martes, 24 de febrero de 2026

Retrato: Capítulo 38

 —Suelo estar en Atenas preparando reuniones.


—¿Cómo la fusión en Nueva York?


—Sí, aunque esa mañana la pasé dando vueltas por el apartamento, sintiéndome culpable.


—Lo has compensado con creces —aseguró Paula, preguntándose vagamente por qué le resultaba tan difícil dibujar esos pies—. No sabía que experimentar fuera tan gratificante.


—¿Cómo te sientes?


Menuda pregunta. Renunciando al dedo gordo del pie, Paula trató de formular una respuesta. Las últimas treinta y seis horas habían sido increíbles. Una vez superados sus miedos y desatada la pasión, había sido insaciable. Tantas posiciones. Tanto placer. No todo lo que habían probado había funcionado para ella, pero no había resultado incómodo en absoluto. Leo había sido infinitamente paciente, disparando su confianza, y ella había empezado a sopesar los pros y los contras de las aventuras efímeras y cuidadosamente programadas.


—Increíble —ella no sabría resumir todas las emociones que se agolpaban en su organismo—. Aliviada. Agradecida. Optimista. Muy contenta de haber aceptado tu proposición.


—Me refería físicamente.


Paula se sonrojó. Había olvidado que el fin de semana era más importante para ella que para él.


—Estoy dolorida. Pero en el buen sentido. He descubierto músculos y una resistencia que no sabía que tuviera.


—¿Te duele?


—No.


—Bien.


—¿Y tú? —preguntó ella, necesitando saber si él encontraba su inexperiencia excitante o tediosa, si solo era una buena causa para su complejo de héroe o si realmente la encontraba tan irresistible como ella a él.


—¿Yo? —Pedro arqueó una ceja oscura.


Ella asintió.


—Me siento muy bien —contestó con una sonrisa seductora que, para alivio de ella, sugería que no se había limitado a practicar unos movimientos mecánicamente—. Ven, te lo demostraré.



Pedro se sentía muy bien, completamente satisfecho. El domingo por la tarde, comprendió que un fin de semana no bastaría, que necesitaba más tiempo con Paula. Quería más de ese sexo asombrosamente ingenioso, tan increíble como había anticipado, posiblemente incluso mejor. La primera vez había sido lenta y cuidadosa. Tras descubrir de lo que su cuerpo era capaz, empoderada, ella había abrazado la experimentación con un entusiasmo que él jamás habría imaginado. La facilidad y rapidez con que adquiría nuevas habilidades era impresionante. El brillante manejo de los pasteles no era el único talento de sus manos, y las cosas que hacía con la boca… Theos. Ella le había hecho perder el control, varias veces, algo nuevo para él, pero a pesar de su malestar inicial, no había motivo para preocuparse. Nadie había resultado herido y, hasta donde él sabía, el mundo no se había acabado. Y por eso no le importaba alargar el fin de semana un día o dos.

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