martes, 17 de febrero de 2026

Retrato: Capítulo 30

Pedro deslizó la mirada por su cabeza y la cara. Cuando sus ojos se encontraron, el corazón de Paula latía acelerado y tenía la boca seca.


—Ese pelo te sienta bien.


—No sé si tomármelo como un cumplido o un insulto —ella tomó otro sorbo de champán.


—Un cumplido. Es inusual.


—¿Inusual bueno o inusual malo?


—Es solo una observación —contestó el astuto hermano de tres hermanas.


—¿Has tenido muchas novias? —preguntó Paula, retorciéndose en su asiento, y ajustándose el corpiño del vestido.


—Antes de que muriera mi padre, muchas —respondió Pedro vagamente, la mirada oscura y ardiente—. Solo algunas desde entonces.


—Nunca apareces en la prensa con ninguna.


—Me cuido mucho de no hacerlo. Mi vida privada es privada.


—¿Por qué no estás casado? —preguntó ella, con un interés que no debía mostrar, obviando el derecho a la intimidad de Leo.


—Aún no he encontrado a la mujer adecuada.


Debía ser difícil de complacer. Probablemente ni siquiera existía una mujer a su altura.


—Cuando nos conocimos, tuve la impresión de que no tenías mucho aprecio por el amor romántico.


—No es una emoción con la que esté familiarizado.


—¿Quieres tener hijos?


—No sería reacio a tener una familia en el futuro.


Lo que la descartaba a ella. Aunque no tendría ninguna posibilidad, mejor saber a qué atenerse.


—¿Y tú? —preguntó Pedro, interrumpiendo sus pensamientos antes de que pudieran derivar hacia la tristeza y el arrepentimiento que sentía cada vez que consideraba lo diferente que podría haber sido su vida si su madre no hubiera muerto—. ¿Qué problema tienes con las relaciones?


Paula se recompuso y frenó en seco el flujo de sueños de un universo alternativo en el que se habría sometido con éxito a lasoperaciones y, tras una ristra de novios, habría sentado la cabeza con un marido que le daría una docena de adorables bebés.


—¿Quién ha dicho que tengo un problema con las relaciones?


—Tú. En mi coche, la noche de la boda de mi hermana.


Era verdad, lo había dicho. Pero no hacía falta proporcionar demasiados detalles. Seguramente él habría leído sobre los posibles problemas de fertilidad, de depresión, y el trastorno general en la vida asociado a la endometriosis. Y revelar sus complicados sentimientos hacia el amor y la muerte, que ella sabía le hacían parecer completamente irracional, requeriría una conversación sobre la relación de sus padres, y la suya con ellos, demasiado reveladora emocionalmente como para mantenerla con un hombre al que no volvería a ver después del fin de semana.


—Falta de tiempo —respondió ella, encogiendo los hombros—. Falta de oportunidad. Con todos mis problemas de salud, no soy el mejor partido. Aunque este fin de semana puede que eso cambie. ¿Este avión tuyo tiene cama?


—Sí.


—Podríamos usarla.


—Aterrizamos en quince minutos —los ojos oscuros de Pedro brillaron.


—¿Y?


—Necesitaremos horas.


—Entonces será mejor que me hables de tus hermanos y hermanas.

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