jueves, 26 de febrero de 2026

Retrato: Capítulo 42

 —¿Sigues ahí? —preguntó Federico, devolviéndolo a la conversación.


—Sí.


—¿Y?


—Me estoy tomando un tiempo personal —contestó Pedro mientras apagaba el fuego de la cafetera.


—¿Qué?


—Unos días libres. Un descanso.


—¿Ahora?


—Sí.


—¿Por cuánto tiempo?


—No mucho. Te mantendré informado. Mientras tanto, tú estás al mando. Ya sabes qué hacer. No hace falta que me consultes nada, pero no me decepciones.


Pedro colgó antes de que Federico empezara a hacer preguntas que él era incapaz de responder, como si hubiera perdido completamente la cabeza. Buscó una bandeja, pero se detuvo al sentir un cosquilleo en la piel, indicativo de que Paula estaba cerca.


—¿Quién era? —preguntó ella, entrando en la cocina con el bikini negro y la bata de seda rosa que llevaba la tarde que la conoció, responsable de tantas noches de insomnio.


—Federico. 


—¿Problemas en Atenas?


Si había problemas, no sería en Atenas, sino allí, en el aparentemente insaciable deseo que sentía por ella, que alteraba su comportamiento y ponía su vida patas arriba.


—Al contrario.


—¿Qué quieres decir?


—¿Tendrías que estar en algún otro sitio?


—No —ella sacudió la cabeza.


—¿Algo que hacer?


—No.


—Pues, al menos durante unos días más, yo tampoco.


—No lo entiendo —Paula frunció el ceño—. Creía que nos íbamos esta tarde.


—He puesto a Federico al frente de la empresa unos días.


—¿Hablas en serio? —ella lo miró boquiabierta.


—Sí. —Pedro le tendió el plato de cruasanes y el cuenco de yogur.


—¿Por qué?


—Porque —contestó él mientras salía al patio con la bandeja y se preguntaba por qué no estaba preocupado por entregar el mando a Federico, o por el trastorno que Paula estaba causando en su vida—, necesito vacaciones.


Paula necesitó todo el desayuno para superar la impresión que le produjo el anuncio de Pedro. Sintió el golpe de cafeína al entrar en su torrente sanguíneo, imposible no sentirlo con el café que él  preparaba, pero apenas probó el delicioso cruasán o el cremoso yogur endulzado con aromática miel. ¿Habría sido ella la causa de su decisión de tomarse un descanso? ¿Habrían hecho magia sus artes femeninas? ¿Podría la conversación del día anterior haberle hecho replantearse su relación con la responsabilidad y sus hermanos?

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