martes, 14 de abril de 2026

Una Noche Inolvidable: Capítulo 17

 –Aunque me encantaría llevarte de nuevo a la cama, no quiero hacerte más daño.


–No me lo has hecho…


–No mientas, Paula –repuso, apoyando un dedo en sus labios–. Ya hay bastantes mentiras entre nosotros.


–Lo sé –reconoció, bajando la mirada.


¿Pero qué narices le pasaba? ¿Un acto de ternura, y estaba dispuesta a lanzarse a él otra vez, aunque sabía más que de sobra que estaba mal? ¿Tan desesperada estaba por recibir afecto? Pedro empujó suavemente su barbilla hacia arriba.


–Ahora tienes que contarme por qué eras virgen.


–Yo… –suspiró–. André y yo no tuvimos esa clase de matrimonio – explicó.


Él se levantó y soltó una risa áspera.


–Solo hay una clase de matrimonio, Paula: En el que el marido lleva a la esposa a la cama. Si fueras mía, no te dejaría salir de mi cama durante una semana.


El rubor le quemó el cuello y el pecho, y la fuerza de sus palabras hizo que le temblase un punto entre los muslos.


–André era un hombre mayor, y ya no era capaz de… –se cubrió la mejilla con una mano–. Éramos solo amigos, y quiso casarse conmigo para darme seguridad cuando él falleciera. O eso es lo que me dijo –no le habló de los salarios que le debía porque se sentiría aún más patética–. Nunca fue una relación sexual.


Pedro contempló aquella melena de rizos rubios y tuvo que pelear contra el deseo que aún le latía en el vientre, además de con una extraña sensación de alivio. Así que no se había planteado acostarse con su padre. Eso estaba bien. Pero sirvió también para que su desprecio por el viejo volviera. Ojalá no estuviera muerto para poder asesinarlo con sus propias manos. De la Mare había utilizado a Paula Chaves para ejecutar sus deseos de venganza contra él, además de darle un empujón a su ego viéndose al lado de una mujer tan hermosa y joven, aunque no pudiera consumar el matrimonio. Un ego enfermizo que ahora le planteaba a él un problema. Siempre había pensado en arrasar La Maison hasta los cimientos en cuanto comprase la propiedad, pero ¿Cómo echar a aquella muchacha de su casa? ¿No le convertiría eso en un bastardo tan cruel como su padre, en particular después de haberle arrebatado su inocencia? Y encima, sin usar protección, algo de lo que había sido brutalmente consciente al lavarla. ¿Por qué había actuado así? Nunca había sido tan impulsivo ni tan descerebrado, ni siquiera de adolescente. No solo no deseaba ser padre por accidente, sino que sabía más que bien lo que era ser hijo por accidente, ser un niño no querido, no deseado, sin importancia.


–¿Tomas anticonceptivos, Paula?


Su cara de absoluta desolación contestó por ella. No habría hecho falta que negase con la cabeza.


–¿Cuánto hace de tu último periodo?


Volvió a enrojecer, lo cual sería encantador si las posibles consecuencias de su locura no fuesen tan inquietantes.


–Hace poco.


–Por lo menos no estamos en mitad de tu ciclo.


Pero el riesgo seguía estando ahí, y solo había una solución para asegurarse de que su irreflexión no tuviera consecuencias indeseadas: Haría de Paula Chaves su amante. De ese modo, podría asegurarse de que tomara las precauciones necesarias para evitar un embarazo no deseado y podría ofrecerle un lugar para vivir, Château Alfonso, mientras La Maison era demolida. Se llevó una sorpresa al darse cuenta de que invitar a Paula a vivir en su casa no le hacía sentirse tan incómodo como cabría esperar. Era la primera vez que se llevaba a una mujer a vivir en alguna de sus casas, y jamás había tenido una amante. Hasta entonces, nunca había ido en serio con ninguna de las mujeres con las que salía. Tenía que dirigir un negocio. En su vida no había tiempo para el romance, y no le veía el lado positivo a las relaciones a largo plazo.

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