martes, 16 de septiembre de 2025

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 48

Paula se había quedado entumecida. Sinceramente, no creía que nada del pasado pudiera volver a hacerle daño, pero se había equivocado por completo. Tenía recuerdos borrosos de lo que había pasado la noche de la gala, pero al oír la versión de Gonzalo, lo había recordado todo. En aquel momento, sin embargo, le daba fuerzas el hecho de saber que estaba rodeada de su familia y protegida. Y los malos recuerdos que tenía de Javier no eran tan duros como habrían sido de no haber transcurrido tanto tiempo. Tal vez su cerebro estuviera haciendo todo lo posible por protegerla.


—¿Estás bien? —le preguntó Gonzalo.


—No lo sé.


—¿Puedo ayudarte en algo?


—No, en nada. Esto es algo que tengo que resolver por mí misma.


—Detesto todo esto. Quiero hacer algo para arreglarlo. Siento muchísimo haber tenido que sacar a relucir la noche de la gala. ¿Quieres que llame a Melisa o a tu psicóloga?


Su hermano mayor estaba tratando de protegerla y ella necesitaba hablar con alguien, pero en aquel momento lo único que quería era quedarse allí sentada y llorar. Era casi lo mismo que había sentido cuando despertó del coma…


—Creo que Pedro era el hombre que estaba conmigo cuando me desperté —dijo.


Gonzalo entrecerró los ojos y, después, asintió.


—Creo que tienes razón. ¿Qué estaba haciendo él en tu habitación?


—Una cosa más que tengo que preguntarle —respondió ella.


—Una parte de esto es culpa mía —dijo Gonzalo—. Si yo no hubiera destruido Morales Industries, Pedro no se habría vengado.


—¿Por qué dices que es culpa tuya?


—Yo fui el que destruyó Morales Industries. Cuando ellos intentaron dejarlo todo atrás, yo hundí su negocio.


Ella le apretó la muñeca a su hermano. No sabía qué decir, no podía justificar los actos de su hermano, como no podía justificar los de Pedro. Los dos habían reaccionado con ira a una catástrofe horrible. Sería fácil atribuirle toda la culpa a Javier, pero ella sabía que no todo era blanco o negro.


—Siento haber tenido un papel en todo esto —le dijo Gonzalo.


—Ya lo sé. Nunca he dudado que todo lo que has hecho por mí estos años está basado en el amor.


—Eso es cierto, pero yo no tenía que haber hecho lo que le hice a la familia de Pedro. ¿Vas a…?


—¿A qué?


—A reconciliarte con él.


—No estoy segura. Estaba empezando a sentirme como si me hubiera encontrado a mí misma. Ahora me pregunto si he pasado por alto algunas señales de que Pedro no estaba siendo sincero porque quería que él fuera alguien que no es.


—Eso lo dudo. Él no estaba intentando engañarnos intencionadamente. A todos nos cae bien. Así que, aparte de no decirnos que es el hermano de Javier, no puedo culparlo de nada. Claramente, él no tenía ni idea de que su hermano fuese capaz de hacer algo así. Yo lo entiendo.


Ella cerró los ojos. También lo entendía, pero Pedro había mentido.


—Aunque también entiendo que eso no lo arregla todo —prosiguió Gonzalo.


—No. No estoy segura de qué va a suceder entre Pedro y yo.


—Lo resolverás.


—Quizá… Ahora, Gonza, ¿Te importaría marcharte? Tengo que estar sola para poder pensar. 


Gonzalo cabeceó y se puso en pie. Se inclinó para abrazarla.


—Vendré a cenar con todos los demás, si te parece bien.


—Claro. Y cuéntales lo que ha pasado.


—No. Eso debes hacerlo tú. Yo solo voy a decirles que necesitas a tu familia.


Era cierto, los necesitaba. 


Después de que Gonzalo se marchara, ella se quedó sola en aquella casa. Pedro la había ayudado a renovarla y convertirla en su hogar, y lo veía en todas partes. Se le llenaron los ojos de lágrimas. No sabía qué iba a hacer, pero, en el fondo de su corazón, sabía que, a pesar de su mentira, él la había ayudado a sanarse.


No Esperaba Enamorarme: Capítulo 47

Pedro no quería marcharse hasta haber podido hablar con Paula, pero, por su expresión, estaba claro que quería que se marchara. La tía Liliana salió de la casa y, como ella no lo miraba a la cara, él respiró profundamente.


—Siento que hayas tenido que enterarse de esta forma.


—¿Pero no sientes habérmelo ocultado?


—No. No te conocía bien. Ni a Gonzalo, ni a nadie de la familia Chaves, salvo por lo que me había dicho la tía Liliana y lo que había observado en el mundo de los negocios. Eras una extraña para mí.


—Sí. Una extraña que se te acercó y te pidió que fingieras que eras otra persona. Pero dejamos de fingir en el momento en que empezaste a acostarte conmigo. Creo que debías haberme dicho la verdad.


Gonzalo se puso más tenso aún y Pedro se dió cuenta de que no quería mantener aquella conversación con Paula delante de su hermano. Sin embargo, no iba a escabullirse en aquel momento.


—Tienes razón. Cuando encontré la carta de tu abuelo entre los papeles de mi padre, me di cuenta de que no todo lo que yo creía era cierto. Te creí a tí. Todavía te creo. Pero aceptar que alguien a quien quieres pueda agredir así a otra persona…


Gonzalo se frotó la nuca.


—Esto es muy complicado, y no creo que podamos resolverlo…


—No, no vamos a resolverlo —dijo Paula.


—Deja que termine lo que quiero decirte y me marcho —dijo Pedro—. A nosotros no nos habían contado nada de lo que te hizo mi hermano y, cuando tú me lo contaste, no supe qué hacer. Dejé de pensar en la venganza y quise respuestas. Sabía que no podía tener un futuro en común contigo si no se aclaraba todo. Quería saber todo lo ocurrido para poder hablar contigo de ello sin hacerte daño de nuevo. 


—Estoy de acuerdo —dijo Gonzalo—. Tú y yo tenemos que hablar de negocios, pero este asunto con mi hermana… Tú tendrás que arreglarlo. Es lo único que se me ocurre para no patearte por haberle mentido y haberla utilizado.


—No la he utilizado. Puede que no te lo haya dicho todo, Paula, pero nunca te he engañado. Tú eres la primera persona con la que me he sentido verdaderamente completo, y siento muchísimo haberte hecho daño. 



Sabía que no había nada más que pudiera decir por el momento, así que salió de la casa. Su tía estaba esperándolo en el coche y bajó cuando él se acercaba.


—Ya era hora de que vinieras. Tenemos que hablar.


—Es cierto —dijo él.


Entraron en su casa y se sentaron en el salón. Él miró a su tía. Algo de la arrogancia y del orgullo que siempre habían formado parte de su carácter se había apagado un poco. Parecía que se había quedado un poco angustiada. Él sentía lo mismo.


—Siento haber hecho las cosas a tu espalda —le dijo ella—. Me daba miedo que estuvieras olvidándote de tu familia, pero me he dado cuenta de que no era cierto. Tu hermano se comportó de un modo abominable. No podré perdonar nunca lo que nos hizo Gonzalo Chaves, pero, por primera vez, creo que lo entiendo.


—Gracias por la disculpa. Yo nunca podría olvidarme de tí, tía Lili, nunca. Eres la única persona que ha estado a mi lado durante estos diez últimos años. Pero le has hecho daño a Paula intencionadamente, y eso me va a costar perdonártelo.


—Lo entiendo. Espero que puedas hacerlo. Eres lo único que tengo —dijo ella, con la voz quebrada.


—¿Sabía mi padre todo esto? No es posible…


—No, no creo. Él no estaba contento con la oferta de los trabajos en Boston, pero estaba preparándose para mudarse y ocupar el puesto. Cuando le retiraron la oferta, se quedó destrozado. Nos pareció un acto muy cruel por parte de los Chaves justo después de la muerte de Javier.


Sabiendo solo lo que ellos tres sabían en aquel momento, era lógico que les hubiera parecido cruel. Él estaba muy triste y enfadado por lo que había hecho Javier. Y había comprendido por qué su padre empezó a beber. 


—Siento haberte traicionado con Paula. Si hubiera sabido lo que hizo Javier… —dijo su tía, y se echó a llorar.


Él se sentó a su lado y la abrazó.


—¿No hay nada que pueda hacer para arreglarlo? —le preguntó su tía, esperanzadamente.


—No estoy seguro. Lo único que sí sé es que yo voy a hacer todo lo posible por recuperar a Paula.


—Yo volveré a pedirle disculpas —dijo su tía.


—Creo que va a hacer falta algo más que eso.


—Solo dime lo que necesitas y lo haré —le prometió ella.


No Esperaba Enamorarme: Capítulo 46

 —¿Pedro? Te he preguntado quién eres.


—Legalmente soy Pedro Alfonso, pero mi apellido de nacimiento es Morales. Tuve que cambiármelo después de que Chaves International destruyera Morales Industries. No me daban ningún préstamo para negocios y nadie quería darme trabajo —dijo Pedro. Su voz no estaba modulada por ninguna emoción. Simplemente, explicó los hechos.


—¿Lo ven? —dijo Liliana—. Ustedes quieren culpar a Javier de todo lo que ocurrió, pero nos dejaron en la ruina.


—Javier los arruinó —respondió Gonzalo—. Se comportó horriblemente mal cuando le dijeron que le habían dado un trabajo en Boston. Tu padre y él no querían eso, querían dirigir la fábrica aquí. Pero no era factible económicamente.


—¿Paula? —dijo Pedro, mirándola.


—No me importan los negocios —dijo ella—. Detesto que me hayas mentido, que no me dijeras quién eras en realidad.


—No quería hacerte daño otra vez. ¿Cómo podía beneficiarte en algo saber que yo soy hermano de un hombre que te hizo tanto daño?


—No me habría beneficiado en nada, pero tú tenías que decírmelo. Tenías que haber sido sincero conmigo cuando llegaste aquí.


—No podía. Toda mi vida he estado oyendo la misma versión de lo que ocurrió la noche de la gala. Y sufrí de primera mano los actos de Gonzalo, así que eso era lo único que sabía con certeza.


—¿Qué es lo que te dijeron sobre la gala? —inquirió Gonzalo.


—Que mi padre y mi hermano asistieron esperando que se anunciara que eran los nuevos propietarios y directores de la fábrica —respondió Pedro—. Pero, en vez de eso, su abuelo les dijo que estaban despedidos porque la fábrica cerraba.


Se pasó las manos por el pelo, con un gesto de angustia, y movió la cabeza.


—Pero ahora sé que no es cierto. Entre los papeles de mi padre encontré una carta en la que vuestro abuelo les ofrecía un trabajo en las oficinas de Boston con un generoso salario —dijo, y se giró hacia su tía—. En ese momento, yo pensé que tú no sabías de la existencia de esa carta, pero ahora no estoy tan seguro. ¿Lo sabías? 


Ella se encogió de hombros.


—No fue lo que les prometieron. Ellos querían la fábrica, no seguir trabajando para Chaves. 


—Tía Liliana, nosotros les hemos hecho ofertas parecidas a nuestros empleados en otras situaciones —le recordó él. Después, se volvió hacia Gonzalo—. Teniendo en cuenta eso, quería preguntarles a Rosrigo y a tí lo que ocurrió en la gala, lo que le ocurrió a Paula. Yo no sabía… Nosotros no sabíamos que Javier se había comportado de esa manera.


—¿Estás seguro de que hizo lo que están diciendo? —preguntó Liliana.


—Sí, tía Liliana. Puala dice la verdad. Javier la agredió.


—Entonces, en nombre de nuestra familia, por favor, acepta nuestras disculpas —dijo Liliana, que se había quedado horrorizada al conocer aquellos detalles. 


Gonzalo se metió las manos en los bolsillos.


—Ustedes no podían saber nada de esa agresión, solo Javier. Tu padre se había marchado más temprano aquella noche.


—¿Qué ocurrió? —preguntó Paula—. Tengo solo un recuerdo parcial. Y no me refiero solo a lo que ocurrió con Javier y conmigo, sino a lo de después.


—Rodrigo se abalanzó sobre Javier y se lo quitó de encima a Paula. Yo llegué y aparté a Rodrigo, y mi abuelo llegó detrás con otros invitados — explicó Gonzalo—. El abuelo se quedó espantado con el espectáculo y nos ordenó que fuéramos al estudio. Nos preguntó qué había ocurrido y Javier dió a entender que Paula se le había insinuado… Y nos peleamos. El abuelo quiso quería que nos disculpáramos y que Javier y Paula se mostraran amigables en público para que pareciera que todo iba de maravilla. Nos negamos y nos fuimos.


Gonzalo le apretó el muslo porque notó que ella estaba temblando. Se le estaban cayendo las lágrimas. Las imágenes se sucedían y se entremezclaban en su cabeza.


—Javier nos siguió maldiciendo a los Chaves. No sé si perdió el control del coche o nos embistió a propósito, pero golpeó la parte trasera de mi coche cuando estábamos en el pueblo. Los dos coches volcaron y rodaron. Rodrigo salió despedido del nuestro porque no llevaba el cinturón de seguridad. Paula quedó inconsciente. Yo salí cuando llegaban los vehículos de emergencias. Tu hermano estaba malherido.


Gonzalo la abrazó, porque estaba temblando. Liliana y Pedro se miraron. Se habían quedado pálidos.


—Creo que deberían irse —dijo Paula.

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 45

Después del accidente, Gonzalo estaba herido y furioso. A ella le alegraba que la hubiera cuidado y protegido mientras estaba en coma, y entendía cómo funcionaba la cabeza de su hermano. Pero luego estaba Pedro, a quien ella conocía y que le había mentido. Nunca había mencionado que era familiar del hombre que había provocado el accidente que había cambiado sus vidas. También había sido muy duro para él y quería ser comprensiva, pero estaba herida. Entonces, recordó lo difícil que era para él hablar de la pérdida de su hermano y de su padre. ¿Había algo más, aparte de lo que le había dicho su tía? ¿Podía creer lo que acababa de contarle Liliana por delante de lo que siempre le había dicho Gonzalo?


—Lo siento, Liliana, pero no me creo esto —dijo.


—Es cosa tuya, querida, pero es la verdad. A lo mejor deberías preguntárselo a tu hermano.


—Es lo que voy a hacer —dijo ella, y envió un mensaje a Gonzalo para pedirle que fuera a visitarla. Éste contestó enseguida.


—Mi hermano viene de camino.


Paula dejó el teléfono. Quería llamar a Pedro para preguntarle si era cierto lo que estaba diciendo su tía. ¿Acaso él había entrado en su vida solo para utilizarla? No estaba segura de si le había dado alguna información que él pudiera utilizar para hacerle daño a Gonzalo… Se quedó esperando a su hermano mientras trataba de recuperarse de aquel golpe. Quería estar viva y sentir todas las emociones, pero solo había visto la parte buena y feliz de enamorarse. Nunca se había parado a pensar en que el amor también podía hacer daño. No tanto. 


Pedro recorrió la mitad del camino hasta Boston antes de darse cuenta de que la reunión no era urgente y de que podía ir a comer con Paula y con su tía Lili, después de todo. Su tía había estado un poco extraña desde que le había presentado a Paula. Lo llamaba todos los días y pasaba a menudo por la oficina. Él sabía por qué: tenía miedo de que él la abandonara, cosa que no iba a hacer nunca. Aquel día, sin embargo, había decidido aclararlo todo. La noche anterior, con Paula dormida entre sus brazos, por fin había reconocido que la quería y quería estar con ella todo el tiempo. Tenía que solucionar el problema de la historia pasada de sus familias para que pudieran tener un futuro común, y en eso estaba concentrado. Dejó la autopista y se dirigió a Chaves Corners. Estaba nevando ligeramente y el pueblo estaba cubierto con un suave manto blanco. Tenía sentimientos contradictorios hacia aquel pueblo y nunca hubiera pensado que se convertiría en su hogar, pero era así, y era así por Paula. Cuando llegó a su casa, se dio cuenta de que el coche de su tía Lili estaba en la calle de entrada, pero, también el coche de Gonzalo. Él estacionó delante de su propia casa y se encaminó hacia la de Paula rápidamente. Sentía pánico y salió corriendo hacia la puerta. Al entrar, oyó una discusión, y la voz de Paula era la más alta de todas.


—No sé lo que te dijo tu hermano, Liliana, pero Javier fue el hombre que me agredió aquella noche.


—¡Y lo pagó con su vida! —respondió Liliana—. ¿Estás segura de que no se trató solo de que estabas muy nerviosa? Mi sobrino nunca había tenido que obligar a una chica a nada…


—Tenía el vestido roto, los pechos desnudos y él le había hecho moretones y marcas en la piel —dijo Gonzalo con frialdad.


Pedro recorrió el pasillo a toda velocidad y, cuando entró en la cocina, todos se volvieron hacia él. Paula lo miró a los ojos y él se dió cuenta de que estaba intentando averiguar si él conocía aquellos detalles. No, no lo sabía. Se sintió asqueado al oír los detalles de aquel ataque brutal.


—Pedro, me alegro de que estés aquí. Estamos intentando dilucidar si la muerte de tu hermano fue culpa suya —dijo su tía Liliana—. Como si su muerte no tuviera importancia o fuera merecida.


—Seguro que no están diciendo eso —respondió Pedro—. Hay mucha confusión en torno a esa noche.


—¿De verdad? —preguntó Paula en un tono áspero—. También hay confusión con respecto a quién eres tú. ¿Eres Pedro Alfonso o Pedro Morales?


Cuando Gonzalo entró en la cocina, quedó claro que a Liliana no le agradaba en absoluto. Él se acercó a ella y Paula vió, durante un breve instante, una faceta de su hermano que no conocía.


—Liliana Morales… ¿Tú eres la tía de Pedro? —preguntó.


Ella se había quedado escuchando a medias mientras aclaraban la situación y se dió cuenta de que Gonzalo y Liliana se conocían. Por poco realista que fuera, ella esperaba que Pedro se quedara asombrado con aquella conexión, y quiso preguntarle si sabía que su hermano la había agredido, pero no tuvo fuerzas para hacerlo. Quería estar a solas cuando hablaran. Necesitaba mirarlo a los ojos y escuchar lo que le dijera. 

jueves, 11 de septiembre de 2025

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 44

La tía de Pedro no era en absoluto lo que Paula se había esperado. Era tan elegante y sofisticada, que ella sintió que no estaba a la altura de la tía Liliana. De hecho, aquella mujer tenía algo que le recordaba a su abuelo. Él tenía unas reglas muy estrictas sobre todo lo que tenía que ver con mantener una imagen perfecta de los Chaves, y eso hacía que le resultara más fácil entender a la tía Liliana. Quería caerle bien a la única persona de la familia de Pedro, así que, cuando él tuvo que irse a trabajar fuera del pueblo, la invitó a comer. Pedro y ella cada vez estaban más unidos, tanto, que ella los había invitado a su tía y a él a la comida de Acción de Gracias en Chaves Manor. Rodrigo llevaba varias semanas trabajando en el menú y ella estaba impaciente por saber qué había pensado su primo. Llamaron a la puerta y ella fue a abrir. Caían algunos copos de nieve y la tía Liliana llevaba un abrigo de falsa piel de leopardo y un sombrero, además de unas botas de tacón de aguja. Ella estuvo a punto de disculparse, porque se había puesto sus mejores pantalones vaqueros de color negro y una blusa sencilla.


—Hola, Liliana. Me alegro muchísimo de que hayas podido venir hoy —dijo, mientras se hacía a un lado para cederle el paso.


—Por supuesto, cariño. No hubiera perdido la oportunidad de pasar un rato contigo —respondió la tía Liliana. 


Se quitó el abrigo y se lo entregó, y ella lo colgó en el perchero. Liliana dejó el sombrero en la consola de la entrada. Muy pronto estuvieron sentadas en la mesa de la cocina, conversando, mientras tomaban una quiche deliciosa cuya receta le había dado Rodrigo, con una ensalada y unas mimosas. Si había una ocasión en la que ella necesitara alcohol para mantener viva una conversación, era ésta. 


—Pedro me contó que han estado trabajando para renovar la casa. Es pintoresca.


—Gracias —dijo Paula—. Pedro ha sido de gran ayuda. Se le da muy bien ayudar sin tomar las riendas del trabajo. Ha sido muy importante para mí, porque me ha permitido terminar los proyectos a medida que iba recuperando las fuerzas.


—Sí, siempre ha sido muy bueno en eso. Cuando su hermano murió, Pedro volvió a casa con la intención de hacerse cargo de las cosas donde las había dejado Javier.


—¿Javier? No sabía que su hermano se llamaba así.


Javier Morales era su acompañante la noche de la gala de invierno. El hombre que se había emborrachado y estaba furioso, y no se había detenido cuando ella le había dicho que no quería mantener relaciones sexuales con él. Apartó la mimosa y se quedó mirando el plato. Paula no sabía que aquel nombre iba a causarle tanta impresión, pero le temblaban las manos. Tuvo que agarrárselas en el regazo.


—¿Estás bien, querida? —le preguntó Liliana—. Pensaba que sabías que Pedro era el hermano de Javier Morales.


Paula se quedó conmocionada.


—¿Cómo es posible? Pensaba que Pedro se apellidaba Alfonso.


—Tu hermano destruyó Morales Industries después del accidente —dijo Liliana—. Compró todas las acciones y la desmanteló. Pedro no tuvo más remedio que cambiarse el apellido por el de soltera de su madre y fundar una empresa nueva. La levantó de la nada.


Al enterarse de todo aquello, a Paula se le formó un nudo en el estómago.


—Pedro me dijo que su padre bebía mucho y que eso le causó la muerte, y que él tuvo que encargarse de la empresa.


—Es cierto. Después de que tu hermano le quitara todo. Supongo que te han mantenido en la ignorancia.


¿Era eso cierto? Gonzalo podía ser muy despiadado, pero ¿Había arruinado al padre de Javier porque su hijo la había atacado? No lo sabía, y tenía que hablar con su hermano. Era más fácil pensar en enfrentarse con Gonzalo que con Pedro.

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 43

Cuando volvía a casa de Paula corría un viento frío. Estaban a principios de noviembre y quedaba poco tiempo para el undécimo aniversario de la muerte de Javier, que había ocurrido un doce de diciembre. Era difícil asimilar que había pasado ya más de una década sin su hermano. La noche anterior era la primera vez que admitía que estaba viviendo la vida que le hubiese gustado vivir a Javier. Aunque, en el momento de su muerte, Javier y él no estaban muy unidos, así que realmente no sabía qué era lo que hubiese querido su hermano. Y, como había dicho Paula, ya era hora de que empezara a vivir su propia vida. Cuando entró en su calle, vió que el coche de su tía estaba estacionado frente a la entrada de su casa. Al verlo, ella salió del coche.


—Sobrino —le dijo.


—Tía Liliana. No te esperaba hoy —dijo él, mientras se acercaba y le daba un abrazo.


—Me lo imaginaba. Hace tiempo que no vas a Boston, y no me has contestado a los mensajes. Así que decidí venir en persona.


—Me alegro. Voy a abrirte mi casa y después le llevo este café a mi amiga.


—¿Qué amiga? —preguntó ella, mientras él abría la puerta con llave y le hacía un gesto para que entrara.


—Paula Chaves.


Su tía lo miró fijamente.


—Ah, entonces, ¿Sigues trabajando desde ese ángulo?


—No. No estoy haciendo nada. Me gusta esa chica, tía Lili. Además, tengo algunas preguntas sobre el papel de los Chaves en la desgracia de nuestra familia.


—De acuerdo. ¿Qué preguntas?


—Bueno, para empezar, a papá y a Javier les enviaron una carta diciéndoles que iban a cerrar la fábrica y ofreciéndoles un trabajo en Boston. Eso es diferente a lo que nos dijeron, y me pregunto si hay más cosas distintas.


Ella se cruzó de brazos. 


—Entiendo. Bueno, supongo que tendremos que hablar con la familia.


—Eso es lo que estoy pensando. Deberíamos conseguir su versión y ver dónde hay discrepancias.


—¿Y vas a hacer todo eso por la chica?


—Es una mujer y estamos saliendo. Me gusta mucho, tía Lili.


Su tía lo miró durante un largo instante. Después, asintió y sonrió.


—Ya era hora de que empezaras a salir con alguien en serio. Me encantaría conocerla.


Pedro exhaló un largo suspiro. No se había dado cuenta de que estaba conteniendo la respiración, pero tenía mucho miedo a que la tía Liliana no quisiera que él saliese con Paula. Sin embargo, su tía estaba feliz. ¿Quién iba a saberlo?


—Sé que ella también quiere conocerte. La familia es muy importante para ella.


—Como para todos los demás —le recordó su tía—. Nosotros solo nos tenemos el uno al otro. Esa pobre mujer quedó en coma, y su primo, destrozado. Me parece que nuestras dos familias sufrieron un gran golpe aquella noche, a causa de las decisiones de Gonzalo.


Cuanto más conocía a Gonzalo, menos le parecía que aquello fuera cierto, pero no respondió.


—Yo no le he contado a Paula que Javier era mi hermano —dijo.


—Seguramente, es lo más inteligente por ahora —dijo su tía—. Pero ¿Qué vas a hacer? No puedes estar disimulando de por vida.


—No. Tengo pensado contárselo todo muy pronto. El miércoles tengo una reunión con Rodrigo y con Gonzalo, y voy a preguntarles lo que ocurrió la noche del baile. Ya te conté que a Paula la agredió su acompañante, y necesito averiguar si fue Javier.


Ella entrecerró los ojos.


—Tu hermano siempre fue honorable. Estoy segura de que los Chaves están equivocados.


Eso esperaba, pero no sabía si alguno de ellos era un mentiroso. Ni siquiera el viejo Chaves, que era un arrogante y había cerrado la fábrica sin previo aviso. Pero, aun así, no había mentido.  El único que le había mentido en todo aquel asunto había sido su padre. Y tampoco estaba seguro de si su padre había mentido o él mismo había interpretado mal lo que le había dicho. Había muchas cosas que aclarar, pero merecía la pena si, con ello, Paula y él podían estar juntos. Dejó a su tía en casa y se dirigió a casa de Paula. Ella le había dicho que quería conocer a su familia, pero él no sabía si estaría preparada para que sucediese aquella mañana. La tía Liliana era intensa y él no se lo había advertido a ella todavía.

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 42

Paula se dió cuenta de que no podía cambiar lo que iba a suceder entre Pedro y ella, por mucho que le preocupara o por muchos planes que hiciera. El accidente había sido una prueba fehaciente de que su vida estaba en un camino que ella no había elegido, en realidad. Sin embargo, podía aprovechar el viaje al máximo. Pedro la levantó de su regazo y la sentó en el sofá, junto a él, cuando sus muslos comenzaban a temblar.


—¿Estás bien? —le preguntó con ternura.


—Sí. Creo que mis muslos lo van a sentir mañana —dijo ella, sonriendo.


Se colocó la ropa mientras Pedro la miraba.


—Eres tan preciosa…


Ella se ruborizó.


—Tú, también.


—Gracias. No sé si alguien me había dicho eso alguna vez.


Ella se echó a reír. Pedro le parecía precioso, sí, pero también había algo rudo y grave en él.


—Me alegro —le dijo.


Él la tomó en brazos y la llevó hacia el dormitorio.


—¿Te vas a quedar esta noche?


—A menos que tú no quieras…


—Sí, claro que quiero.


Cuando se acostaron y ella se había acurrucado contra él, notó que Pedro le acariciaba el pelo.


—Vivo en una mansión grande de las afueras de Boston. Mi padre soñaba que viviríamos en una casa así antes de que todo se viniera abajo — le explicó—. No es muy personal. Contraté a un estudio para que hiciera la decoración y, cuando estoy allí, solo voy a dormir. Como de pie en la cocina.


—Pues no parece que esa casa sea para tí.


—¿No? Yo me imaginé que es el tipo de casa para que viva un consejero delegado.


—Como me pasa a mí con Chaves Manor. Debería encajar ahí, pero no encajo.


—Me alegro. Me gusta esta versión de Paula.


—A mí, también.


—¿Y qué tipo de casa crees que encajaría contigo?


—No estoy seguro. Me gusta tu casa y todo lo que hemos hecho para convertirla en un hogar. Pero no me gustan las antigüedades tanto como a tí.


—¿Por qué no?


—Me parecen demasiado lujosas.


—¿Demasiado lujosas? Acabas de decir que eres consejero delegado. Puedes tener lo que quieras. Has trabajado mucho y te lo mereces.


Él exhaló un largo suspiro.


—No creo que me lo merezca. Estoy en el camino que mi padre quería para mi hermano.


—Pues seguro que los dos se sienten orgullosos de tí. Ya es hora de que empieces a vivir tu propia vida.


—No sé cómo hacerlo.


—Bueno, pues resulta que yo tengo un poco de experiencia en eso. Puedo ayudarte.


—¿Lo harías?


—Sí, claro que sí. Es lo menos que puedo hacer por tí, Pedro, para compensarte por todo lo que has hecho tú por mí.


Entonces, el la besó, y volvieron a hacer el amor. Después se quedaron dormidos y, por una vez, ella no estuvo soñando con las cosas que nunca había podido tener, sino que soñó con él y con el futuro que les aguardaba.


Pedro dejó a Paula durmiendo y fue a la cafetería Nancy's a comprar bollos y café para los dos. No quería pensar demasiado en que la noche anterior había tomado una decisión muy importante para su futuro; no estaba seguro de lo que iba a pensar su tía al respecto, pero tendría que hablar con ella para decirle que ya no tenía intención de destruir a la familia Chaves.