martes, 22 de julio de 2025

Chantaje: Capítulo 35

Paula reprimió una sonrisa. Al parecer Pedro pensaba que podía arreglar cualquier cosa, incluso el estado de sus músculos… Y de pronto se dió cuenta de que, efectivamente, se había relajado.


—Así está mejor —murmuro él mientras le acariciaba la espalda.


—Debe ser el sonido del agua y la cercanía de la naturaleza. ¿Cómo podría estar uno tenso en este entorno?


—Así que te gusta hacer el amor al aire libre. Comparto totalmente tu gusto. Podríamos hacer esto en diversos países mientras me dedico a mis proyectos de restauración. Las posibilidades son tan ilimitadas como el horizonte.


Paula sintió que se le encogía el estómago.


—No podría vivir mi vida así, siguiéndote por todo el mundo —alzó una mano y apoyó un dedo sobre los labios de Pedro—. Ni se te ocurra decirlo.


—¿Decir qué?


—Algo petulante como… —Paula puso la voz más grave para imitar la de Pedro—… disfrutar del sexo en diferentes países del mundo es una meta fabulosa. 


Pedro frunció ligeramente el ceño.


—Ya empezamos otra vez con tus suposiciones negativas sobre mí. No puedo evitar preguntarme si estás utilizando esa excusa porque estás nerviosa por lo que ha pasado ahí fuera entre nosotros. Sabes muy bien que tengo un trabajo, una meta — suspiró y se pasó una mano por el pelo—. Cada vez que empiezo a alabar tu fuerza y tu apasionada naturaleza, te retraes. ¿Por qué?


Paula sabía que Jonah tenía razón, aunque le costara reconocerlo. A pesar de todo, insistió.


—Tú tienes un trabajo, ¿Pero cómo encajaría yo en tus planes? Necesito una meta propia.


Aquello silenció a Pedro por primera vez. Paula estaba a punto de ceder, de disculparse para que el ambiente volviera a ser el de antes, cuando sonó el móvil en su bolso. Pedro debía haberlo dejado en la habitación junto a la comida fría que no habían llegado a probar. En cualquier caso, agradeció la distracción. Se cubrió con la colcha para levantarse y fue hasta el baúl que estaba al pie de la cama a por su bolso. Lo abrió y tomó el teléfono.


—¿Hola?


—¿Paula? Soy tu padre.


El estómago de Paula se encogió de nuevo al escuchar la palabra «padre» aunque reconoció la voz. Era Miguel Chaves, su padrastro.


—¿Qué sucede, Miguel? —pronunció el nombre en respuesta a la inquisitiva mirada de Pedro.


—Te llamo por Delfina —dijo Miguel en un tono de evidente frustración.


Paula se tensó al instante. ¿Qué habría pasado? ¿Por qué había permitido que Jonah la persuadiera para irse? No debería haberse marchado estando su hermana en aquellas circunstancias.


—¿Está bien? ¿Ha sufrido un accidente o algo parecido?


—Delfina se ha fugado con Luca.


Paula se quedó boquiabierta. Aquello era lo último que esperaba oír de su hermana.


—Oh…


—No puedo creer que haya actuado de un modo tan irracional y desconsiderado después de todo lo que me he esforzado para organizarle una boda perfecta, para darle la entrada a la alta sociedad que siempre ha querido.


Paula reprimió el impulso de decir que era él el que más había buscado aquello.


—Siento que hayas perdido dinero en todo esto.


—No lo entiendes —dijo Miguel, irritado—, Delfina dice que Luca y ella se van. Quieren empezar de cero, cortando los lazos que unen a Luca con su familia. Quieren tirar por la borda toda la influencia del nombre de su familia. 

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