jueves, 24 de julio de 2025

Chantaje: Capítulo 37

 —Estoy con alguien, mamá. No es un momento muy oportuno.


—Lo sé. ¿Por qué crees que he venido? Quiero conocer a Paula personalmente en lugar de esperar a que te decidas a presentármela.


No había forma de engañar a Ana. Pero, ¿Cuánto sabía? Al parecer, mucho, si ya había averiguado el nombre de Paula. La puerta de la suite se abrió.


—Pedro —dijo Paula con suavidad—. Ya he hecho el equipaje y estoy lista para salir, pero si estás ocupado con tu trabajo puedo llamar a un taxi —al ver a la famosa madre de Pedro, se quedó paralizada—. Disculpe, señora.


—Esta es mi madre, Paula —dijo Pedro—. Ana Alfonso Renshaw.


Su madre pasó junto a él sin apartar su penetrante y cálida mirada de Eloisa.


—Llámame Ana, por favor. Todos esos nombres son demasiado. Es un placer conocerte, Paula.


—Lo mismo digo, Ana —dijo Paula a la vez que aceptaba su mano.


Pedro constató que no parecía asustada. Parecía estar manteniendo su terreno silenciosamente mientras Ana rellenaba el silencio con un rápido monólogo sobre su viaje. Paula poseía una elegancia especial, una forma de estar muy natural en cualquier circunstancia. Era fácil comprender porqué era la roca de su familia, por qué su padre y su padrastro la necesitaban a su lado en aquellos momentos. Resultaba hipnótico mirarla.


—¿Pedro? ¡Pedro!—repitió Ana.


—¿Eh? —brillante respuesta. Pedro apartó los ojos de Paula—. ¿Qué has dicho, mamá?


Ana sonrió ante de responder.


—Estaba diciéndole a tu encantadora amiga que he ido a visitar a un amigo congresista que vive cerca de aquí. Ya que estaba en los Estados Unidos he llamado a tus hermanos para que nos reunamos todos aquí a pasar un par de días juntos.


—¿Mis hermanos están aquí? —preguntó Pedro, asombrado.


—Están abajo, echando un vistazo a tu último trabajo. Es magnífico, querido.


Al parecer, las cosas siempre podían empeorar. Paula se volvió hacia Pedro.


—Parece que tú y tu madre tienen mucho de qué hablar. Voy a llamar a mi padre mientras le reúnes con tu familia —asintió con la cabeza en dirección a Ana—. Ha sido un placer conocerte —añadió antes de volver a la suite.


Pedro decidió aprovechar la oportunidad para averiguar qué se traía su madre entre manos.


—¿Qué haces realmente aquí, mamá? Dudo que Marcos, Federico, Juan Pablo y tú estuvieran casualmente por la zona.


Ana lo tomó del brazo y tiró de él hacia el ascensor.


—Aquí tendremos más intimidad para hablar.


—¿Ha venido también el general?


—Carlos no ha podido volver de su reunión en Alemania a tiempo. Te envía sus saludos —las puertas del ascensor se cerraron.


—Esto es una locura, mamá.


—Sólo estoy haciendo lo que haría cualquier madre. Percibo en tu voz cuándo algo va mal. Es un instinto maternal, un don que tengo para todos mis hijos —Ana pulsó el botón de parada—. Me preguntaste por los Medina y me puse a investigar. Averigüé muchas cosas, especialmente sobre Paula y sobre tí.


Aquello captó definitivamente el interés de Paula.


—¿Qué has averiguado?


—Que estás casado. Y he decidido que, ya que llevas un año casado, si quería conocer alguna vez a mi nuera mas me valía tomar el asunto en mis manos. 

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