martes, 28 de abril de 2026

Una Noche Inolvidable: Capítulo 29

La doctora guardó sus cosas en la cartera.


–Su hijo tiene mucha más energía que la madre en este momento. Su latido es firme y regular, y da unas estupendas patadas.


–¿Da patadas? –preguntó, con el corazón en la garganta. 


Había intentado no pensar demasiado en el bebé.


Ella sonrió.


–Es bastante grande para el tiempo que tiene. Paula dice que no pudo asistir a la última cita con su médico –suspiró mientras cerraba la cartera–. Al parecer, se durmió.


Y volvió a mirarlo con severidad, seguramente preguntándose por qué un hombre tan rico como él permitía que la madre de su hijo trabajase de noche por un salario mínimo. Le daba igual lo que pensara, porque ella ya no iba a poner en riesgo su salud trabajando un turno tras otro. Todo había cambiado para Paula, lo quisiera o no. Tenía una responsabilidad para con ella y no iba a escurrir el bulto, y tampoco iba a darle a ella ocasión de echarse atrás. Se iban a vivir juntos a Borgoña en cuanto pudiera arreglar los papeles de la boda. Había estado dándole vueltas mientras el médico la examinaba y ninguna otra solución le satisfacía. No podía arriesgarse a que su salud y bienestar corriesen peligro. Y aunque no tenía claro que fuera a ser capaz de trabar una relación con aquella criatura, no iba a permitir que naciera sin llevar su apellido. La médica le ofreció su tarjeta.


–Si quiere llevarla mañana a la clínica, le haremos un análisis de sangre como es debido y una ecografía para poder examinar a fondo al bebé, pero por ahora le sugiero que la deje tranquila para que pueda dormir. 


Lo que en realidad quería decir estaba claro: Nada de sexo aquella noche. Puede que hubiera leído lo de su insaciable apetito en la prensa.


–No se preocupe, que no tengo intención de pedirle ningún favor sexual esta noche.


«Ni esta noche, ni nunca», pensó, guardándose la tarjeta mientras la culpa hacía de las suyas. Al llevar a Paula antes en brazos, había experimentado una serie de emociones contradictorias y en conflicto, pero ni siquiera en aquel momento había podido negar el resurgir del deseo. ¿Cómo era posible que se excitase con tanta facilidad, estando ella tan frágil, tan agotada por un embarazo que él no había sabido evitar? Igual no era tan distinto de su propio padre. Esa posibilidad le puso el estómago patas arriba, y pensar en su madre le hizo reafirmarse en la idea del matrimonio. Él no iba a abandonar a la madre de su hijo estando su salud en peligro, que era lo que había hecho su padre.


–Señor Alfonso, le ruego no malinterprete mis palabras –la doctora se detuvo en la puerta y él se llevó una buena sorpresa–. No pretendía decir que el sexo sea peligroso, que no lo es. Siempre y cuando ambos lo deseen, hay muchas parejas que continúan manteniendo relaciones sexuales hasta en el tercer trimestre y, como le he dicho antes, la señorita Chaves está sana, solo necesita descansar. De todos modos, insisto: Lo mejor será que la lleve mañana a la clínica de Harley Street para que podamos hacerle una ecografía.


–¿Cree que es necesario? –le preguntó, sin poder ocultar su ansiedad.


–No necesario, pero sí recomendable, para que ambos estén tranquilos. No es raro que los hombres experimenten una bajada de la libido cuando su pareja está embarazada, pero le aseguro que los cambios del cuerpo de Paula son perfectamente naturales.


–De acuerdo –dijo. La doctora lo había malinterpretado. La falta de libido no era su problema–. Mañana iremos.


No volvería a perderla de vista, y menos aún hasta que lograra que le prometiera que le dejaría hacer lo que fuera mejor para ella. Y lo mejor era que accediera a casarse con él.

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