Paula apretó los puños con una fuerza recién encontrada en su interior. No pensaba volver a ocultarse en su biblioteca y en sus temores. Amaba a Pedro Alfonso y quería una vida con él, los llevara adonde los llevase. Él estaba dolido y enfadado ahora, y no podía culparlo, y ella había sido demasiado cautelosa. Pero pensaba remediarlo. No pensaba echarse atrás así como así. Lucharía por Pedro con tal fuera que ni siquiera sabría lo que se le había venido encima. Se puso en pie y tomó el rostro de Enrique entre sus manos.
—No hay duda de que eres un viejo zorro, pero creo que me gustas.
Enrique rió mientras Paula le dedicaba una sonrisa seguida de una reverencia.
—Ahora tengo que irme, pero volveré —añadió—. Antes tengo que aclarar algunas cosas con Pedro.
Su padre alzó una mano y giró un dedo en el aire.
—Date la vuelta.
Paula miró por encima de su hombro… Y el corazón se le subió a la garganta. Pedro estaba en el umbral de la puerta con un ramo de flores en la mano. Él apenas tuvo tiempo de asentir al padre de Paula antes de que el viejo rey lo dejara a solas con ella. Estaba en deuda con Ezequiel y con Enrique por haber organizado aquella reunión. Y pensaba devolverles el favor manteniendo a Paula feliz y a salvo durante el resto de su vida. Avanzó hacia ella con el ramo por delante.
—No sabía qué elegir para traerte y finalmente me he decidido por unos tulipanes blancos, como los de esa foto que tienes en tu cuarto de estar. He supuesto que te gustaban.
—¡Son perfectos! Gracias —Paula tomó las flores en una mano y apoyó los dedos de la otra en los labios de Pedro—. Estaba muy equivocada cuando te he dicho que no nos conocíamos —dijo antes de aspirar por un momento el aroma de los tulipanes—. Las flores son preciosas, pero ya me has hecho los regalos que de verdad importan. Me has dado piscinas infinitas, paseos por castillos cargados de historia, me has alentado a salir de mi oscura oficina e incluso me has hecho cumplidos por mi brillo de labios favorito. Lo sabes todo sobre mí… Excepto lo profundamente que te amo.
Pedro la rodeó con los brazos por la cintura y la atrajo hacia sí, oprimiendo ligeramente las flores.
—Yo también lo sé ahora, y estoy deseando demostrarte cuanto te amo en cada país del mundo. Si estás dispuesta a esa aventura…
—Me gustan tus ideas para fundir nuestras vidas. Creo que estoy más que lista para sacar mi mundo de investigación bibliotecario a la luz… Mientras tú estés conmigo.
—Deberíamos hablar con tu padre —dijo Pedro.
—Pronto —dijo Paula, poniéndose repentinamente seria—. Pero antes quiero que sepas cuánto lamento no haberte contado lo del bebé cuando sucedió, ni después, cuando nos hemos vuelto a ver. No debí ocultártelo. Merecías saberlo.
—Gracias. No hacia falta que lo hicieras, pero aprecio escucharlo —el conocimiento de aquella pérdida aún dolía y Pedro sospechaba que no se le pasaría fácilmente.
Pero entendía que a Paula le costara tanto confiar, y sabía que aún le quedaban por derribar algunas de las barreras que se había pasado la vida alzando a su alrededor. Pero a él se le daban especialmente bien las restauraciones.
—He traído algo más además de las flores —dijo.
—No tenías porqué traerme nada. El hecho de que estés aquí significa más de lo que puedo expresar.
—Debería haberte seguido antes. Deberías haber podido contar conmigo…
Paula tomó el rostro de Pedro entre sus manos, interrumpiéndolo.
—Estamos mirando hacia delante, ¿Recuerdas? —dijo antes de besarlo en los labios—. Y ahora… ¿Qué es lo que has traído?
Pedro metió la mano en el bolsillo y sacó dos anillos de oro. Los había conservado todo el año. Paula sonrió y extendió una mano hacia él con los ojos llenos de lágrimas. Él le puso el anillo a ella y ella se lo puso a él. Luego enlazaron sus manos con fuerza y, en aquella ocasión, supo con certeza que no iban a quitárselos. Sacó una de las flores del ramo y la colocó tras la oreja de Paula.
—¿Estás lista para pasar al interior, señora Alfonso?
Ella enlazó su brazo con el de él mientras sostenía el ramo en el otro, como una auténtica novia.
—Estoy lista para ir a cualquier sitio… Mientras sea contigo.
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