Medía hora después, Paula esperaba en la sala de estar con su equipaje y la numerosa familia de Pedro. Estaba nerviosa, e incluso sentía unas ligeras náuseas a causa del giro de los acontecimientos. Pedro y ella apenas habían tenido tiempo de hablar cuando él había regresado al dormitorio. Éste se había limitado a disculparse por la inesperada visita de su familia y había prometido llevarla con Delfina antes de que regresara de Las Vegas. Le había asegurado que se ocuparía de todo y luego le había dado un beso breve pero intenso antes de acompañarla abajo. Unos minutos después se encontraba sentada en medio de una atípica reunión familiar. Se esforzó por no juguetear nerviosamente con el asa de su bolso. Él le había asegurado que tan sólo su madre y su hermano abogado estaban al tanto de su matrimonio y de la verdad sobre sus orígenes. Al parecer, los demás hermanos pensaban que era simplemente una amiga. Le asustaba mucho pensar que la gente conocía la verdad… Pero al menos no la sabían todos. Todavía. Contempló a los cuatro hombres Alfonso que ocupaban los sofás de cuero del salón. Todos compartían los ojos azules de su madre. Su pelo tenía distintos matices de castaño. Pedro lo llevaba más largo que los demás. Pero la fuerte mandíbula familiar era inconfundible. Aquéllos eran hombres poderosos, tenaces. Paula sospechaba que también habían heredado aquellos rasgos de su madre. Ana Alfonso Renshaw estaba fuera del salón, atendiendo una llamada de trabajo, y podía verla a través de las cristaleras. Recordaba haber leído que tenía poco más de cincuenta años, pero los llevaba muy bien. Afortunadamente, al conocerla en persona le había parecido menos intimidante de lo que había imaginado por la prensa. Sabía que era una mujer muy preparada e inteligente, capaz de sacar a relucir una determinación de acero cuando hacía falta. Todo el grupo familiar resultaba muy atractivo en conjunto, y casi se podía palpar su unidad, la felicidad que les producía su reencuentro. ¿Cómo se las habría arreglado Ana Alfonso para tener una familia tan unida? Paula volvió de nuevo la mirada hacia Ana, como si su figura pudiera responder a sus preguntas. Entonces uno de los hermanos se puso ante el ventanal, bloqueándole la vista. Buscó en la memoria de qué hermano se trataba… El mayor, Marcos Alfonso, era senador en Carolina del Sur y un consumado político.
—A nuestro hermanito Pedro siempre se le ha dado bien ser discreto, mantenerse vigilante sin que se le note, pero ni siquiera nosotros hemos visto venir esto —Marcos se volvió hacia Pedro—. ¿Dónde has tenido escondida a esta encantadora mujer?
Pedro apoyó una mano en el brazo de Paula.
—Nos conocimos en España el pasado verano —fue su respuesta, sencilla, sin complicaciones.
Para Paula resultó irreal estar tranquilamente sentada allí mientras su mundo estallaba en torno a ella. La vida de Delfina en pleno caos… Sus secretos prácticamente expuestos… Ningún lugar en que esconderse del hecho de que se estaba enamorando perdidamente de Pedro Alfonso… Unió sus temblorosas manos en su regazo y trató de simular una calma que estaba lejos de sentir. Podía aprovechar aquella oportunidad para averiguar algo más sobre Pedro a través de sus hermanos.
—¿Cómo se mantenía vigilante? —preguntó.
—No entremos en eso —dijo Pedro.
Juan Pablo sonrió.
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