jueves, 24 de julio de 2025

Chantaje: Capítulo 38

Asombrado, Pedro miró a su madre mientras digería la noticia, junto con todas las repercusiones que podía tener para Paula. ¿Cómo había averiguado su madre aquello…?


—Federico —murmuró.


Ana asintió lentamente.


—Acudía a él con algunas preguntas cuando empecé a indagar sobre los Medina. Pensó que ya lo sabía.


Pedro asintió lentamente.


—Comprendo tu impaciencia, mamá, pero necesito que esperes un poco mas, ¿Qué has podido averiguar sobre los Medina? ¿Qué sabes del viejo rey? ¿Y de Paula?


—Sé quién es su verdadero padre, un secreto celosamente guardado durante más de veinticinco años pero que peligra desde que se casaron. De lo contrario no habría podido descubrir la identidad de Paula.


Pedro se quedó helado por dentro. Nunca se le había ocurrido pensar que había puesto en peligro a Pala al casarse con ella. Pero entonces no estaba al tanto de su secreto.


—No pienso permitir que nadie le toque un solo pelo de la cabeza.


—Veo que estás realmente colado por ella —Ana sonrió—. Felicidades, Pedro.


—Me casé con ella, ¿No?


—Si, pero es obvio que hay problemas, o de lo contrario no habrían pasado un año separados —Ana alzó un dedo perfectamente manicurado—. No trato de entrometerme. Sólo comento lo obvio. No conozco a Paula, pero supongo que tiene motivos para ser cautelosa.


—No le gusta nada ser el centro de atención —Pedro miró la puerta cerrada del ascensor y pensó en ella esperándolo con su maleta lista—. Cuando llegue el momento, habrá que sacar una nota de prensa cuidadosamente elaborada.


—Eso está muy bien, pero me refería a que Paula es cautelosa a la hora de formar parte de una familia. No la conozco personalmente, pero lo que he averiguado me entristece por ella, y también me da qué pensar sobre el hecho de que no hayan disfrutado de su matrimonio durante este año.


—No nos iba mal hasta que nuestras respectivas familias han empezado a llamar y a presentarse de improviso.


Ana ignoró el comentario de su hijo.


—Tú tienes la suerte de contar con tradiciones familiares, y por eso te parece algo sencillo. Pero no a todo el mundo le sucede igual. Como a Paula, tal vez. 


—Lo sé, mamá, y no lo doy por sentado.


—No sé sí estoy de acuerdo contigo en eso, pero tampoco os estoy condenando a tus hermanos y a tí por ello. Los niños deberían disfrutar de esas tradiciones para poder contar con ellas a lo largo de los años. Eso les da raíces para ser fuertes cuando llegan las tormentas de la vida. Como cuando tu padre murió. Llevas una parte de él contigo en nuestras tradiciones.


—¿Qué tratas de decir, mamá? —Pedro se pasó una mano por el pelo, exasperado—. No entiendo nada. Ten en cuenta que soy un hombre.


—Si quieres conservar a Paula, tienes que ayudarla a sentirse segura —Ana volvió a pulsar el botón del ascensor y se puso de puntillas para besara su hijo en la mejilla—. Ahora ve a ocuparte de tu esposa. Estoy deseando hablar con ella abajo en cuanto estén listos. Tus hermanos y yo estaremos esperando. 

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