martes, 9 de diciembre de 2025

Curaste Mi Corazón: Capítulo 28

Lo había dicho en un tono indiferente, pero su mente traicionera conjuró una vívida imagen de sí misma con un bebé en brazos, y a su lado a Pedro, inclinándose para besarlo en la cabecita. Irritada por ese golpe bajo de su imaginación caprichosa, alzó la vista y le lanzó una mirada casi desafiante.


–Pero aún no me siento preparada para atarme y tener hijos – añadió–. Aunque estoy segura de que algún día sí los tendré, cuando encuentre al hombre adecuado.


Pedro se echó hacia atrás, con aire relajado, y eso la hizo sentirse aún más tensa.


–Ya. Y supongo que eso significa que todavía no lo has encontrado.


–Si lo hubiera encontrado no estaría aquí, ¿No crees? –le espetó ella.


Era una tonta. ¿Por qué respondía a sus provocaciones? Pedro la escrutó en silencio y se encogió de hombros.


–Pues no lo sé. A decir verdad, no me sorprendería nada que fuera así. Solo diré que, por mi experiencia, sé que las mujeres siempre estáis insatisfechas, ya sea con vosotras mismas o con sus vidas, y que serían capaces de hacer cualquier cosa para poner remedio a su aburrimiento.


–Esa es una visión muy cínica –le dijo ella ofendida.


Él volvió a encogerse de hombros y tomó un sorbo de vino.


–Es lo que pasa cuando creces viendo como hace agua la relación de las dos personas que son tu principal referente en la vida. Tiendes a volverte algo cínico.


La beligerancia de Paula se disipó al instante.


–Perdona. Sé que tus padres no se… Llevaban bien.


Pedro apretó los labios.


–Por decirlo suavemente –asintió–. Claro que, si hubiesen sido un matrimonio perfecto, no habría nacido mi hermana.


–Pues yo creo que fue un gesto altruista por parte de tu madre aceptar criar a Luciana como si también fuera hija suya –opinó Paula en un tono quedo.


Él hizo un ademán desdeñoso.


–Mi madre es una devota católica; si aceptó hacerse cargo de Luciana fue porque lo veía como un deber moral más que otra cosa.


Paula se quedó callada un momento, pero se sintió impelida a añadir:


–De todos modos, yo creo que la felicidad en el matrimonio sí es posible. En fin, no hay más que ver a Luciana y a Daniel…


–Sí, es verdad que se les ve felices –concedió él titubeante, y casi sorprendido. Sin embargo, a continuación sus facciones se endurecieron y añadió–: Pero yo hace mucho tiempo que me caí del guindo: Al descubrir lo manipuladoras que pueden llegar a ser las mujeres, y hasta dónde son capaces de llegar para conseguir lo que quieren.


A Paula se le encogió el corazón porque era evidente que estaba hablando de Estefanía, pero no le parecía justo que juzgase a todas las mujeres por el mismo rasero.



Pedro estaba increpándose para sus adentros por haber acabado hablando de lo que no quería hablar. Alzó la vista y sus ojos se encontraron con los de Paula. La veía como una mujer de mundo, una mujer con éxito y con confianza en sí misma, que sabía lo que quería. Era como él. Alargó el brazo y tomó su mano, deleitándose en la suavidad y la calidez de su piel.


–Claro que para las personas como nosotros las cosas son diferentes –le dijo–. Somos pragmáticos, y jamás nos dejaríamos embaucar por sentimentalismos.


A Paula le dolió que pensara que era como él. ¡Si supiera que Luciana siempre estaba pinchándola porque era una romántica sin remedio y por su instinto maternal! Quería preguntarle por su ex, si en algún momento, por muy breve que hubiese sido, Estefanía había logrado atravesar su coraza de cinismo y hacerle creer en el amor. Claro que, aunque así hubiera sido, teniendo en cuenta que lo había engañado con respecto a la paternidad de Catalina, únicamente se habría reafirmado en su mala opinión sobre las mujeres. Sería mejor no hacerle ninguna pregunta y seguir comiendo, pensó, aunque parecía haber perdido el apetito con aquella conversación. 


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