martes, 29 de julio de 2025

Chantaje: Capítulo 41

Se volvió hacia Pedro, llamó su atención y señaló disimuladamente su reloj. «Tenemos que irnos», le dijo con la mirada. No sólo por Delfina. Necesitaba distanciarse para pensar, porque estando allí sentada con los Alfonso sentía tantos deseos de formar parte del mundo de Pedro que casi le dolía. Aquélla no era una familia que huía de las responsabilidades y los compromisos. Él era un hombre del que se podía depender. Y en aquellos momentos no estaba segura de ser la mujer que él se merecía.


A la mañana siguiente, Paula estaba en la cocina de su casa, con una taza de té en las manos y sentada junto a su hermana. Su hermana recién casada. Un fino anillo de plata adornaba el dedo de Delfina. Paula y Pedro habían llegado al amanecer. Ella esperaba poder hablar con él durante el trayecto, pero había recibido una llamada de los constructores con los que iba a trabajar en Perú para hablar del proyecto al que iba a dedicarse cuando se fuera de allí. Cuando la dejara. Al llegar a casa, había encontrado a su hermana esperándola. Con Luca, que en aquellos momentos estaba hablando en el patio con Pedro. Apoyó la mano en la de Audrey.


—Siento no haber estado aquí cuando me necesitabas.


—Ya soy mayor de edad, a pesar de lo que piense nuestro padre. Tomé la decisión sola. Luca quería fugarse y dejar el pueblo desde el principio. Nunca debería haber permitido que papá me convenciera para organizar una gran boda.


—No seas demasiado dura contigo misma. Todos queremos complacer a aquéllos a quienes queremos.


Delfina bajó la mirada.


—Yo soy tan culpable como él. El dinero siempre nos ha importado demasiado. Papá siempre estaba obsesionado con no tener suficiente para mamá. Recuerdo la ocasión en que le compró un collar de diamantes y zafiros. A ella le encantó, pero él no dejaba de disculparse porque no era lo suficientemente grande. Dijo que quería que se sintiera como una reina.


¿Cómo una reina? Paula se quedó momentáneamente paralizada. ¿Sabría su padre más de lo que ella creía? Si era así, su secreto empezaba a ser el peor guardado del planeta.


—Mamá quería a papá.


—Lo sé. Y quiero lo mismo para mi matrimonio —Delfina tomó una mano de su hermana en las suyas—. Pero me ha llevado tiempo darme cuenta de que lo importante no son las ceremonias y las celebraciones. Sé que probablemente piensas que estoy loca por haberme escapado.


—Puede que te entienda mucho mejor de lo que crees —dijo Paula, que no pudo evitar una punzada de culpabilidad. 

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