martes, 5 de agosto de 2025

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 4

No, en realidad, era la clave para que él pudiera dejar atrás un pasado lleno de ira y de deseos de venganza. Sabía que lo que necesitaba su familia era la venganza, pero él siempre había sido el hermano más blando, el más parecido a su madre. El hecho de perder a su hermano y ver cómo su padre se hundía lentamente en el alcoholismo le había hecho cambiar. O le había obligado a dejar de ser el hijo que, a ojos de su padre, nunca había estado a la altura. No era como su hermano y su padre. Se había cambiado legalmente el apellido después de que Gonzalo los arruinara y había elegido Alfonso. No podía utilizar a otra persona para conseguir lo que quería. Ahora estaba seguro de ello.


—¿Estás bien? —le preguntó a Paula en voz baja.


—No, pero me encuentro mejor. Gracias —susurró ella—. No sé si sabías que te había contratado para esto, pero me da la sensación de que va a haber más momentos así.


—No pasa nada —dijo él—. Pero tengo que decirte que yo no soy la persona a la que has contratado.


Ella abrió mucho los ojos.


—¿No?


—No. Pero creo que podemos ayudarnos el uno al otro, y ese es el motivo por el que yo he venido hoy —dijo él.


—Bueno, la persona a la que contraté es un desconocido. Pensé que sería más fácil que con alguien que me conociera y conociera toda la historia de mi familia.


—Lo entiendo —dijo él.


Tenía remordimientos de conciencia, pero decidió que no iba a contarle que se conocían desde jóvenes ni que su hermano había estado involucrado en el accidente de tráfico por el que ella había quedado en coma. Si lo hacía, ella se alejaría de él. ¿Y haría bien? No tenía ni idea.


—La mudanza está a punto de terminar y se supone que yo tengo que intentar salir más de casa —dijo ella, titubeando, nerviosa de repente—. ¿Por qué no vamos a Java y tomamos un café y charlamos? Pero… Si tú no eres el hombre al que contraté, ¿Por qué estás aquí? 


—Voy a vivir en la cabaña que hay junto a la tuya —dijo el.


En parte, era cierto. Había planeado volver al hogar de su infancia, donde había sido feliz. Aunque tuviera motivos ocultos para hacerlo, ahora que se había reencontrado con Paula Chaves, sabía que iba a cambiar sus planes y tenía la esperanza de descubrir qué sería lo siguiente.


—¿De verdad? Vaya, entonces, somos vecinos. Me alegro —dijo ella, y arrugó la frente—. Bueno, ¿Te apetece un café?


—Sí, podemos tomar un café si quieres. ¿A qué te referías con lo de que se supone que tienes que salir de casa?


—Yo… He estado en coma diez años. Qué trágico, ¿verdad? — preguntó, tratando de reírse, pero su incomodidad era evidente—. Bueno, me dieron el alta hace seis meses, pero me veo incapaz de empezar a vivir otra vez. Al principio, necesitaba recuperar la fuerza física, pero, como acabas de ver… No estoy en mi mejor momento —dijo.


—Yo no he visto nada de eso. Te has manejado maravillosamente con tu hermano y has defendido tu postura. Después, cuando ha terminado, solo necesitabas un minuto para recuperarte.


Ella exhaló un suspiro y, después, sonrió ligeramente.


—Creo que me va a gustar tenerte de vecino, Pedro —dijo.


—Creo que a mí también me va a gustar que seamos vecinos —dijo él.


Quedaron para tomar un café aquella tarde y, mientras la veía alejarse caminando hacia los mozos de la mudanza, tuvo un sentimiento de agobio. Sabía que tendría que decirle quién era, pero sabía que eso no iba a ser de ayuda para ella en aquel momento. Y, por supuesto, para él, tampoco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario