jueves, 21 de agosto de 2025

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 21

Entró en el grupo de mensajes de texto que tenía con Melisa y Vanina e hizo una videollamada. Vió a Melisa sentada en su despacho del trabajo y, un momento después, Vanina también respondió. Estaba detrás del mostrador de su librería.


—¡Necesito ayuda! —les dijo Paula—. Necesito saber más cosas sobre sexo.


—¿Es que Pedro te está presionando? —le preguntó Melisa.


—No, no. Ojalá. Es solo que no tengo ninguna experiencia y quisiera saber algo más.


—Tengo algunos libros. Ven a la librería —le sugirió Vanina—. Pero ¿Ha sucedido algo con Pedro?


Paula se encogió de hombros, respiró profundamente y les contó que se habían besado, pero que él había desaparecido del mapa durante dos días después de que Gonzalo hubiera llegado a su casa.


—Vaya, parece que Gonzalo se pasó de protector —dijo Melisa—. Hablaré con él de eso.


Paula se echó a reír. 


—No, no, estuvo bien. Gonza y yo estamos resolviendo eso. Pedro me llamó anoche y hablamos. Me dijo que había estado ocupado con el trabajo, pero me pregunto si sabe que no tengo experiencia y eso le frena.


Vanina hizo un gesto negativo.


—Si no se lo preguntas, nunca lo sabrás. Pero, si te llamó y se disculpó, me parece que puedes creer lo que te dice.


—Yo, también —dijo Melisa—. Si no hubiera querido, no se habría puesto en contacto contigo otra vez.


—Eso no lo había pensado. Bueno, entonces, ¿Creen que debo decirle que no tengo ninguna experiencia?


—Yo dejaría que las cosas siguieran su curso —sugirió Vanina.


—Estoy de acuerdo —dijo Melisa—. Si Pedro es tu hombre, lo sabrás. Paula…


—¿Sí?


—¿Tienes algún recuerdo sobre lo que sucedió la noche del baile?


—No. Ninguno. Y con Pedro es totalmente distinto. Quiero que me desee.


—Bien —dijo Melisa—. Estoy segura de que te desea. ¿Va a quedar contigo más veces?


—Dentro de un rato va a venir a darme una clase de conducir.


—Pues creo que sí le gustas. Enseñar a conducir a alguien no es fácil —dijo Vanina—. Mi madre me gritaba cada vez que iba a conducir con ella.


—Pedro no es así —dijo Paula.


—Bien.


Alguien llamó a la puerta, y ella sonrió a sus amigas.


—Seguramente, es él. Hablamos después.


—Sí. Si nos necesitas para algo, escríbenos un mensaje —le dijo Vanina.


—Lo haré, muchas gracias —dijo ella.


Después, se despidió, colgó el teléfono y se levantó.


—Hola —dijo Paula al abrir la puerta.


—Hola —respondió Pedro. 

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