jueves, 21 de agosto de 2025

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 23

 —Bueno, a mí tampoco me gustan los mentirosos, pero, algunas veces, es necesario decir alguna mentira piadosa.


—¿Por qué?


—Para no hacer daño a los demás o, algunas veces, porque tú no puedes contar un secreto que pertenece a otro —dijo Pedro.


Ella se dió cuenta de que él había pensado mucho en aquello. ¿Debería preocuparse?


—Si yo te pidiera que me dijeses la verdad, ¿Serías sincero?


Él respiró profundamente y la miró.


—Sí.


—Pues eso es lo importante —dijo ella. 


Sentía confianza en él. Fueron a la tienda, que olía a manzanas y a canela. Tomaron un café y Pedro pidió también donuts de sidra y sidra caliente. Cuando terminaron, él le enseñó a conducir por el estacionamiento. Las piernas no le causaron ningún problema y, aunque solo llegó a los treinta kilómetros por hora, se sintió triunfante cuando estacionó. Miró a Pedro.


—¡Sabía que ibas a poder hacerlo! —exclamó él.


Con una sensación de éxito, ella le tomó la cara con ambas manos y el dió un beso, tal y como había querido hacer desde que había abierto la puerta de casa y lo había visto en el porche. Podía sentir inseguridad sobre muchas cosas de su vida, pero Pedro no era una de ellas. Cuando volvieron a casa de Paula, ella lo invitó a pasar.


—Claro —dijo Pedro—. ¿Hay algo que hacer?


—Siempre. A propósito, ¿Qué tal va tu casa?


—Está bastante bien. Contraté a una empresa para que la reformara por completo antes de mudarme. ¿Quieres verla?


Aquella casa no iba a ser su hogar permanente. Iba a ser su base en Chaves Corners para poder adelantarse a Gonzalo a la hora de comprar propiedades y averiguar qué tramaba la familia Chaves. En aquel momento, eso le revolvía el estómago. Cuanto más se acercaba a Paula y a su familia y cuanto más averiguaba sobre la suya, más le parecía que tomarse la venganza era una exageración. Había dedicado su vida a vengar algo que quizá fuera una mentira de su padre.


—Me encantaría —dijo ella—. Tengo curiosidad por saber más cosas sobre tí.


—¿Qué, por ejemplo? —preguntó él, mientras aparcaba en la entrada y se giraba hacia ella.


—Bueno, cuando hablamos por vídeo, parecía que tienes un sofá muy cómodo. Chaves Manor estaba decorado para impresionar y yo quiero que, ahora, mi casa sea hogareña, pero no sé cómo crear ese ambiente. A lo mejor la tuya me da algunas ideas.


—Es una especie de departamento de soltero. No creo que encuentres la inspiración aquí…


Salió del coche, le abrió la puerta a Paula y le ofreció la mano para ayudarla a bajar.


—Nunca se sabe —respondió ella.


—De hecho, yo estaba pensando en comprar algunas macetas grandes como las que has puesto tú. Para embellecer un poco la entrada. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario