jueves, 4 de septiembre de 2025

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 35

Él se volvió hacia Rodrigo. Le costaba identificar al tipo que era tan dulce y afectuoso con su prometida con el tipo que le había lanzado miradas fulminantes y que había intentado intimidarlo dentro de la cafetería.


—Bueno, y ¿Cómo se conocieron? —le preguntó a la pareja.


—Lo desafié en su programa de cocina —dijo Vanina.


—¿Y quién ganó?


—El chef con estrellas Michelin —dijo Rodrigo secamente.


—Pero yo también gané, porque conseguí que Rodri volviera aquí y rompiera la maldición.


Pedro no estaba tan seguro de que aquella maldición se hubiera roto. Aún había muchas cosas sin resolver con respecto a aquella familia. Y, aunque los Chaves hubieran podido ser la causa de la maldición del pueblo, él sabía que su propia familia también tenía un papel en todo aquello. Cambiaron de tema de conversación y empezaron a hablar de Chaves Corners. A Pedro le sorprendió saber que Rodrigo y Vanina estaban haciendo mucho trabajo en el pueblo. Había oído hablar de su programa de televisión y sabía que lo grababan allí, pero no sabía que ellos estaban renovando casas.


—Mi empresa también está desarrollando propiedades —dijo Pedro—. Estoy interesado en rehabilitar la zona de la antigua fábrica.


Cuando había empezado a ayudar con el centro cívico, con Paula, se había dado cuenta de que había más sitios y proyectos a los que podía dedicar sus conocimientos y experiencia. Y quería… Necesitaba hacer algo bueno en Chaves Corners. No solo por Paula, sino por su padre y su hermano.


—Nosotros, también —dijo Rodrigo—. Hasta ahora hemos utilizado parte del espacio para la grabación de nuestros programas, y yo estoy trabajando en una cocina de pruebas y enseñanza en otra parte del espacio. ¿A qué se dedica tu empresa?


—Desarrollamos áreas degradadas, pero no para su gentrificación, sino para crear entornos que sirvan a la comunidad que ya vive y trabaja allí. Sé que suena impreciso, pero, realmente, depende de lo que necesite cada ciudad. He estado investigando en Chaves Corners y creo que hacen falta espacios de oficinas compartidas para poder alentar a la gente a quedarse aquí, en vez de mudarse. 


Rodrigo terminó su chili y se reclinó en la silla con los brazos cruzados.


—Estoy de acuerdo. No tenemos por qué traerlo todo aquí, pero, con el nuevo entorno de trabajo que se ha creado, necesitamos tener una estructura ya establecida para que sea factible. Gonzalo y yo hemos estado trabajando con el ayuntamiento para aumentar la fibra y la banda ancha hasta que sean las mejores disponibles.


—Es un buen comienzo —dijo Pedro.


—Sí. La semana que viene vamos a reunirnos para repasar los detalles, y cabe la posibilidad de que necesitemos más socios locales. ¿Te gustaría unirte a nosotros? —le preguntó Rodrigo.


—Sí, sería genial.


Mientras respondía, se le aceleró el pulso. Sabía que una colaboración con los Chaves sería algo muy difícil de explicar a su junta directiva y a la tía Liliana. Llevaba mucho tiempo concentrado en arrebatarle negocios a Chaves International y, de repente, se asociaba con ellos… Bueno, tendría que dar algunas explicaciones. Sin embargo, no podía negarse a aquello. Quería conocer mejor a los hombres de la familia Chaves, no solo para responder a sus propias preguntas, sino, también, por Paula. Quería encontrar la forma de poder decirle quién era y le parecía que aquella era la única.


—Genial. Te enviaré un mensaje con los detalles —dijo Rodrigo.


Terminaron de comer y se despidieron. Mientras acompañaba a Paula a su casa, notó que estaba muy callada.


—¿Estás bien?

—Sí, ¿Y tú?


Él asintió, pero no estaba seguro. No lo estaría hasta que encontrara la forma de tener a Paula en su vida para siempre.



Era el sábado antes de Halloween y Paula estaba muy emocionada por recibir a sus amigos y familia en casa, junto a Pedro. Le había dicho que invitara también a sus amigos, pero él le respondió que, fuera del trabajo, no tenía muchos.


—¿Estás segura de esto? —le preguntó él cuando salió de su dormitorio disfrazado de Rick.


A ella le encantaban la camisa ajustada de él y su propia blusa de mangas globo. Pedro estaba muy elegante.

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 34

 —Sí, como si fuera un tercer grado. Cuando le dije que deberíamos dejarlos solos, me clavó su mirada de la Guarida de la Bestia —le explicó Vanina, y dió un resoplido—. Ya sabes cómo es.


—Bueno, no importa. Creo que Pedro le va a parecer un gran tipo.


—No tengo ninguna duda de que lo es, pero Rodri no lo va a ver tan fácilmente—. Si se pasa de la raya, le daré una buena patada por debajo de la mesa.


Paula se echó a reír. Su primo Rodrigo medía un metro noventa y cinco y Vanina, treinta centímetros menos. Conrad parecía una persona feroz, con las cicatrices de la cara y todos los tatuajes que tenía, pero ella sabía que, en el fondo, era un blando.


—Espero que no haya que llegar a eso.


—Ya veremos qué pasa.


—¿Están bien?


—Sí, sí. Es solo que… Yo estoy acostumbrada a llevar las riendas y Rodri, también. Además, se acerca Halloween, que es cuando me agredieron, y estoy nerviosa. Creo que eso le pone nervioso también a él.


Paula sabía que Vanina había sufrido una agresión durante una de sus citas y, aunque eso había sucedido hacía años, su amiga aún tenía las cicatrices. En cierto sentido, era una bendición haber estado diez años en coma, porque el incidente con Javier era algo muy borroso para ella. La noche de la gala era como una pesadilla, en vez de un recuerdo verdadero.


—Estoy pensando en hacer una fiesta de Halloween. A lo mejor ayuda el hecho de crear buenos recuerdos.


—Eso podría funcionar, sí —respondió Vanina—. Además, me encanta la idea de ver disfrazado a Rodrigo.


Podría ser divertido, y les daría a Rodrigo y a su hermano la oportunidad de conocer mejor a Pedro.


—Pues lo voy a organizar.


Sacó su teléfono y creó un grupo nuevo en el que incluyó a Gonzalo, a Rodrigo, a Pedro, a Melisa y a Vanina. Lo tituló "Fiesta de Halloweeen". "Este sábado, fiesta de disfraces en mi casa, a las ocho de la tarde. Sin excusas. Vengan."


El teléfono de Vanina sonó y, al leer el mensaje, ella sonrió a Paula.


—Allí estaré. 


Ella miró hacia el interior de Nancy's y vió que Pedro sacaba su teléfono y se giraba un poco para apartarse de Rodrigo, que estaba a su lado. Después, Pedro se acercó a la mesa con los cuencos de chile vegetariano que habían pedido y los puso sobre la mesa. Se sentó con una sonrisa tirante.


—Hola, Pedro. Soy Vanina. Encantada de conocerte.


—Encantado —respondió él.


Rodrigo se acercó con su bandeja y Pedro aprovechó el momento para besar a Paula. Se tomó su tiempo y, cuando acabó, Rodrigo dejó la bandeja en la mesa con brusquedad. Ella miró a su primo.


—Me alegro de que hayas conocido a mi novio, Rodrigo.


—Sí, yo, también —gruñó Rodrigo—. Entonces, ¿Vas a hacer una fiesta?


—Sí. Estoy deseando ver tu disfraz.


—Vamos a disfrazarnos de la Bella y la Bestia —dijo Vanina.


Rodrigo le lanzó una mirada de puro amor y ella estuvo a punto de suspirar. Así era como quería que la mirara Pedro.


—¿Y ustedes? —preguntó Rodrigo.


Pedro miró a Paula. Sería divertido un disfraz de pareja, pero no se le ocurría nada.


—¿Alguna idea?


Paula tomó un poco de su chili mientras lo pensaba. Tenía la mano posada en su pierna y él todavía estaba excitado por el beso que acababa de darle. El hecho de trabajar desde Chaves Corners había sido un movimiento estratégico para alejarse de su tía Liliana e intentar averiguar lo que había ocurrido la noche de la gala. Sin embargo, resultó ser algo muy diferente. Prácticamente había renunciado a la venganza y pasaba más y más tiempo con Paula. Quería dejar atrás el pasado y empezar a pensar en el futuro.


—Podríamos ir de monstruos clásicos —propuso Paula—. ¿Qué te parece de Rick y Evie, de La momia?


Él asintió.


—Serás una Evie fantástica.


—Y tú serás un buen Rick. Decidido —dijo Paula. 

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 33

En aquel momento, aquella mujer estaba en sus brazos, ondulándose contra él y excitándolo tanto que podría llegar al orgasmo en segundos. Y eso sería una pena. La besó por el cuello y le desabotonó la camisa hasta que pudo ver su sujetador negro y la curva de sus pechos. Hizo que giraran, la apoyó en la pared y le subió la falda. Al instante había entrado en su cuerpo. Ella había empezado a tomar la píldora, así que no necesitaban preservativos. La besó apasionadamente y ella le succionó la lengua y le clavó los dedos en los hombros mientras él embestía su cuerpo cada vez más rápidamente, hasta que Paula apartó la boca de sus labios y gimió su nombre. Él siguió acometiendo, cada vez con más fuerza, hasta que, por fin, todo se tensó dentro de él y alcanzó un clímax largo y embriagador. Después, se apoyó con un brazo en la pared y apoyó la frente en la de Paula. Ella le sonrió. Mientras se recolocaban la ropa, él le preguntó:


—¿Por qué sonríes así?


—Porque acabo de tachar «Hacerlo en un lugar público» de mi lista de cosas que deberíamos probar. Pero no había tenido ocasión de contártelo todavía.


Pedro se echó a reír. En aquel momento, le sonó el teléfono móvil a Paula, y a ella también se le escapó una risita nerviosa.


—Creo que tengo que irme.


—Vas a hacerlo estupendamente bien —le dijo él de nuevo.


—Bueno, ya no estoy nerviosa porque tenga que hablar.


—¿Solo estás nerviosa en general?


—No, solo espero que nadie se fije en el chupón que te he hecho — dijo ella, guiñándole el ojo, mientras abría la puerta.


A él no le importaría que se diera cuenta el mundo entero. Estaba orgulloso de ser el hombre de Paula. Con una sonrisita, bajó las escaleras. Y, tal y como había previsto, ella se comportó como una experta detrás de las cámaras. Mantuvo el contacto visual con él, pero su voz y su atención estaban en el trabajo que hacía. Su mujer. Tal vez no dijera aquellas palabras en voz alta, pero su alma ya la había aceptado y sabía que nunca la dejaría marchar.


Después de aquella fiesta en el bar clandestino, Paula dejó de preocuparse por volverse lo suficientemente fuerte y ser perfecta y empezó a encontrar su equilibrio. Pedro y ella se veían más. Él trabajaba desde su casa de Chaves Corners y pasaba la mayor parte de las noches en su casa, en su cama, haciendo el amor con ella. Paula tenía miedo de aceptar los sueños que él estaba despertando, pero, cuanto más tiempo pasaban juntos, más silenciosa se volvía aquella parte. Aquel miércoles estaban comiendo en Nancy's, sentados en una de las mesas de la terraza. Era un día fresco de otoño, aunque, al sol, no hacía tanto frío. Pedro estaba dentro del restaurante, esperando a que les sirvieran la comida y, al mirarlo, Paula tuvo un sentimiento que la llenó de calidez. Él era su hombre.


—Hola, prima. ¿Te importa que nos sentemos contigo?


Miró hacia arriba y vió a Rodrigo y a Vanina junto a su mesa. Se puso de pie y les dió un abrazo.


—No, en absoluto. Pedro está dentro, esperando nuestra comida. Vendrá enseguida. ¿Unimos esa mesa?


Con arrastró la mesa y, antes de entrar en la cafetería, le dió un suave abrazo a Vanina.


—Qué raro que tengáis tiempo libre a la hora de comer —dijo Paula.


Sabía que los dos estaban trabajando mucho en el estudio que estaban construyendo cerca de la antigua Fábrica Internacional Chaves.


—Sí, bueno, es que tu primo los ha visto a los dos juntos y quiere conocer mejor a Paula —dijo Vanina.


—¿Eh? 

martes, 2 de septiembre de 2025

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 32

Pedro la tomó de la mano. Como de costumbre, iba vestido de negro. Llevaba unos pantalones vaqueros, una camisa y un cinturón ancho que hizo que ella le mirara las caderas. Sintió una descarga de deseo que la atravesó. No debería tener semejantes ideas en aquel momento, pero, cuando estaba cerca de él, era difícil evitarlo. Cuanto más tiempo pasaban juntos, más se acostumbraba a que formara parte de su vida. ¿Era eso algo bueno? Él era el primer novio que tenía en su vida adulta. Debería conocer a más hombres antes de encontrar a la persona con la que quisiera pasar el resto de su vida. Quería tener un compañero en la vida, porque había visto lo positivo que había sido para Rodrigo y para Gonzalo enamorarse y compartir la vida con sus mujeres. Tenían más plenitud. Ella quería eso. ¿Estaba viendo en Pedro lo que quería ver? Se le aceleró el corazón. Algunas de aquellas dudas se abrieron paso entre las buenas endorfinas que experimentaba siempre que estaba con él.


—¿Qué pasa? —le preguntó Pedro en tono de preocupación.


Ella sonrió. El nudo que tenía en el estómago empezó a relajarse. Pedro siempre pensaba primero en ella, y eso era muy importante.


—No te preocupes, se me pasará. Gracias por venir a acompañarme.


—Paula, si es posible, yo siempre estaré ahí para tí.


¡Oh! ¿Por qué le decía algo así en medio de un salón de actos abarrotado? Le dió un beso largo y profundo y se apartó antes de que las cosas pudieran ir a más.


—Gracias.


Él sonrió también, y Paula sintió que se despertaba todo su deseo. Se acercó al director y le preguntó:


—¿Cuánto tiempo falta hasta que me necesiten? 


—Unos diez minutos. Puedes ir donde quieras, te enviaré un mensaje cuando esté todo preparado.


—Estupendo —dijo ella, y se volvió hacia Pedro—. Ven conmigo.


Paula le dió la mano y se lo llevó escaleras arriba hacia una habitación que el equipo había estado usando como sala de proyecciones durante los trabajos. Ella la había remodelado y convertido en una sala de reuniones. Cerró la puerta con el pestillo.


—Eh… Señorita Chaves, ¿Qué está haciendo?


Ella le guiñó un ojo.


—Estaba pensando que necesito una cosa.


—¿Y qué es…?


A Pedro. Lo necesitaba a él. Estaba comportándose de un modo seductor y juguetón, pero, en el fondo, sabía que lo necesitaba a él. Lo empujó hacia la puerta y se apoyó en su cuerpo y le pasó una pierna por la cadera. Y, a juzgar por su expresión, Pedro también la deseaba a ella. Tenía los ojos brillantes de deseo. Le tomó el trasero con ambas manos y la ciñó contra su cuerpo mientras la besaba.


Pedro sabía que Paula solo tenía diez minutos. Estaba tan excitado que solo quería embestirla contra la pared, pero no estaba seguro de que eso fuera muy satisfactorio para ella, así que mantuvo el control sobre sí mismo. Ella le estaba succionando un punto del cuello que debía de estar conectado con su miembro, porque cada vez estaba más endurecido. Paula se frotó contra su erección mientras se aferraba con fuerza a sus hombros.


—Paula… Cariño, no tenemos tiempo para esto —dijo, con los dientes apretados.


—Seguro que sí. Anoche lo hicimos en cinco minutos.


Él gruñó. Miró sus ojos azules y supo que era hora de pensar que no debería enamorarse de ella. Se había enamorado y no había vuelta atrás. También sabía que, en el fondo, estaba buscando la manera de quedarse con Paula y satisfacer su deseo de vengarse de Gonzalo Chaves. Pero ya pensaría en eso más tarde.

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 31

Sin embargo, ese ya no era su objetivo. Pedro se había dado cuenta de que Gonzalo no era el villano que le había arrebatado todas las oportunidades a su familia. Solo era un hombre. Y era el hermano de Paula.


—Tengo que hablar a la cámara —dijo Paula, que se había acercado a él. Llevaba el pelo suelto por los hombros de un modo que enmarcaba su rostro ovalado—. ¿Y si parezco tonta?


—Por supuesto que no. Eres demasiado lista y, además, ya lo has ensayado esta mañana delante de mí. Sabes lo que estás haciendo.


Ella se mordió el labio.


—Sí, pero era más fácil hablar contigo.


—¿Quieres que me coloque detrás de la cámara? Puedes mirarme mientras hablas —le sugirió él.


Cuanto más tiempo pasaba con Paula, más difícil le resultaba pensar en el pasado. Se estaba enamorando de ella y se sentía vivo por primera vez desde que había salido de la universidad. Ya no pensaba constantemente en lo que le habían arrebatado los Chaves. Se sentía como si estuviera disfrutando de un regalo inesperado. 


Ella asintió.


—No puedo creerme que vaya a hacer esto.


—¿Por qué no?


Paula se encogió de hombros y miró a su alrededor. El interior del salón de actos era moderno y elegante, y las paredes estaban adornadas con cuadros y frescos que habían creado artistas locales y los estudiantes del instituto.


—Hasta ahora, la mayoría de mi trabajo ha sido silencioso y pequeño. Me encantaba trabajar en el interior del edificio. Pero esta vez voy a estar en el centro de atención. La gente de Chaves Corners siempre ha hablado de mí, pero yo siempre fingía que no sabía que lo hacían.


—Esta vez vas a ser tú quien controle la narración —dijo él—. Vas a subir ahí y hablar sobre el trabajo que has hecho en este lugar, y vas a explicar que es parte del pueblo y es para la gente que vive en Chaves Corners. Creo que eso es importante, y creo que eres la única que puede hacerlo.


—Oh, Pedro, ¡Gracias! —exclamó ella, y se echó a sus brazos.


Él la agarró y la estrechó contra sí. Cerró los ojos e inhaló su olor. Quería tenerla para siempre a su lado, y eso era algo que no había pensado nunca de nadie. Le asustaba. Siempre había sabido que, cuando fuera a Chaves Corners, las cosas iban a cambiar, pero no se había imaginado cómo.



Paula estaba nerviosa y no solo por los motivos que le había explicado a Pedro. Aquel era el primer trabajo remunerado que tenía y quería que a la gente de Chaves Corners le gustara lo que había hecho. Él le había preguntado si quería poner a prueba el conocimiento que había adquirido a la hora de renovar su casa y aplicarlo en el proyecto.  Ella había respondido que sí y, aunque al principio había tenido que apoyarse mucho en Vanina y en Nancy, finalmente había tomado las riendas y el trabajo le había resultado mucho más divertido de lo que hubiera pensado. En aquel momento, se giró hacia él.


—Muchas gracias por darme esta oportunidad —le dijo.


—De nada. Sabía que podías hacerlo —respondió él con orgullo.


Pero ella no había sentido tanta confianza. Lo cierto era que había tenido un ataque de ansiedad terrible después de firmar el contrato con Alfonso Industries. Se había sentado en el sofá y había enumerado todos los motivos por los que iba a fracasar, y había tenido que respirar en una bolsa para calmarse y poder enfocar la mirada. Pero, entonces, había observado su casa y todos los proyectos que había hecho allí, y eso le había resultado de ayuda. Además, no había tenido que trabajar sola.

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 30

 —Sí. Supongo que es porque falta muy poco para Halloween. O porque querían probar algo nuevo. La banda va a hacer un tributo a My Chemical Romance.


—¿Te gustan?


—Me encantaban. En cuanto ví su nombre, empecé a canturrear Helena sin poder evitarlo. No había vuelto a pensar en ellos desde que me desperté, pero tenía la canción en la cabeza —dijo ella.


Pedro la tomó de la mano y, de camino al bar, fueron hablando de música. Sabía que tendría que enfrentarse al pasado y pensar en lo que iba a hacer a continuación, pero aquella noche era suficiente estar con Paula. Aquella noche era para los dos. No se había imaginado que iba a participar en el concurso de chili de Chaves Corners y, menos, en el puesto de los Chaves. Tenía que dejar de pensar en ellos como en «Los Chaves», así que se concentró en pensar que estaba allí con Paula y su familia.




Habían pasado algunas semanas desde la noche del bar clandestino. Vanina y Rodrigo iban a grabar un programa especial que se emitiría en la cadena en la que los dos tenían sus programas. Era una combinación de la idea de remodelación del pueblo de Vanina con el desafío culinario por excelencia de Rodrigo. Los habitantes de Chaves Conrad debían preparar su receta favorita de chili. Normalmente el programa de Rodrigo se centraba en un enfrentamiento entre su personaje profesional, la Bestia, y otro contrincante. Por otro lado, Vanina y su equipo de reformas, que incluía a Nancy, la dueña de la cafetería, se habían hecho cargo del Centro Cívico de Chaves. Paula había trabajado con el equipo de Vanina en la reforma del centro de convenciones y, después de pensarlo, Pedro y Alfonso Industries se habían unido a ellos también. El centro cívico era uno de los edificios deteriorados que había comprado. Había acudido a él para hablar de las reformas necesarias, así que, inmediatamente, él se había ofrecido a hacer una donación a través de su empresa.




A la tía Liliana no le había parecido bien que lo donara de nuevo al pueblo, pero le había gustado que colocaran una placa en un lateral del edificio en la que se les agradecía aquella donación. Y Pedro quería que hubiera más placas en la ciudad en las que no figurara el apellido Chaves. Todavía no había tenido ocasión de hablar con Gonzalo y con Rodrigo de la noche del accidente y no había sacado a relucir al hombre que había agredido a Paula. En parte, no quería saber si había sido su hermano.  Cobarde. En realidad, Javier había sido la única influencia positiva que había tenido. El alcoholismo de su padre había destruido la relación que tenía con él. Nunca había podido perdonárselo. Su padre debería haberse mantenido sobrio y debería haberlo ayudado a rehacer Morales Industries. Sin embargo, él había tenido que fundar una nueva empresa a los veintiún años, Alfonso Industries, y dirigirla en un campo que había sido dictado por la crueldad y la venganza. Lo que les había proporcionado el comienzo que necesitaban eran los ahorros de su tía Liliana y lo que él pensaba que era la indemnización por despido de su padre. Su tía le había dicho que tenía cabeza para los negocios, y quizá fuera cierto. Habían ido tras empresas más pequeñas hasta que se establecían y, después, se habían centrado en oportunidades en las que Chaves International mostraba interés. Y, poco a poco, él había desarrollado las habilidades y la perspicacia necesarias para derrotar a Gonzalo cuando se trataba de ganar contratos de negocios y cortejar a los clientes. No todo el tiempo, por supuesto, pero sí con la suficiente frecuencia como para saber que, al final, sería capaz de derrotar a Gonzalo Chaves.

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 29

Una noche gótica era justo lo que necesitaba. Pedro se puso unos pantalones vaqueros negros, sus viejas botas de motociclista y su cazadora de cuero favorita. Había comprado kohl para pintarse los ojos y, cuando se miró al espejo, se dió cuenta de que echaba de menos aquella parte de su vida, la parte anterior a que la tragedia golpeara duramente a su familia y lo dejara con un vacío. La tía Liliana había intentado llenar los huecos, pero su hermano, su padre y él eran un trío unido antes de la muerte de Javier. Dejó todos aquellos pensamientos atrás y cerró la puerta. Fue caminando hasta casa de Paula. Iba a fingir que solo eran ellos, Paula y Pedro. Ella era la mujer con la que había hecho el amor aquella tarde y con quien esperaba volver a hacerlo pronto. Cuando ella le abrió, a él se le aceleró el corazón. También se había pintado los ojos con un delineador oscuro, y los labios, de rojo brillante. Se había hecho dos colas de caballo y se había teñido las puntas de negro. Llevaba unos pantalones negros ajustados y una blusa negra transparente con un sujetador negro. Él se excitó con solo verla. Le encantaba. Le encantaba el hecho de que todo fuera fresco y nuevo entre ellos. Ninguna de las obligaciones o responsabilidades pasadas que tenía con su familia podrían interponerse en su camino. Cuanto más conectaban, más apreciaba el hecho de conocer a Paula sin el apellido Chaves. Ella ladeó la cabeza.


—Me gusta esta faceta tuya —dijo.


—A mí, también —dijo él—. ¿Estás lista para que nos vayamos?


—¿Hay prisa?


—No, en realidad, no. Es que me he dado cuenta de que has puesto un banco en tu vestíbulo, y ahora estoy pensando en todas las cosas que podemos hacer ahí —dijo él con una sonrisita.


Ella se ruborizó.


—Puede que más tarde, si juegas bien tus cartas.


—Oh, eso es lo que voy a hacer —le aseguró él.


La ayudó a ponerse la cazadora de cuero. Después, se dió cuenta de que ella tomaba el bastón.


—¿Va todo bien? —le preguntó. 


Aquella tarde no lo había usado. 


—Sí, sí. Es que he ejercitado los muslos un poco antes, y ahora me siento débil —dijo ella—. ¿Me estropea el aspecto?


—¿Te he hecho daño antes? —le preguntó él, con la voz ronca.


Demonios, debería haber tenido más cuidado con ella.


—No, lo que pasa es que normalmente no uso las piernas de esa manera —dijo Paula, riéndose—. Podemos practicar para reforzarlas. Eso es lo que dice mi fisioterapeuta cuando probamos algo nuevo.


—No me importa practicar —dijo él—. Bueno, ¿Dónde vamos?


—Al bar clandestino.


—No sé dónde está.


Ella le explicó que los comercios y negocios de Main Street se habían unido con la Cámara de Comercio y habían ayudado a financiar y promover un bar temporal que habían decorado como si fuera clandestino. Después, habían enviado pistas a los residentes de Chaves Corners por el pueblo para llevarlos al bar.


—Parece divertido. Cuando yo vivía aquí, no había nada parecido.


—No, es cierto. Pero últimamente el pueblo tiene una energía distinta. Creo que, en parte, es porque Vanina y Nancy han traído su programa de televisión aquí. También creo que, durante un tiempo, la gente esperó que mi familia volviera e hiciera cosas, pero luego decidieron que debían hacerlo por sí mismos, más o menos.


—Tu familia tiene mucho poder aquí —comentó él—. Pero ¿A qué te refieres con «Más o menos»?


—Bueno, Vanina rompió la maldición cuando consiguió que Rodrigo volviera e hizo su programa, así que fue como una combinación de ideas nuevas, de gente nueva y de viejas supersticiones.


A él le gustaba lo que le estaba contando y cómo veía el pueblo. Claramente, Paula amaba Chaves Corners a pesar de las dificultades con las que había tenido que enfrentarse su familia. Se distrajo un momento pensando en los negocios y en cómo podría expandir Alfonso Industries allí. Pero lo que aquella noche era una cita, no una oportunidad de negocio. Y, hasta que averiguara más de lo que había sucedido la noche que había muerto su hermano, no quería avanzar en nada que tuviera que ver con Paula o con Gonzalo.


—¿Entonces, en el bar clandestino van a celebrar una noche gótica?—preguntó.