¿Por qué no podía verlo ella? Claro que después de lo que había pasado, no podía negar que tenía razón: Su trabajo era arriesgado. Y sabiendo lo que le había ocurrido a su marido, podía entender que Paula no quisiera saber nada de él. Haciendo un esfuerzo, movió una mano hasta que pudo tocar el sedoso pelo oscuro. Esa mañana le había dicho que nunca querría a nadie como había querido a su marido, pero no fue eso lo que lo hizo marcharse sin protestar. Había sentido su desesperación, su pánico, y sabía que no podía presionarla. No era justo después de todo lo que había tenido que pasar. Pero allí estaba, a su lado. Y podía imaginar lo difícil que había sido para ella ir al hospital.
—Paula… —consiguió decir.
Ella levantó la cabeza, con una mejilla roja por la presión de la sábana.
—Pepe.
En cuanto pronunció su nombre sus ojos se llenaron de lágrimas. Para Pedro, nunca había estado más preciosa. Su voz era suave, musical. La había oído mil veces en su cabeza, como si fuera su canción favorita, una de la que no se cansaba nunca.
—¿Qué estás haciendo aquí?
Paula apretó su mano.
—Me ha traído Ignacio. Estás en el hospital de Edmonton. Te han disparado.
—¿Y Harding?
—Está en la comisaría de Mountain Haven. Ignacio ha estado aquí, pero se marchó hace unas horas. Volverá por la mañana.
—Siento mucho haberte dado un disgusto, pero me voy a poner bien. No tienes que quedarte.
—Intenta librarte de mí, y ya verás lo que pasa…
Paula sonrió al ver que se quedaba boquiabierto, y esa sonrisa le dió esperanzas.
—No pienso librarme de tí mientras tú quieras estar conmigo… El tiempo que desees.
—¿Qué tal te suena «Para siempre»?
Tuvo que reírse al ver su expresión. Pero había tenido mucho tiempo para pensar, para llorar, para preocuparse, para hacerse preguntas… Y cada vez aparecía la misma respuesta: Estar con Pedro, aunque sólo fuese una hora, era mejor que no estar con él.
Él hizo entonces una mueca de dolor, y Paula se levantó asustada.
—Voy a llamar a la enfermera para decirle que estás despierto.
—No, espera… Si llamas a la enfermera volverán a dormirme, y quiero verte.
Paula apretó los labios, emocionada. Quería besarlo, pero no sabía si debía hacerlo.
—Deja que te traiga un poco de agua, al menos. Necesitas líquidos, me lo ha dicho el médico.
—Muy bien. Pero vuelve pronto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario