcionar? Todavía no estoy seguro". Su tía Lili se despidió y terminó con la conversación. Él se metió el teléfono al bolsillo. Se quedó allí sentado, en el coche, observando el pueblo. Era más alegre de lo que él recordaba de su infancia, y eso le recordó todo lo que había perdido. Por supuesto, Paula no era la culpable de lo ocurrido, pero era parte de su familia. Y, según su padre, ella había coqueteado con su hermano y, después, lo había acusado de malinterpretarla y lo había echado de la fiesta después de que su primo Rodrigo le hubiera dado un puñetazo. Pedro movió la cabeza. Cuando la había visto, había vuelto a aquel tiempo en que Paula era una niña. Tenía que acordarse de eso.


Ella se acercó caminando a la cafetería, con el bastón, y él salió del coche. Se quedó sin respiración al ver su pelo largo, rubio, agitado por el viento, volando alrededor de su cara y sus hombros. Ella inclinó la cara hacia la brisa y sonrió. Él recordó el contacto con sus curvas suaves y su aroma a flores. La deseaba. Era la hermana de su enemigo, sí, pero también era la chica de la que siempre había estado enamorado. Exhaló un suspiro de frustración y se pasó la mano por el pelo. Sabía que lo más inteligente que podía hacer era marcharse y decirle a su tía Lili que encontrara otra manera de vengarse de Gonzalo. Sin embargo, Paula lo vió y alzó una mano para saludarlo. Era demasiado tarde para recurrir a otro plan. Cerró el coche y se dirigió, atravesando el parque, hacia ella.  De nuevo, sintió ganas de ayudarla. Sabía que tenía que sincerarse y decirle su apellido. No quería engañarla como su familia había engañado a su hermano. Necesitaba saber que, cuando su tía Lili y él estuvieran, por fin, en una posición de poder con respecto a la familia Chaves, podían estar satisfechos de haberlo conseguido de una manera limpia y franca. Eso significaba que no podían ser mentirosos, como había sido Alfredo Chaves con ellos. Y, aunque sospechaba que antes se había dejado llevar por la lujuria y la nostalgia, ya no podía permitírselo más. Había llegado el momento de recordar quién era el responsable de toda la destrucción que se había desencadenado la noche del baile. Pedro sonrió mientras se acercaba a ella.


—Si hubiera sabido que venías caminando, te habría acompañado.


—Bueno, no te preocupes. Todavía no conduzco —dijo ella, sin especificar el motivo. Todavía le aterrorizaba subirse a un coche, pero no quería decírselo.


—¿No?


—Ya sabes que llevaba mucho tiempo en coma.


—Ah, sí. Creo que lo había olvidado —respondió él, con una mirada de timidez—. ¿Prefieres dentro o fuera?


—Prefiero aquí fuera, si no te importa…


—No, claro que no. ¿Te parece bien elegir una mesa mientras yo voy dentro a pedir las bebidas? —sugirió él.


Ella le pidió un café con hielo y, después, se dirigió hacia una mesa apartada, a la sombra. Mientras se sentaba, sonó su teléfono. Era un mensaje que había llegado al grupo que tenía con Vanina y Melisa. Vanina tenía buena vista de la terraza del café desde su librería.


-Vanina: ¿Quién es ese tipo tan guapo?


-Paula: Se llama Pedro. Es mi nuevo vecino.


-Melisa: Tengo un paciente dentro de cinco minutos. Pero quiero todos los detalles. ¿Nos tomamos una copa en la tienda de Vanina esta noche?


Paula envió el emoticono del pulgar hacia arriba y guardó el teléfono. No recordaba a ninguna buena amiga de antes del accidente, pero Vanina y Melisa le habían dado la bienvenida como si fuera su hermana. Cuantas más cosas recordaba, más se daba cuenta de que no tenía amigas en Chaves Corners. De que su abuelo los había tenido a Gonzalo, a Rodrigo y a él apartados de la gente del pueblo.

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