jueves, 7 de agosto de 2025

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 6

A ellos les interesaba comprar la vieja fábrica que iba a dirigir Javier antes de que muriera, para implantar allí su propia actividad. Sin embargo, los dos sabían que tenían que ser cuidadosos a la hora de abordar aquel trato. Por ese motivo, él había ido al pueblo para descubrir cómo podía adquirir alguna influencia sobre Gonzalo Chaves. Su tía le envió otro mensaje de texto. "Llámame cuando salgas de Chaves Corners". "Puede que tarde un rato, respondió él. Voy a echar un vistazo por el pueblo a ver si encuentro alguna posibilidad de inversión. ¿Lo de la chica no va a funcionar? Todavía no estoy seguro". Su tía Lili se despidió y terminó con la conversación. Él se metió el teléfono al bolsillo. Se quedó allí sentado, en el coche, observando el pueblo. Era más alegre de lo que él recordaba de su infancia, y eso le recordó todo lo que había perdido. Por supuesto, Paula no era la culpable de lo ocurrido, pero era parte de su familia. Y, según su padre, ella había coqueteado con su hermano y, después, lo había acusado de malinterpretarla y lo había echado de la fiesta después de que su primo Rodrigo le hubiera dado un puñetazo. Pedro movió la cabeza. Cuando la había visto, había vuelto a aquel tiempo en que Paula era una niña. Tenía que acordarse de eso.


Ella se acercó caminando a la cafetería, con el bastón, y él salió del coche. Se quedó sin respiración al ver su pelo largo, rubio, agitado por el viento, volando alrededor de su cara y sus hombros. Ella inclinó la cara hacia la brisa y sonrió. Él recordó el contacto con sus curvas suaves y su aroma a flores. La deseaba. Era la hermana de su enemigo, sí, pero también era la chica de la que siempre había estado enamorado. Exhaló un suspiro de frustración y se pasó la mano por el pelo. Sabía que lo más inteligente que podía hacer era marcharse y decirle a su tía Lili que encontrara otra manera de vengarse de Gonzalo. Sin embargo, Paula lo vió y alzó una mano para saludarlo. Era demasiado tarde para recurrir a otro plan. Cerró el coche y se dirigió, atravesando el parque, hacia ella.  De nuevo, sintió ganas de ayudarla. Sabía que tenía que sincerarse y decirle su apellido. No quería engañarla como su familia había engañado a su hermano. Necesitaba saber que, cuando su tía Lili y él estuvieran, por fin, en una posición de poder con respecto a la familia Chaves, podían estar satisfechos de haberlo conseguido de una manera limpia y franca. Eso significaba que no podían ser mentirosos, como había sido Alfredo Chaves con ellos. Y, aunque sospechaba que antes se había dejado llevar por la lujuria y la nostalgia, ya no podía permitírselo más. Había llegado el momento de recordar quién era el responsable de toda la destrucción que se había desencadenado la noche del baile. Pedro sonrió mientras se acercaba a ella.


—Si hubiera sabido que venías caminando, te habría acompañado.


—Bueno, no te preocupes. Todavía no conduzco —dijo ella, sin especificar el motivo. Todavía le aterrorizaba subirse a un coche, pero no quería decírselo.


—¿No?


—Ya sabes que llevaba mucho tiempo en coma.


—Ah, sí. Creo que lo había olvidado —respondió él, con una mirada de timidez—. ¿Prefieres dentro o fuera?


—Prefiero aquí fuera, si no te importa…


—No, claro que no. ¿Te parece bien elegir una mesa mientras yo voy dentro a pedir las bebidas? —sugirió él.


Ella le pidió un café con hielo y, después, se dirigió hacia una mesa apartada, a la sombra. Mientras se sentaba, sonó su teléfono. Era un mensaje que había llegado al grupo que tenía con Vanina y Melisa. Vanina tenía buena vista de la terraza del café desde su librería.


-Vanina: ¿Quién es ese tipo tan guapo?


-Paula: Se llama Pedro. Es mi nuevo vecino.


-Melisa: Tengo un paciente dentro de cinco minutos. Pero quiero todos los detalles. ¿Nos tomamos una copa en la tienda de Vanina esta noche?


Paula envió el emoticono del pulgar hacia arriba y guardó el teléfono. No recordaba a ninguna buena amiga de antes del accidente, pero Vanina y Melisa le habían dado la bienvenida como si fuera su hermana. Cuantas más cosas recordaba, más se daba cuenta de que no tenía amigas en Chaves Corners. De que su abuelo los había tenido a Gonzalo, a Rodrigo y a él apartados de la gente del pueblo.

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 5

Vanina Belmont iba a convertirse pronto en la cuñada de Paula. Además, había contribuido decisivamente en la revitalización de Chaves Corners desde que había ido a vivir allí hacía dos años para rodar su célebre programa de televisión, Hometown, Home Again. Cuando ella había decidido marcharse de Chaves Manor, Vanina y Melisa la habían apoyado. Vanina había sugerido que la familia comprara uno de los dúplex victorianos y lo rehabilitara para que ella pudiera adaptarse de nuevo al mundo real. Así que, como Vanina le había demostrado mucho amor y respeto, tenía la tentación de llamarla en cuanto se marcharan los encargados de la mudanza y se quedara a solas en su nuevo hogar. Quería que le diera consejo sobre Pedro. Pedro. Tenía unos preciosos ojos castaños y, cuando la había abrazado para calmarla, no le había provocado pánico… Ella había temido el momento en que un hombre la abrazara porque lo último que recordaba de la noche fatídica era que Javier Morales, el hombre que había muerto en el mismo accidente en el que ella había quedado en coma, la estaba besando a la fuerza e inmovilizándola contra la pared. Sin embargo, en brazos de Pedro no había sentido miedo. Tal vez, por su voz suave o el olor a madera de su loción de afeitado. O, quizá, por el sonido constante de su corazón, que latía bajo su mejilla. Fuera cual fuera el motivo, no podía dejar de pensar en él. ¿Qué iba a hacer? Tal vez aquella idea de quedar con Pedro para tomar café y hablar fuera una equivocación. Pero Melisa, que también era su médica, le había dicho que era probable que cometiera errores, y que tendría que aprender de ellos.  Empezó a vestirse. Tenía una cicatriz larga e irregular en la pierna. Estaba intentando aceptar el cuerpo con el que había despertado. Aunque las cicatrices eran de esperar, aún no las había asimilado por completo. Ella se recordaba a sí misma con unas piernas largas, esbeltas. Ahora, por el contrario, las tenía llenas de celulitis, aunque Vanina le había asegurado que a todo el mundo le pasaba lo mismo. Se miró al espejo con el vestido que acababa de ponerse, cuya falda terminaba a la altura de las rodillas. Vió sus imperfecciones pero agitó la cabeza y se apartó aquellos pensamientos de la mente. No podía odiar sus defectos porque la convertían en lo que era y, si Pedro los odiaba, entonces no era el hombre que ella esperaba. Tomó su bolso, se puso las gafas de sol y salió a la calle. Su nueva vida empezaba aquel mismo día, y estaba dispuesta a aprovechar todas las oportunidades que se le presentaran. Ya no iba a esconderse más en la cama por miedo al mundo real.



Pedro estacionó en el departamento público que había enfrente de la estación de tren, cercano a un parque tras el que estaban las tiendas de Main Street. Había pensado en no acudir a su cita con Paula, pero lo cierto era que tenía que hacerlo. Cualquier fantasía que hubiera tenido con ella durante aquellos años había palidecido en comparación con lo que había sentido al abrazarla. Era sexual, pero más que eso. Nunca se había permitido a sí mismo pensar en el futuro ni tener una relación duradera con nadie porque estaba completamente centrado en la venganza. Sin embargo, con pasar un momento en compañía de Paula, se lo estaba cuestionando todo. ¿Era solo porque recordaba los sentimientos de la niñez o por otra cosa? No podía negar que le emocionaba estar con ella… Su tía Lili, la hermana de su padre, le escribió un mensaje en aquel momento. Ellos dos eran los únicos que quedaban de la familia, y habían trabajado juntos para recuperar su fortuna, algo que habían logrado, aunque Gonzalo Chaves no les hubiera dejado mucho con lo que empezar. "¿Has encontrado a la hermana?" Él respondió afirmativamente, pero no le dijo que había cambiado de opinión y que no iba a usar a Paula. Su tía y él habían reformado la empresa y la habían rebautizado con su segundo apellido, Alfonso. Y Alfonso Industries era una empresa próspera. Su tía y él habían recuperado lo que les había quitado la familia Chaves cuando Chaves Corners había empezado a revitalizarse y había recuperado la actividad industrial.

martes, 5 de agosto de 2025

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 4

No, en realidad, era la clave para que él pudiera dejar atrás un pasado lleno de ira y de deseos de venganza. Sabía que lo que necesitaba su familia era la venganza, pero él siempre había sido el hermano más blando, el más parecido a su madre. El hecho de perder a su hermano y ver cómo su padre se hundía lentamente en el alcoholismo le había hecho cambiar. O le había obligado a dejar de ser el hijo que, a ojos de su padre, nunca había estado a la altura. No era como su hermano y su padre. Se había cambiado legalmente el apellido después de que Gonzalo los arruinara y había elegido Alfonso. No podía utilizar a otra persona para conseguir lo que quería. Ahora estaba seguro de ello.


—¿Estás bien? —le preguntó a Paula en voz baja.


—No, pero me encuentro mejor. Gracias —susurró ella—. No sé si sabías que te había contratado para esto, pero me da la sensación de que va a haber más momentos así.


—No pasa nada —dijo él—. Pero tengo que decirte que yo no soy la persona a la que has contratado.


Ella abrió mucho los ojos.


—¿No?


—No. Pero creo que podemos ayudarnos el uno al otro, y ese es el motivo por el que yo he venido hoy —dijo él.


—Bueno, la persona a la que contraté es un desconocido. Pensé que sería más fácil que con alguien que me conociera y conociera toda la historia de mi familia.


—Lo entiendo —dijo él.


Tenía remordimientos de conciencia, pero decidió que no iba a contarle que se conocían desde jóvenes ni que su hermano había estado involucrado en el accidente de tráfico por el que ella había quedado en coma. Si lo hacía, ella se alejaría de él. ¿Y haría bien? No tenía ni idea.


—La mudanza está a punto de terminar y se supone que yo tengo que intentar salir más de casa —dijo ella, titubeando, nerviosa de repente—. ¿Por qué no vamos a Java y tomamos un café y charlamos? Pero… Si tú no eres el hombre al que contraté, ¿Por qué estás aquí? 


—Voy a vivir en la cabaña que hay junto a la tuya —dijo el.


En parte, era cierto. Había planeado volver al hogar de su infancia, donde había sido feliz. Aunque tuviera motivos ocultos para hacerlo, ahora que se había reencontrado con Paula Chaves, sabía que iba a cambiar sus planes y tenía la esperanza de descubrir qué sería lo siguiente.


—¿De verdad? Vaya, entonces, somos vecinos. Me alegro —dijo ella, y arrugó la frente—. Bueno, ¿Te apetece un café?


—Sí, podemos tomar un café si quieres. ¿A qué te referías con lo de que se supone que tienes que salir de casa?


—Yo… He estado en coma diez años. Qué trágico, ¿verdad? — preguntó, tratando de reírse, pero su incomodidad era evidente—. Bueno, me dieron el alta hace seis meses, pero me veo incapaz de empezar a vivir otra vez. Al principio, necesitaba recuperar la fuerza física, pero, como acabas de ver… No estoy en mi mejor momento —dijo.


—Yo no he visto nada de eso. Te has manejado maravillosamente con tu hermano y has defendido tu postura. Después, cuando ha terminado, solo necesitabas un minuto para recuperarte.


Ella exhaló un suspiro y, después, sonrió ligeramente.


—Creo que me va a gustar tenerte de vecino, Pedro —dijo.


—Creo que a mí también me va a gustar que seamos vecinos —dijo él.


Quedaron para tomar un café aquella tarde y, mientras la veía alejarse caminando hacia los mozos de la mudanza, tuvo un sentimiento de agobio. Sabía que tendría que decirle quién era, pero sabía que eso no iba a ser de ayuda para ella en aquel momento. Y, por supuesto, para él, tampoco.

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 3

Él iba a enseñarle todo lo que necesitaba saber sobre la manera moderna de salir con alguien y superar su miedo a que la tocaran. La ayudaría a hacer las cosas que le daban miedo, como ir a una cafetería llena de gente y pedir un café, o ir al centro de la ciudad a comer a un restaurante lujoso como Rodrigo's. Había intentado hacerlo sola, pero se había quedado paralizada, en parte porque tenía que llevar un bastón. Era difícil no darse cuenta de que todo el mundo la miraba. Era una Chaves y, en Chaves Corners, todo el mundo sabía que había estado diez años en coma. Era consciente de que el miedo la había dominado durante demasiado tiempo, así que cuando Gonzalo dejó claro que no estaba de acuerdo con sus planes con Pedro, Paula se irritó. Se soltó del brazo de él, se cuadró de hombros y miró a su hermano de frente.


—Gonzalo, sé que, a tus ojos, sigo siendo la hermana pequeña que ha estado dormida durante demasiado tiempo. Entiendo que lo que quieres es protegerme, pero me estás asfixiando poco a poco. Necesito a alguien que me ayude a hacer las cosas que me causan temor, pero que tengo que hacer de todos modos.


—¿Y crees que este hombre es el adecuado? —le preguntó Gonzalo con tirantez.


—Sí —dijo Paula—. No es un extraño. Como te dije, somos amigos.


Se giró hacia Pedro. Él tenía los labios apretados, pero, cuando lo miró, él asintió y le guiñó un ojo. Después, se dirigió a Gonzalo.


—Te doy mi palabra de que no voy a permitir que le ocurra nada malo —prometió.


—Eso no es necesario —dijo Paula.


Las mujeres no necesitaban que los hombres las respaldaran, aunque sería agradable tener a Pedro cerca en aquellos momentos de pánico que iban a surgir.


—Está bien, pero os estaré vigilando —les advirtió Gonzalo—. Y, Pedro, necesito que me digas tu apellido.


—¡No, claro que no! —protestó Paula—. No tiene nada que ver contigo.


Gonzalo sonrió a Pedro con tirantez mientras tomaba a su hermana del brazo y se la llevaba aparte. 


—Eres una Chaves y una mujer muy rica —le susurró—. Es una irresponsabilidad que pases tiempo con alguien a quien no conocemos. Deja que lo investigue.


—No, Gonza, te lo digo en serio. Sabes que quería venir a vivir al campo para verme obligada a arreglármelas yo sola. Sin embargo, me he quedado aquí, en Chaves Corners, porque te quiero y quiero que seamos la familia que recuerdo. Pero tienes que dejar que haga esto a mi manera.


—Odio esto —le dijo Gonzalo.


Ella le dió un abrazo a su hermano mayor. Sabía que, por mucho que no quisiera dejarla sola en medio de todo aquello, iba a hacerlo.


—Gracias.


Él dió un gruñido y correspondió a su abrazo. Cuando se alejaba, le dijo algo a Pedro, pero ella no lo oyó. Después, entró en su coche y se marchó. Y ella se quedó a solas con aquel extraño que, esperaba, la ayudaría a encontrarse a sí misma.


Pedro sonrió a Paula mientras Gonzalo pasaba entre ellos y se detenía un segundo para advertirle que, si le hacía daño a su hermana, iría por él. Después, Gonzalo se marchó. Y, ahora, ¿Qué? No sabía qué tenía que hacer la persona a la que había contratado Paula y, por mucho que quisiera destruir a Gonzalo, había empezado a parecerle mal el hecho de utilizarla. Ella dejó de sonreír en cuanto su hermano se marchó y comenzó a respirar agitadamente, como si tuviera un ataque de ansiedad. En aquel momento, supo con certeza que no iba a usar a Paula. A pesar de la desafortunada historia que había entre sus dos familias, ella le agradaba todavía. Además, tuvo ganas de ayudarla a recuperar su fuerza y convertirse de nuevo en la chica intrépida que había sido… Se le escapó un suspiro de frustración. Parecía que, cada vez que estaba decidido a vengarse de los Chaves por lo que habían hecho, había alguna clase de intervención universal que le demostraba que ellos mismos ya se habían destruido.


—Eh, tranquila —le dijo, y se acercó a ella.


La rodeó con un brazo y ella cerró los ojos, como si no sintiera su contacto. Entonces, él la estrechó aún más contra la curva de su cuerpo y trató de no pensar en su propia reacción. Al cabo de unos segundos, el ritmo de la respiración de Paula comenzó a bajar. Alzó la cabeza y abrió los ojos, azules y claros, pero con algunas sombras. Y él, que había ha pensado que ella era la clave para destruir a Gonzalo. 

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 2

El mero roce de su brazo fue eléctrico y le causó una atracción que él reprimió. No sabía a qué se refería Paula, pero si con eso iba a molestar a Gonzalo, lo haría encantado.


—Claro. Me llamo Pedro, a propósito.


—Pedro. Estupendo. Sigue mi ejemplo.


Tenía intención de hacerlo. Llevaba años intentando encontrar algo que pudiera servirle de arma contra Gonzalo Chaves y, en el fondo, sabía que su hermana era la munición perfecta, pero no había conseguido nada. Paula estaba en coma y, después de que su compromiso se rompiera, Gonzalo se había convertido en un recluso.


—Gonzalo, ¿Te vas ya?


—No, todavía, no. ¿Quién es él?


—Es un viejo amigo, Pedro —le dijo ella—. Pedro, este tipo autoritario es Gonzalo, mi hermano.


Pedro no conocía a Gonzalo Chaves personalmente. Tenía dieciocho años la noche del baile, cuando su hermano había muerto en un accidente de tráfico. Le tendió la mano al hombre al que llevaba una década queriendo destruir. Sin embargo, cuando sus miradas se encontraron, no vió en él la pura maldad que esperaba, sino una sonrisa relajada y una expresión algo exasperada.


—No soy autoritario —respondió Gonzalo—. Bueno, no demasiado. Lo que pasa es que ella cree que después de seis meses de despertarse de un coma ya puede escalar el Everest.


—No, el Everest todavía, no —replicó Paula.


—Entonces, ¿Qué?


—Bueno, vamos a conformarnos con estar sola e intentar hacer todas las cosas que me he perdido durante estos diez años.


Gonzalo se puso tenso.


—He accedido a que vivieras aquí, pero lo demás…


—Demasiado tarde —dijo Paula—. Pedro está aquí para eso.


—¿Por qué estoy aquí?


—Para ayudarme a experimentar todas las cosas que me he perdido durante estos diez años —le explicó Paula.


—Ni hablar —dijo Gonzalo.


Paula no iba a discutir con su hermano delante de Pedro. No era en absoluto lo que esperaba, pero lo había contratado en una página web que ofrecía ayuda discreta para las personas que experimentaban una ansiedad extrema o tenían problemas para salir de casa. Todo, desde el estrés diario de pedir un café hasta el sexo. Ella no sabía con exactitud lo que necesitaba, así que había marcado todas las casillas. Sinceramente, después de pasar diez años en coma, había muchas cosas que no sabía. Como, por ejemplo, ¿Seguían juntos Soledad y Gabriel? Pero, también, desconocía cosas como las redes sociales. Las soluciones, según lo que había leído, estaban diseñadas para sacarla de su zona de confort, y eso era lo que necesitaba. Por mucho que hubiera dicho que quería que Gonzalo y su primo Rodrigo, que era como otro hermano, dejaran de tratarla como si fuera de cristal, había una parte de sí misma que no sabía cómo hacer las cosas. Físicamente, todavía estaba intentando recuperar toda su fuerza. Si se excedía y se mantenía en pie demasiado tiempo, tenía que utilizar un bastón. Sin embargo, esas limitaciones eran más llevaderas que las limitaciones mentales. Para ella había sido demasiado fácil quedarse encerrada en su suite de Chaves Manor, con un personal dispuesto a satisfacer todas sus necesidades. Había sido como entrar en un segundo coma, más o menos. Pero eso había terminado. Había invertido parte de su herencia en comprar la mitad de aquel dúplex y estaba decidida a arreglarlo y convertirlo en algo suyo. Y, como parte de su plan, había contratado a Pedro. Pero él era un poco más guapo de lo que esperaba. Bueno, mucho más guapo. Tenía el pelo negro y lo llevaba corto, y una barba incipiente que hacía que pareciera severo hasta que sonreía. A ella se le escapó un suspiro mientras continuaba observándolo. Tenía la boca firme y carnosa, lo cual indicaba que besarlo no iba a ser ningún problema. De hecho, no podía dejar de preguntarse cómo sería el roce de sus labios, algo que le provocó sentimientos que una mujer de veintiocho años debería ser capaz de gestionar. Sin embargo, aunque aquella fuese su edad, en realidad se sentía como si tuviera dieciocho. Ella nunca había mantenido relaciones sexuales antes del accidente y tenía que ponerse al día en muchas cosas. Así que había contratado a Pedro. 

No Esperaba Enamorarme: Capítulo 1

La hermana Chaves era la clave. Cuando Pedro Alfonso se refirió a su amor de adolescencia, cuya vida habían destrozado su hermano mayor y un rencor familiar, fue más fácil pensar en ella como en una extraña. Como si hubiera distancia entre ellos, a pesar de que tenían trágicas conexiones. Para ser completamente sincero, sabía que no podía poner distancia entre Paula Chaves y sí mismo. Cuando su hermano, su primo y ella habían ido a vivir a Chaves Manor y la había visto por primera vez, se había enamorado perdidamente. A su yo de ocho años no le había importado que su familia y él viviesen en las casas de la vieja fábrica a las afueras de Chaves Corners, ni que su padre fuera el encargado en la fábrica. De pequeño, él no había visto que fueran distintos y en aquella fiesta de verano donde todos los niños de las familias de Chaves Manufacturing jugaban juntos, se había encontrado a solas con Paula por primera vez. Ella era valiente y, cuando los niños mayores, incluido su hermano, habían cruzado el río que rodeaba Chaves Manor y discurría por el pueblo, él había vacilado. No sabía nadar, pero no quería quedarse atrás. Entonces, Paula lo había tomado de la mano y le había dicho:


—Podemos hacerlo juntos.


Y lo habían hecho. En aquel momento, su vida había cambiado. Por eso se refería a ella como la hermana de Gonzalo y no como la heroína de su infancia. Ella era la llave de la reconciliación con su pasado. Mientras fuera una Chaves, lo demás no tenía importancia. Su familia no se había quedado mucho tiempo en las casas de la fábrica. Su padre y su hermano eran ambiciosos y comenzaron a ascender en Chaves Manufacturing hasta que el viejo Alfredo Chaves le prometió a su hermano Javier el puesto de consejero delegado de la fábrica.  Al final, habían llegado a ser gente importante en Chaves Corners. Pero el accidente de tráfico había cambiado todo eso. La fábrica había cerrado y, en medio del dolor, su padre había comprado acciones de Chaves Manufacturing, para lo que había hipotecado su casa y vendido bienes, con intención de hacerse con la compañía y con el puesto que le habían prometido a Javier Morales. Gonzalo Chaves se había enterado y había aprovechado la situación para endeudar aún más a su padre hasta que todo lo que les quedó fue la escritura del dúplex ruinoso que les había proporcionado la fábrica. En aquel momento, estaba sentado delante de la casa que le traía tantos recuerdos, observando a su nueva vecina, Paula Chaves, que estaba mudándose. Sin poder evitarlo, pensó que por fin tenía todo lo que necesitaba para destruir a Gonzalo Chaves, borrar el mal karma que los Chaves le habían transmitido a su familia y, de una vez por todas, olvidar a la mujer que estaba en el centro de su plan. Alguien llamó a la ventanilla de su coche y, al ver que era Paula Chaves, se quedó sorprendido. Se le había oscurecido el pelo con los años. Ya no lo tenía rubio, casi blanco, como de niña, sino de un color parecido al de la miel oscura. Tenía la cara ovalada y los ojos azules, muy bonitos. Tenía una boca carnosa y la nariz delicada. Ladeó la cabeza a la espera de que él bajara la ventanilla. Pero él apagó el motor y bajó del coche.


—¿Puedo ayudarte en algo? —le preguntó.


—Sí, para eso te he contratado —respondió ella.


Contratarlo.


—Creo que te has equivocado. Yo no soy un mozo de mudanzas.


—Eso ya lo sé —murmuró ella, con su voz ligera, dulce, melódica—. Pero has venido para hacer eso por lo que te contraté, ¿No?


No tenía ni idea de qué estaba hablando, pero antes de que pudiera decírselo, su hermano Gonzalo salió de la casa con una expresión amarga. Paula lo tomó del brazo.


—Tú solo finge que somos viejos amigos y no menciones lo que estás haciendo aquí. Detesto las mentiras, pero no puedo soportar que mi hermano y mi primo sigan diciéndome que estoy demasiado frágil para hacer cualquier cosa. 

No Esperaba Enamorarme: Sinopsis

Volvió en busca de venganza, pero la encontró a ella.


Un accidente de tráfico fatal le robó diez años de vida a la heredera Paula Chaves. Cuando despertó del coma, necesitó que un hombre guapísimo y sexy como Pedro Alfonso le enseñara exactamente todo lo que se había perdido.


Por su parte, Pedro estaba soñando con vengarse de los Chaves, pero, rápidamente, Paula se convirtió en el talón de Aquiles de su plan. Y empezó a enamorarse de ella…