martes, 29 de julio de 2025

Chantaje: Capítulo 43

 —Siento no haber tenido en cuenta tu trabajo ni tu necesidad de seguridad. Comprendo por qué no te parece un gran plan seguirme de trabajo en trabajo. Tendremos que buscar juntos una solución.


Paula quería creer que las cosas podían ser tan sencillas.


—¿Es de eso de lo que estamos hablando? ¿De vivir juntos?


—Creo que vamos claramente en esa dirección —Pedro apoyó la barbilla en la cabeza de Paula—. Seria un error pretender lo contrario.


—De acuerdo —Paula suspiró profundamente antes de continuar—. Si vamos a ser totalmente sinceros el uno con el otro, hay algo que tienes que saber, algo que me va a costar decirte y que te va a costar escuchar.


Pedro se tensó, pero mantuvo la barbilla sobre el pelo de Paula.


—¿Vas a volver a irte?


—No, a menos que me pidas que lo haga.


—Eso nunca sucederá. 


—Pareces muy seguro de ello. Siempre pareces muy seguro de tí mismo. Ojalá me sucediera a mí lo mismo.


—Tengo una visión de nuestro futuro y es perfecta —Pedro hizo que Paula alzara el rostro para mirarlo—. Eres perfecta. Vamos a ser perfectos juntos.


—No puedes creer de verdad que soy perfecta, y aunque lo creas en ciertos aspectos, ¿Qué vas a hacer cuando veas mis defectos? ¿Y si no encajo en el mundo maravilloso y sin límites que has pensado para nosotros?


—Ya lo resolveremos. Piensa en tus estudios en España. Disfrutaste contribuyendo con tu investigación. Puede que ése sea un camino para fundir nuestros dos mundos. También podemos llegar a acuerdos y dividirnos el tiempo.


Pedro le estaba ofreciendo tanto que Paula aún no estaba preparada para pensar en ello. No hasta que hubiera dejado zanjado aquel doloroso asunto.


—No es de eso de lo que estoy hablando. Es algo distinto, más importante. Se trata de un error que cometí.


—Admiro la forma en que te preocupas de los sentimientos de quienes te rodean, pero yo ya soy mayorcito, así que ve al grano.


—No he sido completamente sincera contigo —el corazón de Paula latía con tal fuerza que temió que fuera a estallar—. No sólo respecto al tema de mi padre.


—¿Tienes algún novio oculto por ahí?


—Claro que no, Pedro. Me he pasado todo el año echándote de menos. No hay sitio para ningún otro en mi corazón.


—En ese caso, no hay nada de que preocuparse —dijo Pedro con un guiño.


—No bromees, por favor. Ahora no —tras un momento de silencio, Paula habló tan rápidamente como pudo—. Después de dejarte descubrí que estaba embarazada de tí.


Pedro se quedó muy quieto y de su rostro desapareció toda expresión.


—Tuviste un bebé —dijo lentamente, en tono neutro—. Nuestro bebé.


Paula asintió mientras en su interior se avivaba el triste recuerdo del pesar, la soledad y el arrepentimiento que experimentó al perder al bebé. Debería haber llamado a Pedro entonces, pero no lo hizo, y había llegado el momento de enfrentarse a las consecuencias de su decisión.


—Sufrí un aborto espontáneo.


—¿Cuándo?


—¿Eso importa?


—Creo que merezco saber cuándo.


Paula sintió una punzada de culpabilidad. Pedro tenía razón.


—Cuando estaba embarazada de cuatro meses y medio. No se enteró nadie, excepto mi médico. 

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