—Podré vivir con la decepción.
—Dada tu antipatía hacia la obra, me sorprende que no intentaras detener esta velada.
—Ese era el plan original.
—¿Qué pasó?
—El plan cambió.
—Con tu necesidad de orden y control, debe haberte resultado irritante.
—Sería lo normal —el atisbo de una sonrisa asomó a su sensual boca.
—Entonces, ¿Es tan malo como te temías? —preguntó ella, abandonando toda pretensión de indiferencia, porque necesitaba saberlo—. Me refiero al retrato.
—No tanto —respondió él tras pensárselo—. Obviamente, no es algo que pondría en mi pared, pero tenías razón. Es elegante, inesperadamente bello. Tienes un talento excepcional.
El intenso placer que el elogio produjo en Paula casi la hizo tambalearse. Sintió el inquietante impulso de arrojarse en sus brazos y asfixiarlo a besos. Pero se limitó a esbozar una pequeña sonrisa.
—Gracias.
—¿Por qué decidiste pintar retratos?
—Porque es lo que mejor se me da. Siento mayor conexión con los objetos animados.
—¿Y por qué en pastel?
—Me gusta su textura aterciopelada. Los colores son profundos, ricos y fáciles de mezclar. La luminosidad que crean es mágica. Y, desde un punto de vista práctico, son fáciles de transportar, muy útil cuando tuve que traerlos a Atenas. También hará que mis nuevos encargos sean más manejables. Sorprendentemente —añadió secamente—, tus amigos y conocidos no quieren venir a un pequeño estudio en Londres. Me piden que me desplace hasta ellos.
—Qué chocante.
—Lo sé.
—¿Has conseguido muchos clientes nuevos?
—¿Te puedes creer que tengo trabajo para los próximos doce meses?
—No me sorprende lo más mínimo.
—¿En serio?
—Como he dicho, tienes mucho talento. Aunque una vez vista, esta obra en particular, no se puede olvidar —reflexionó él—, algo a lo que tendré que acostumbrarme.
—Entonces, ¿Por qué has venido?
—Me ofrecí voluntario por el equipo.
—¿El equipo?
—Mis hermanos. Luciana sigue de luna de miel y, curiosamente, los demás tenían compromisos esta noche.
—Muy noble.
—Mis motivos no son altruistas.
—¿No? —Paula no lo conocía bien, pero lo poco que sabía sugería que Pedro consideraba el bienestar de sus más íntimos sumamente importante.
—Venir esta noche era una forma segura de verte. Después de cómo reaccioné la noche de la boda, no creí que hubiera otro modo de que me concedieras una audiencia.
Paula ignoró la leve incomodidad ante la mención de la noche que tanto se había esforzado por olvidar, y se concentró en el hecho de que probablemente tenía razón, aunque su razonamiento fuera erróneo. Su mortificación, y no la reacción de él, habría sido lo que la llevaría a ignorar sus llamadas.
—¿Por qué querías verme? —preguntó, extrañada.
—Tengo una proposición que hacerte.
Pedro se volvió para mirarla y el impacto de su oscura y melancólica mirada le robó el aliento de los pulmones y la cordura de la cabeza. Paula tuvo que parpadear para romper la enorme conexión y volver a centrarse.
—¿Qué clase de proposición?
—La clase que cambió mi plan, y que sería mejor discutir en otro lugar —el brillo de la mirada de Pedro hizo que un escalofrío recorriera la espalda de Paula—. Sígueme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario