jueves, 30 de abril de 2026

Una Noche Inolvidable: Capítulo 33

 –Podría haberle puesto fin, pero no quise. Tú no eres responsable de la decisión que tomé.


–Esta discusión es absurda, Paula –contestó, y volvió a mirarle la tripa. ¿Qué había en el embarazo que tanta ansiedad le provocaba?–. Ese bebé es hijo mío, y no quiero que sufras ningún daño.


–Eso no va a ocurrir, Pedro –le tranquilizó, intentando no leer demasiado en su determinación de cuidarla, algo que ningún otro hombre había hecho–. Estoy embarazada, no enferma.


–Estar embarazada es peligroso. Mi propia madre…


–¿Qué le pasó a tu madre, Pedro? –preguntó, viendo su agonía.


–No importa.


Sí que importaba. ¿Sería esa la razón de su insistencia en la boda?


–¿Tuvo un embarazo difícil? ¿Es por eso que el mío te asusta? – inquirió con delicadeza.


–Era un bebé grande –dijo, pasándose las manos por el pelo–. Ella era muy menuda, y él se negó a pagarle los cuidados que necesitaba – apartó la mirada–. Yo no fui el único embarazo que no evitó. Mi madre tuvo dos abortos antes de que él la repudiara.


–Pedro… Lo siento mucho –susurró, poniendo la mano en su brazo. ¿Habría presenciado él esos dos abortos? Eso debía ser, a juzgar por el innegable trauma que le había causado–. Ojalá lo hubiera conocido bien. 


No habría aceptado su proposición de matrimonio. ¿Cómo podía haber estado tan ciega ante los defectos de André de la Mare?


–Tú no eres culpable de nada. Mi padre se pasó toda su vida manipulando a las mujeres. Se le daba muy bien –parpadeó varias veces. Estaba claro que para él era muy duro hablar de la relación de sus padres–. Mi madre nunca dejó de quererlo, a pesar de cómo la trataba –respiróhondo–. Pero nada de todo eso importa ya. Lo que sí importa es que no sufras como sufrió ella. No puedo permitir que eso ocurra, o no seré mejor que él.


Le había oído decir que él no era su padre, pero no había sido consciente de lo mucho que quería decir con esas palabras.


–Entiendo.


–Yo no habría elegido ser padre, Paula –se sinceró, en un tono tan lleno de dolor que el corazón se le encogió–. Pero no tomé las precauciones que debería, y ahora eres tú la que tiene que cargar con las consecuencias de mis actos. También sé lo que es no tener la protección de un padre, su apellido y su riqueza, y ahora no puedo permitir que mi hijo crezca sin esas cosas.


Pero un buen padre podía proporcionar mucho más de lo que estaba diciendo. Cuando su propia madre falleció, ella buscó en su padre no solo seguridad económica, sino emocional, y él fracasó. La rechazó y la abandonó porque le causaba muchos problemas, y porque nunca la había querido de verdad, igual que André de la Mare había rechazado y abandonado a Pedro.


–¿Crees que… Que podrías ofrecerle a este bebé algo más, Pedro? – le preguntó, con miedo a tener esperanza, pero con más miedo a no hacer la pregunta.


–¿Qué quieres decir?


–¿Crees que podrías ofrecerle al niño algo más que tu apellido y tu protección?


Pedro frunció el ceño, como si no se esperase la pregunta.


–Lo dudo. Como ya te he dicho, no tenía pensado ser padre, Paula, precisamente porque creo que no lo haría bien.


Había hablado con firmeza y delicadeza a un tiempo, pero aun así la luz de la esperanza se negaba a apagarse en Paula. Tanto su padre como el de ella habían sido incapaces de amar, pero se negaba a creer que la historia tuviera que repetirse. Amaba profundamente a ese bebé, y aunque el tipo de matrimonio del que hablaba Pedro, con fecha de caducidad y cuya única finalidad era protegerla a ella y darle a su hijo su apellido, no era suficiente, el hecho de que se sintiera tan desesperado como para ofrecérselo era un comienzo.

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