jueves, 31 de julio de 2025

Chantaje: Epílogo

 Lima, Perú. Dos meses después…



Paula había soñado que estaba cubierta de joyas. Adormecida, deslizó los dedos por el brazo desnudo del hombre que dormía a su lado. Había soñado que su marido la cubría de esmeraldas, rubíes y perlas mientras hacían el amor. Se tumbó de espaldas y extendió el brazo para mirar la sortija de diamantes que llevaba junto a su anillo de casada, la luz de la mañana entraba a raudales por las ventanas de la casa que Pedro había alquilado para el verano. ¿Qué tenía aquel hombre que la dejaba sin aliento sólo con mirarlo? Cuando Pedro alzó una mano y la apoyó en su cadera, sonrió. Sabía exactamente lo que la atraía de él: Todo. Gruñendo con suavidad, él la estrechó contra su costado.


—Rubíes. Definitivamente, rubíes —dijo a la vez que entreabría un ojo. Al parecer, no estaba tan dormido como había imaginado Paula. Alzó una mano para tocar los pendientes que colgaban de sus orejas—. Llevo más de un año soñando en cubrirle de joyas.


—Pues anoche hiciste realidad tu fantasía —Paual deslizó una mano bajo su cuerpo y sacó un brazalete de zafiros que se le estaba clavando en la espalda.


Qué encantadoramente irónico resultaba que fuera Pedro el que le estuviera regalando joyas y castillos. Aunque ella no necesitaba nada de aquello. Ya tenía paz, excitación, estabilidad y aventura con el hombre al que amaba.


—Trajiste contigo el rescate de un rey en joyas.


—Porque eres una Alfonso, querida, y eso te convierte en parte de la realeza norteamericana —dijo Pedro.


Realeza. Aquella palabra ya no sobresaltaba a Paula cada vez que la escuchaba. Por fin había llegado a asimilar aquella parte de sí misma. Había vuelto a visitar a su padre. Cada vez estaba más grave y ella iba a tener que enfrentarse a aquella realidad. Afortunadamente, tendría a Jonah a su lado para cuando llegara lo peor. Pedro la besó con delicadeza en los labios, como si hubiera leído sus pensamientos, algo que parecía hacer más y más a menudo aquellos días. Delfina y Luca estaban a punto de abrir un negocio de catering en Maine. Miguel planeaba unirse a ellos y ocuparse de la contabilidad, siempre pensando en el futuro financiero de su hija. La familia de Paula estaba creciendo rápidamente, con los Alfonso a punto de llegar para pasar un largo fin de semana con ellos. Ana había decidido que todos debían conocer mejor a su nueva nuera. Paula apreciaba el gesto. Los Alfonso sabían hacerle sentirse especial y bienvenida.  Parte de su familia. Pedro jugueteó con las perlas entrelazadas con el pelo de ella.


—¿Has pensado ya dónde te gustaría vivir?


—Supongo que lo sabremos cuando llegué el proyecto de restauración adecuado para nuestra casa —contestó Paula.


Pedro tiró con juguetona delicadeza de su pelo.


—¿No podrías reducir las posibilidades a uno o dos países para mí?


—No —Paula deslizó los dedos por el pelo de Pedro y lo besó en los labios—. No pienso volver a limitar mis opciones con ideas preconcebidas —lo rodeó por las caderas con las piernas y volvió a besarlo—. A partir de ahora pienso estar abierta a todas las posibilidades que me ofrezca la vida.










FIN

No hay comentarios:

Publicar un comentario