martes, 25 de noviembre de 2025

Curaste Mi Corazón: Capítulo 14

Escrutó el rostro de Pedro, que se quedó mirándola en silencio. Sabía lo protector que era con su hija. ¿Acaso no confiaba en ella?, se preguntó dolida.


–No me importaría tener una excusa para disfrutar de unos días más en Madrid –añadió–, y pasar algo más de tiempo con Catalina.


Paula había vuelto a sorprenderlo al ofrecerse a quedarse con Catalina. Después de su divorcio, algunas de las mujeres con las que había estado le habían dado a entender que querrían conocer mejor a su hija para ganársela. Y, como con ellas, su primer impulso habría sido responder con una negativa al ofrecimiento de Paula, pero de inmediato se impuso la impresión de que a ella sí podía confiarle a su hija. Y eso también lo sorprendió. Ella vió que estaba sopesándolo, y aunque no sabía por qué, se sintió en la obligación de insistirle de nuevo.


–Venga, Pedro, no tienes otra elección. Es imposible que con tan poco tiempo encuentres a alguien de confianza con quien dejar a Cata.


Pedro sabía que tenía razón, y desde luego ella no era una extraña, pero… Paula estaba preguntándose qué estaría pensando él cuando de repente dió un paso hacia ella y la miró suspicaz, ladeando la cabeza.


–No estarás haciendo esto para evitarme, porque te he dicho que mañana voy a Nueva York, ¿Verdad, Paula? ¿O es que crees que ofreciéndote conseguirás hacerte un hueco en mi vida?


Paula apretó los puños, dolida e irritada por su arrogante suposición.


–No, Pedro. Lo creas o no, lo único que pretendo es ayudar.


La suspicacia asomó de nuevo a los ojos de él, que dió un paso más hacia ella y deslizó un dedo por su mejilla hasta llegar a la mandíbula. Paula reprimió el impulso de girar la cara hacia su mano y ronronear como un gato. ¿Cuándo se había vuelto tan sensible esa parte de su cuerpo?


–Bien –murmuró Pedro–, porque tenía pensado invitarte a cenar cuando estuviéramos en Nueva York. Ya hablaremos de eso cuando vuelva.


Fue a ella entonces a quien la asaltaron las sospechas. Se acordó de la repentina llamada de Jimena, diciéndole que le había conseguido una sesión de fotos en Madrid y que sabía que era precipitado, pero que era una buena oportunidad que no podía rechazar. Apartó la mano de Pedro de su rostro y lo miró airada.


–No habrás tenido nada que ver con que mi agente me enviara de improviso aquí para una sesión de fotos, ¿Verdad?


Pedro se cruzó de brazos y la miró con una sonrisa socarrona antes de encogerse de hombros.


–No… Exactamente.


Paula se cruzó de brazos también.


–¿Qué quieres decir?


Él entornó los ojos.


–Pues que puede que le hablara bien de tí al director de la marca Baudé, que resulta que es amigo mío. Sabía que estaba buscando una modelo con un perfil determinado…


Paula no se podía creer lo que estaba oyendo. Solo una semana después de que se encontraran en San Francisco, había conseguido arrastrarla por medio mundo hasta Madrid. Lo único que le había faltado era que la hubiesen envuelto en papel de regalo con un lazo rojo y la hubiesen dejado en la puerta de su casa.


–¿Cómo te atreves a utilizarme así? No soy un peón que puedas mover a tu antojo ni…


El irritado torrente de palabras de Paula se detuvo cuando Pedro la tomó de la mano y se le disparó el pulso.


–Paula, sabes que te deseo –le dijo–. Haré lo que sea para convencerte de ello y conseguir que admitas que tú también me deseas.


–Pero… pero… –balbució ella–. Eso es… Maquiavélico.


Pedro se acercó aún más a ella y se llevó su mano a los labios para depositar un beso en la cara interna de la muñeca.


–No, se llama deseo. Y es un deseo que llevo reprimiendo mucho, mucho tiempo…


–Pedro… –musitó ella–. De eso hace años… Y fue solo un beso… Además, ya no somos los mismos que éramos entonces…


–Entonces, ¿Por qué parece que fue ayer, y que fue más que un simple beso?


Sí, eso era lo que parecía, pero ella no había podido quitárselo de la cabeza, mientras que él se había casado y había tenido una hija. La había olvidado. Hasta ese momento. Lo que no sabía era por qué. ¿Porque estaba aburrido, o porque lo intrigaba lo que se había perdido? Paula intentó liberar su mano, pero él se negó a soltarla. Lo miró a los ojos, furiosa.

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