Miró hacia el palio, donde Pedro y Luca seguían hablando como viejos amigos. Pedro se relacionaba con gran facilidad con la gente, y sabía cómo conquistarla. No había duda de que a ella la había conquistado un año atrás… Y la noche anterior. Se había introducido bajo sus defensas como no lo había hecho ningún otro hombre. Delfina dedicó a su recién estrenado marido una amorosa mirada.
—Ojalá hubiera seguido antes mis instintos. Me habría ahorrado mucho tiempo y trabajo —suspiró—. Aún no sé dónde vamos a vivir. Luca dice que eso forma parte de la aventura. Puede que utilicemos un mapa y un dardo para decidirlo.
Paula volvió a mirar a Pedro. Ella también quería aquella clase de felicidad. Quería creer en que podían encontrar una forma de encajar sus vidas.
—Te veo realmente emocionada ante tu nueva aventura.
Delfina estrechó la mano de su hermana.
—¿Te parece demasiado egoísta por mi parte? Yo siempre he podido contar contigo y ahora voy a dejarte.
—Vas a vivir tu propia vida. Es lo que debes hacer y lo que mereces. No dejaremos de ser hermanas aunque vivas en la otra punta del país. Iré a verte… Pero elige algún lugar interesante, ¿De acuerdo?
Delfina asintió, sonriente, aunque sus ojos se llenaron de lágrimas cuando abrazó a su hermana.
Un momento después, Pedro se asomó a la puerta del cuarto de estar. Paula miró sus intensos ojos azules y supo la verdad. No había acudido allí a vengarse de ella. Había acudido allí a por ella. La estaba apoyando en aquella crisis familiar, había mantenido firmemente guardado su secreto, había ido a por ella… Además, era un gran tipo y confiaba lo suficiente en él como para dar el siguiente paso. No quería que se fuera a Perú. Quería más tiempo para asegurarse de lo que había entre ellos antes de que fuera demasiado tarde. Merecía un futuro propio con Pedro y había llegado el momento de reclamarlo. Y tenía que empezar contándole lo de su bebé. Paula cerró la puerta tras despedirse de Delfina y de Luca. Tras ella, Pedro apartó su pelo a un lado y la besó en la curva del cuello. Paula echó atrás la cabeza para permitirle mejor acceso. Después de todo lo sucedido, lo que más deseaba era perderse en sus brazos, encontrar entre ellos el olvido que tanto anhelaba. Luego se acurrucaría a su lado en la cama y dormirían como una pareja normal y corriente… Pero eso sería esconderse. Eso sería utilizar el sexo para ocultarse de dar el paso que debía dar: Abrirse por completo a Pedro, permitir que la amara realmente. Y permitirse amarlo. Se volvió hacía el.
—Gracias por haber sido tan comprensivo y no haber puesto objeciones para regresar. Siento haberte estropeado la risita de tu familia.
—Han sido ellos los que se han presentado sin avisar —Pedro la rodeó con los brazos por la cintura—. Si quieres, pronto podremos pasar más tiempo con ellos.
—Quiero.
Pedro sonrió, complacido.
—Bien, bien —dijo mientras se encaminaba con Paula hacía el patio, donde ocupó una tumbona y la sentó en su regazo.
Paula apoyó la cabeza en su hombro y suspiró. Pedro le acarició el pelo.
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