martes, 19 de agosto de 2025

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 19

 —Eso es lo que quiero para tí —dijo Gonzalo, y miró la hora en su reloj—. No he venido solo a meterme en tu vida. Rodrigo quiere empezar con las comidas de domingo en la casona. Puedes traer a un amigo. El domingo a las dos.


—¿Y tenías que venir para decírmelo?


—Sí. No quería solo que me contestaras con el emoticono del dedo pulgar estirado. Quería ver qué tal estabas.


Ella puso los dos pulgares hacia arriba para hacer el gesto doble, y él se echó a reír. Ella, también. Gonzalo la ayudó a quitar las puertas de los armarios de la cocina antes de irse y la dejó limpiándolas y arreglándolas. 




Aquella tarde, se dió cuenta de que, poco a poco, estaba averiguando quién era Paula Chaves. La tía Lili vivía en un barrio antiguo de las afueras de Boston. Había comprado la casa con las ganancias que habían obtenido en su primer gran año. Era una de las mansiones que estaban de moda en los años dos mil, y su tía la había decorado al estilo de mediados de siglo. Era elegante y tenía un aspecto moderno al estilo del siglo anterior. Su mayordomo, Mario, abrió la puerta cuando él llegó. No tenía pensado hacerle una visita a su tía, pero, después de ver juntos a Paula y a Gonzalo, se dió cuenta de que había piezas del rompecabezas de la familia Chaves que él no tenía. Las cosas no cuadraban como él esperaba. Y, si había alguien que pudiera saber lo que había sucedido la noche de la fiesta, era su tía.


—No te esperaba hoy. ¿Has averiguado algo que nos pueda ser útil? —le preguntó Liliana cuando llegaron al salón.


Era alta y delgada, y siempre llevaba el pelo negro y liso recogido en un moño apretado en la nuca. En verano solía usar kaftanes, pero, en otoño, llevaba faldas largas y jerséis amplios. El atuendo de aquel día era una falda de color violeta con un jersey negro. Estaba sentada en uno de los sofás de la estancia.


—Todavía no estoy seguro. Hoy he estado con Gonzalo y con Paula, y tengo unas cuantas preguntas.


Ella enarcó una ceja.


—¿De qué tipo? ¿Dijeron algo sobre Javier o sobre tu padre?


—No, no. Es solo que… Tía Lili, ¿Qué ocurrió exactamente la noche del baile? Algunas de las cosas que mencionaron no tienen sentido. 


—Lógico —respondió ella—. Son mentirosos. Lo sabemos. Mentirosos. 


No, Paula no lo era. De hecho, era muy sincera. Gonzalo… Bueno, era más difícil de descifrar. Después de pasar una década observando cada uno de sus movimientos en el mundo de los negocios, Pedro pensaba que conocía al otro hombre, pero la verdad era más complicada. Había muchas cosas que no sabía sobre Gonzalo. Desde que Rodrigo había vuelto a Chaves Corners, él había notado un cambio en la forma en que Gonzalo dirigía la empresa. Y, después de que Paula hubiera despertado del coma, había habido aún más cambios. Le prestaba más atención a la gente. Y devolvía más cosas a la comunidad. El hombre al que había conocido aquel día era sincero de un modo que no le sorprendió, porque, en el mundo de los negocios, era conocido por ser implacable pero, también, justo. Lo que sí le había sorprendido era el amor que demostraba por su hermana. Le daba una imagen muy diferente de Gonzalo en sus relaciones personas. Sería el tipo de relación que su hermano y su padre habrían tenido con Alfredo Chaves. Así pues… ¿Se habían equivocado al juzgar a Alfredo, o quien era distinto era Gonzalo? Aunque Pedro recordaba bien que su tía Lili lo había llamado entre sollozos para decirle que Gonzalo conducía el coche que había matado a su hermano.


—¿Sabes lo que ocurrió durante la fiesta? —repitió.


—No. Tu padre dijo que los herederos de Chaves habían empezado una pelea con Javier y que Alfredo estaba furioso —respondió la tía Lili—. ¿Te han dicho ellos algo más?


—No. No les he preguntado nada y no les he dicho que tengo parentesco con Javier.


Él estaba haciendo aquello por su hermano, para vengar su muerte en el accidente de tráfico. Pero le había resultado más fácil antes de conocer a Gonzalo. Habían sido competidores en algunos negocios y él había ganado en unas pocas ocasiones, pero aquello era distinto.


—¿Qué te pasa? —le preguntó su tía Liliana con recelo—. ¿Es por la chica?


—No me pasa nada. Ya sabes que me gusta conocer bien todos los hechos antes de hacer algún movimiento. Tengo la sensación de que en el incidente entre Javier y los herederos Chaves pasaron más cosas de las que sabemos —le dijo Pedro—. Necesito más información.

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