—Claro que sí. Somos tres contra uno, hermanito.
El mundo de los hermanos era algo bastante desconocido para Paula. Sólo había estado con los suyos en una ocasión, veinte años atrás. Federico, el abogado, extendió un brazo por el respaldo del sofá.
—Evitó que mamá descubriera nuestros túneles.
—¿Túneles?
Juan Pablo, el hermano que había estado en el ejército, se inclinó hacia delante y apoyó los codos en sus rodillas.
—Cuando Federico, Pedro y yo éramos niños, durante las vacaciones de verano solíamos llevarnos algo de comida y bebida en nuestras mochilas para pasar el día fuera. Solíamos ir a una zona boscosa cercana a la playa. Federico y yo cavábamos túneles mientras Pedro hacia guardia para avisarnos si se acercaba algún adulto.
La solemne expresión de Federico se animó al instante.
—Cavábamos el agujero, tapábamos el agujero con unas tablas y las cubríamos de tierra.
—¿Y su hermano mayor? —Paula asintió en dirección a Marcos.
Juan Pablo dió un codazo al famoso senador.
—Le gustaba mucho seguir las reglas y no lo invitábamos a nuestras aventuras. Aunque me temo que ahora nuestro secreto ha quedado desvelado.
—¿Secreto? —Marcos extendió sus largas piernas ante sí—. ¿No se han preguntado nunca por qué no se hundieron esos túneles sobre sus cabezas.
Juan Pablo frunció el ceño.
—Nuestros túneles estaban perfectamente construidos.
—De acuerdo —Marcos extendió expresivamente los brazos—. Si eso es lo que quieres creer…
—Es lo que sucedió —Juan Pablo frunció aún más el ceño—. ¿O no?
El contemplativo Federico se movió incómodo en su asiento hasta que Marcos agitó la cabeza, riendo.
—Cuando ustedes volvían a casa, Pedro volvía para asegurar sus túneles. Yo solía hacer guardia.
Las expresiones de asombro de Juan Pablo y Federico fueron para morirse de risa.
—Pedro ya era un arquitecto en ciernes —añadió Marcos.
—Nos están tomando el pelo —dijo Juan Pablo.
—¿Los dos colaboraron contra nosotros? —preguntó Federico.
—Colaboramos «Con» ustedes. Y si no nos hubieran excluido de sus aventuras en los túneles probablemente les habríamos enseñado desde el principio cómo cavarlos bien en lugar de reírnos a sus espaldas.
Juan Pablo dió una palmada a su hermano en el brazo, lo que inició una ligera pelea fraternal mezclada con un montón de risas. Paula se preguntó si sus hermanos Medina compararían también recuerdos y momentos como aquél. ¿Tendría el coraje de averiguarlo? En realidad, lo único que la relacionaba con ellos era su sangre. ¿Y su hermana Delfina? Era posible que no tuvieran un círculo familiar perfecto, como el de los Alfonso, pero se querían. Tenía que acudir a su lado, como Pedro había hecho con sus hermanos, protegiendo su secreto y asegurándose a la vez de que estuvieran a salvo. Incluso de niño, y siendo el más joven de todos, había sido un guardián, un protector… Y saberlo hizo que se sintiera aún más colada por él. Sintió que las lágrimas atenazaban su garganta. No sabía si iba a poder soportar más emociones en un solo día.
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