jueves, 6 de noviembre de 2025

Inevitable: Capítulo 51

Volvía por el pasillo con un vaso de agua en la mano, cuando vió a Sofía sentada en la sala de espera.


—¡Sofi! ¿Qué haces aquí, cariño?


—¡Mamá! —exclamó la niña, levantándose—. ¿Cómo está Pepe?


—Acaba de despertarse. ¿Cuánto tiempo llevas aquí?


—Un par de horas. Ignacio Simms llamó al colegio para contarme lo que había pasado, y pensé que a lo mejor te vendría bien tener compañía. Pero te ví dormida y no quise despertarte. ¿Cómo estás?


—¿Yo? 


—Sí, tú. No creo que esto sea fácil para tí, mamá. Después de lo que le pasó a papá…


Paula se pasó una mano por los ojos. ¿Cuántas veces iba a llorar aquel día?


—¿Cuándo te has hecho mayor, cariño?


—No lo sé —sonrió Sofía—. Pero sí sé una cosa: Estás enamorada de Pepe. Y no me digas que no, porque sé que es así. Cuando volví a casa te noté… Diferente. Y a él también. Ví cómo te miraba… Como en las películas de amor.


El corazón de Paula latía con fuerza mientras miraba los ojos de Sofía, tan parecidos a los de su padre.


—¿Y qué te parecería eso?


—Genial. Llevas demasiado tiempo sola. Y me gusta Pepe. Además, ha detenido a Pablo Harding, ¿no?


—Sí, sí, lo ha hecho.


—Pues si lo dejas escapar, es que eres tonta…


Paula no pudo evitar una sonrisa.


—¿Ah, sí?


—¿Crees que podría entrar a saludarlo antes de volver al colegio? Tengo una clase a las ocho de la mañana.


—Sí, creo que estaría bien.


Entraron juntas en la habitación, Paula sujetando el vaso de plástico y Sofía con las manos en los bolsillos de los vaqueros.


—Hola, Pepe. ¿Cómo estás?


—No estoy mal —contestó él.


Sofía se acercó a la cama, e inclinó la cabeza para darle un beso en la mejilla.


—Sólo quería entrar un momento antes de volver al colegio. Pero volveré mañana. ¿Quieres que te traiga algo? Lo único peor que la comida del colegio es la comida del hospital, pero puedo comprarte unos pasteles o algo…


Paula tragó saliva. Parecían una familia. Pero ella había rechazado a Pedro unas horas antes… ¿La creería ahora que estaba dispuesta a decirle la verdad?


—Tráeme unas natillas de chocolate —dijo él—. Me encanta el chocolate. 

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