martes, 4 de marzo de 2025

Compromiso Fingido: Capítulo 50

 —Sí, cariño. Siempre he querido volver a la Escuela de Arte y estudiar algún tiempo en el extranjero. Mi marido podría pagarlo con su sueldo, pero me gustaría tener la posibilidad de financiarlo yo misma. Tú tienes tu título y ese dinero te vendría muy bien. Pero no queremos que sientas que te estás quedando sin hogar.


Su plan tenía sentido. Las dos tenían maridos, casas, niños y sus propios sueños profesionales. Y ella tenía… Tenía una familia maravillosa, aunque fuera poco convencional, y había tenido una mujer en su vida que le había enseñado a valorarse a sí misma. Se dijo que nada de eso cambiaría aunque acabaran vendiendo esa casa. Apretó las manos de sus hermanas.


—Tenemos un vínculo especial las tres que va más allá de cualquier casa. Los recuerdos que tenemos de tía Silvia son mucho más fuertes y creo que a ella le gustaría que una familia creciera entre esas paredes.


Al otro lado del restaurante, uno de los clientes subió el volumen del televisor. Florencia abrió mucho los ojos al ver la pantalla y decidió girarse para ver de qué se trataba. El canal de televisión había interrumpido el evento deportivo que habían estado retransmitiendo para dar una noticia.


—El candidato al Senado Pedro Alfonso ha anunciado que hará una declaración a la prensa frente a la sede de su partido —dijo entonces el periodista.


No sabía qué querría decir. Había salido de la casa de los Alfonso antes de que se pusieran de acuerdo. Sabía que tendrían que actuar rápido para que Martín Stewart no aprovechara la ocasión en su contra. Creía que era una lástima que nadie sacara fotos comprometidas del otro candidato. Se imaginó que todos los ataques iban dirigidos contra Pedro porque él iba en cabeza en todas las encuestas y a casi todos los medios les interesaba que la carrera al Senado fuera más igualada. Miró a sus hermanas. Incluso la organizada y lógica Romina había acabado por seguir sus impulsos y dejarse llevar por el corazón. Después se concentró de nuevo en la pantalla. Estaban mostrando fotos de Pedro. En la primera estaba con él, la segunda era la del campo de golf y en la tercera estaba solo. Ella nunca había dudado de él al ver las fotos con la joven rubia. Sabía que él no había estado con nadie más. Por un lado, habían pasado demasiado tiempo juntos las últimas semanas como para que fuera posible y, por otro lado, era un hombre honesto que había llegado a poner su carrera y su vida en peligro para salir en defensa de ella y de su honor. No entendía cómo había podido confiar en él sin llegar a confiar en ella misma. Quería ser parte de su vida. Se dió cuenta de que él le había dicho que quería seguir conociéndola y le había confesado algo muy doloroso de su pasado. Pedro parecía dispuesto a llevar las cosas con ella a otro nivel, pero ella no había sido lo bastante valiente como para embarcarse en esa aventura.  Sabía que la vida no iba a ser menos complicada si se alejaba de él. Lo cierto era que su propio corazón le estaba dejando muy claro que iba a sufrir durante el resto de su vida si no se dejaba llevar por los sentimientos que estaban naciendo entre ellos. La había apoyado por completo cuando las primeras fotos salieron a la luz. Un escándalo del que ella había sido tan responsable como él. Se dió cuenta de que se merecía que fuera ella la que lo apoyara en esos momentos. Estaba lista a luchar para ocupar un puesto importante en la vida de Pedro Alfonso. Se puso en pie de golpe y tomó su bolso.


—Queridas hermanas, estoy de acuerdo con ustedes. Ha llegado el momento de renovar y vender Beachcombers. Ha llegado el momento también de muchas otras cosas —les dijo con decisión—. Me voy a esa conferencia de prensa, tengo que estar al lado de Pedro.


Sabía que era en ese sitio donde tenía que estar, al lado del hombre que amaba. 

Compromiso Fingido: Capítulo 49

Florencia se dejó caer sobre el respaldo de su asiento y atacó otro panecillo. El restaurante era tan ruidoso que podían hablar sin temor a que nadie las oyera.


—Supongo que entonces no tendremos el placer de torturar a tu atractivo candidato.


—No —repuso ella con media sonrisa.


Romina tomó su mano y acarició su dedo anular.


—Esto va a liberar tu agenda de nuevo —le dijo su hermana. .


Se quitó las gafas de sol. No quería esconderse y necesitaba ver la vida con claridad.


—No te preocupes. Yo me encargaré de todo lo concerniente a las reparaciones para poder abrir Beachcombers de nuevo. 


Romina y Florencia se miraron a los ojos. Después, Romina sacó una carpeta de su bolso.


—La verdad es que estábamos a punto de volver a buscarte cuando oímos lo de las fotos de hoy.


—¿Por qué?


Sus hermanas se quedaron calladas.


—Por favor, yo he sido sincera con ustedes, cuenten qué pasa.


Romina, siempre tan pulcra y organizada, retorció la servilleta que tenía en las manos. No parecía ella.


—No te hemos mentido, pero la verdad es que no te hemos contado algunas ideas que hemos tenido sobre lo de la reconstrucción de la casa —le dijo Romina.


—¿Qué quieres hacer con tu vida después de las elecciones si Pedro y tú no siguen juntos? —le preguntó entonces Florencia.


—Bueno, pensé que estaría muy ocupada reconstruyendo Beachcombers y preparándolo todo —les dijo—. ¿Qué es lo que no me están contando? ¿Es que hay algún problema con la compañía de seguros?


—No, no se trata de eso —intervino deprisa Romina.


—Muy bien. Les agradezco mucho cuánto me han ayudado y protegido siempre —les dijo con sinceridad—. Pero ya no soy esa niña tímida e insegura de entonces. ¿Pueden empezar ya a tratarme como la adulta que soy?


Florencia tomó sus manos entre las de ella.


—Te queremos mucho y no podemos evitar preocuparnos.


—Gracias —repuso ella tomando también la mano de Romina—. Yo también las quiero. Pero, me pueden decir, ¿Qué es lo que pasa? Venga, Romi, dime la verdad.


—Hemos estado pensando que quizás debiéramos contemplar otras opciones que no sea reabrir Beachcombers.


Las palabras de Romina la dejaron muda. No se lo esperaba. Le costó recuperarse lo suficiente como para poder hablar de nuevo.


—¿Estás hablando de derruir la casa de tía Silvia?


—No, no es eso —repuso Florencia con firmeza—. Pero podríamos usar el dinero del seguro para restaurar la casa y dejarla tal y como fue. Después podríamos venderla y dejar que una familia viva y crezca en esa mansión.


Romina se acercó a ella y la miró a los ojos.


—Podríamos dividir el dinero entre las tres y sería suficiente como para que cada una pudiera invertirlo en lo que nos gusta de verdad. Yo podría abrir un negocio de servicio de comidas con un horario más flexible que me permitiera cuidar a mi hija —miró entonces a Florencia.


—Y ¿tú piensas lo mismo?

jueves, 27 de febrero de 2025

Compromiso Fingido: Capítulo 48

 —¿Lo matamos directamente o lo torturamos antes? —le preguntó Florencia con fiera expresión.


Las tres hermanas se habían reunido para comer en un restaurante. Paula seguía intentando volver a la realidad. Ya habían pasado dos horas desde que Pedro recibiera la llamada del director de comunicación de su campaña. Su aún prometido apenas había tenido tiempo de asegurarle que esas fotos no eran lo que parecían cuando el resto de la familia Alfonso llegó a la casa para hablar de lo que había ocurrido. Pedro tenía una explicación para lo ocurrido con la chica que vendía agua y refrescos a los golfistas en ese club. Aseguraba que la joven se le había echado encima y él instintivamente la sujetó para que se calmara. Por desgracia, el aparcamiento del club había estado lleno de periodistas y fotógrafos que no dejaron pasar la ocasión. Los hermanos de Pedro le habían asegurado que él no conocía a esa joven, pero la mala suerte había querido que ninguno de los tres estuviera allí en ese momento. Pedro había estado muy preocupado por convencerla de que el incidente no significaba nada, pero a ella no le había afectado tanto como saber lo que le había contado sobre Brenda. Su mayor problema en esos momentos era confiar en que algún día él podría volver a enamorarse de alguien. Eso era lo único que le interesaba, saber si acabaría por quererla a ella. Sus hermanas la habían llamado en cuanto se enteraron y habían ido hasta Hilton Head a buscarla. Fue un alivio poder salir de esa casa, donde la familia Alfonso y los miembros de la campaña se afanaban por reducir las consecuencias de las fotografías aparecidas en prensa. Al final, había acabado escondiéndose en un pequeño restaurante con sus hermanas y sin poder quitarse la gorra ni las gafas de sol. Estaba cansándose de aquello, no quería que su vida se convirtiera en un espectáculo. Florencia tomó la cesta del pan y se puso a comer. El apetito de su hermana había aumentado mucho desde que se quedara embarazada.


—Entonces, ¿Qué prefieres? ¿Muerte rápida o con sufrimiento?


—Lo que me hace gracia es que la prensa se ha pasado por alto la historia más jugosa. No acabo de comprender que se creyeran su compromiso —añadió Romina.


Se quedó boquiabierta al escucharla.


—Y ¿quién dice que no sea real? Nunca te he dicho que no lo fuera. 


—¡Venga, Paula! —le dijo Romina—. Eres como yo. Sé que no te comprometerías con nadie que no conocieras muy bien.


—¿Es que nunca has hecho nada impulsivo? —le preguntó ella.


Tenía interés por saber cómo iba Romina a responderla. Su hermana se había quedado embarazada después de una aventura de una noche con un amigo. Desde entonces, ese amigo se había convertido en el amor de su vida y en su marido.


—Eso es un golpe bajo —repuso Romina—. Pero te perdono porque me imagino que estás muy nerviosa.


No quería estar a la defensiva con ellas. Después de todo, eran sus hermanas y no podía seguir mintiéndoles. Se imaginó que había llegado también el momento de que dejara de mentirse a sí misma. Se acarició el dedo anular de su mano izquierda, donde había llevado el anillo de compromiso.


—La verdad es que ya no importa. Pedro y yo hemos terminado.


Lo que no les dijo fue que él quería intentar seguir con ella y que ella había sido la que se había negado a seguir en la misma situación. Romina la miró con mucha preocupación en sus ojos.


—¿Ha sido por culpa de las fotos que han aparecido en la prensa?


—¿Hablas de sus fotos conmigo o con la rubia del campo de golf? —preguntó ella con una mueca de desagrado—. La verdad es que las de hoy no me preocupan demasiado, sólo si dañan su imagen de cara a las elecciones. Estoy segura de que fue todo un montaje.


Y estaba siendo sincera. Confiaba en Pedro totalmente. Siempre había sido sincero con ella, incluso cuando sus palabras pudieran hacerle daño. No le había negado cuánto había querido a aquella joven, una historia de amor que le preocupaba mucho más que cualquiera de las que pudieran inventarse los medios de comunicación.


Compromiso Fingido: Capítulo 47

 —¿Quién es ella? Creo que tengo derecho a preguntar, aunque sólo sea la falsa prometida.


Pedro se apartó de ella y se acercó a la ventana.


—Fue alguien que conocí en la universidad, Brenda —repuso él con extrema seriedad—. Nos prometimos enseguida, fue todo muy rápido. Pero, antes de que pudiera siquiera presentársela a mi familia, Brenda murió.


Se le encogió el corazón al escucharlo.


—Lo siento muchísimo —le dijo ella mientras acariciaba su hombro—. Sería horrible perderla.


Sabía mejor que nadie lo difícil que era superar algo así. Ella había arrastrado desde su infancia el abandono de sus padres.


—Sí, fue horrible —repuso él.


Parecía muy tenso y no sabía cómo hacer que se sintiera mejor.


—¿Qué le pasó? —preguntó ella. 


—Tenía un problema de corazón, algo de nacimiento que nadie detectó — explicó Pedro mientras se pasaba las manos por la cara.


—Está claro que la querías mucho —le dijo.


Una parte de ella quería consolarlo. Pero la otra parte le decía que ella merecía que la amaran con la misma intensidad. No podía conformarse con ser su amante ni su segunda mejor opción. Se apartó de su lado y dejó sobre la mesita de noche el anillo de compromiso. Un anillo que había concentrado un montón de bellos sueños que no iban a poder realizarse.


—Lo siento, Pedro. Pero así es como tiene que terminar…


El teléfono, también en la mesita, comenzó a sonar y no pudo evitar sobresaltarse. Pedro dudó un segundo. Siguió mirándola a los ojos y ella le hizo un gesto para que contestara al teléfono. Decidió que llamaría a una de sus hermanas para que fuera a recogerla. Se imaginó que aún estarían cerca de allí.


—Residencia de los Alfonso —saludó Pedro al tomar el auricular.


Iba ella a tomar el teléfono móvil para llamar a Florencia cuando algo en la cara de Pedro la detuvo. Parecía enfadado y fruncía el ceño. Agarró entonces el mando a distancia y lo dirigió hacia el televisor.


—De acuerdo, sí, Leandro. Estoy encendiéndolo.


No sabía de qué hablaban, pero se temía lo peor. Alguna otra cosa sobre ellos que pudiera hacerles daño. Sabía que más fotos de ellos no tendrían valor ahora que estaban prometidos, pero Pedro parecía muy disgustado. Apareció en la pantalla un informativo. En una esquina superior de la pantalla, detrás del locutor, había una foto en la que se veía a Pedro en un campo de golf… Y abrazando a una joven y atractiva rubia. 

Compromiso Fingido: Capítulo 46

Por otro lado, no podía seguir participando en esa mentira, ella no era así. Aunque romper con Pedro y salir de su vida iba a romperle el corazón.


—No puedo seguir fingiendo que estamos prometidos. Ha sido difícil mentirle a la prensa, pero tener que engañar a mis hermanas ha sido horrible. Lo he pasado muy mal esta tarde. Creo que deben de sospechar algo…


—Bueno, la verdad es que yo he estado pensando en lo mismo esta tarde, mientras jugaba al golf con mis hermanos —repuso Pedro mientras le tomaba las manos con cariño.


Se le hizo un nudo en el estómago. Se dió cuenta de que todo estaba a punto de terminar. Iban a separarse y ella volvería a Charleston sola. Con la única compañía de recuerdos para sustituir a lo que antes sólo eran fantasías. El problema era que la realidad había superado con creces lo tejido por su imaginación.


—Y ¿Qué es lo que has decidido?


Pedro apretó con más fuerza sus manos.


—¿Qué te parece si lo intentamos de verdad y nos olvidamos de que empezó como una farsa?


No creía haberle escuchado bien.


—Vas a tener que repetir eso porque creo que te he entendido mal. No es posible…


Pedro levantó su mano izquierda y acarició el dedo donde había llevado el anillo.


—Dejemos la sortija en su sitio e intentemos conocernos mejor, salir juntos…


—¿Y seguir acostándonos?


—Vaya, eso espero.


Pedro volvió a sonreír. Le gustó ver cuánto la deseaba, pero eso ya no era suficiente para ella, necesitaba más.


—¿Decidiste mientras jugabas al golf con tus hermanos que tenemos que pasar más tiempo juntos y seguir haciendo el amor a menudo?


—Bueno, supongo que no me he expresado demasiado bien, lo cual es extraño teniendo en cuenta que me dedico a la política. Así te haces una idea de hasta qué punto me vuelves loco —le dijo él con una sonrisa maliciosa—. Lo intentaré de nuevo. Lo que sugiero es que nos conozcamos mejor, poco a poco, para que así podamos tener una… Una…


Pareció quedarse sin palabras y se quedó mirando el horizonte.


—Una relación, Pedro. Creo que «Relación» es la palabra que no te salía.


Para ella también era extraño, pero al menos podía decir esa palabra sin atragantarse.


—Sí, eso es. 


Pedro parecía nervioso e incómodo. Sus palabras contradecían su lenguajecorporal.


—Creo que lo que estás describiendo es lo que hacen los amigos con derecho a más o los amantes. Y, que yo sepa, los amantes no se intercambian anillos de compromiso —le dijo ella.


Unas semanas antes, habría estado encantada de ser sólo eso para Pedro Alfonso, pero las cosas habían cambiado y ese anillo empezaba a representar lo que ella creía que merecía tener algún día en su vida.


—¿Qué es lo que esperas de mí? —le preguntó Pedro con frustración—. ¿Quieres que te diga que te quiero? Ya he estado enamorado antes y esas cosas llevan su tiempo. No te conozco lo suficiente como para estar seguro de algo así. Pero puedo decirte que creo que podría llegar a amarte algún día. ¿Por qué vamos a romper cuando existe esa posibilidad en nuestro futuro?


«¿Qué me podría llegar a amar algún día?», se dijo ella sin saber qué hacer con una promesa tan insuficiente. Pero entonces recordó lo que acababa de decirle.


—¿Has estado enamorado?


Pedro se quedó helado.


—¿De quién? —le preguntó ella sin poder aplacar su curiosidad—. La prensa te ha emparejado con decenas de mujeres durante los últimos años, pero nunca pudieron encontrar una relación lo suficientemente seria como para resaltarla. Creo que por eso les ha gustado tanto escuchar lo de nuestro compromiso.


—Supongo que tienes razón —concedió él.


Pedro no parecía querer responderle, y eso no hizo sino acrecentar su curiosidad. No sabía por qué le interesaba tanto. 

Compromiso Fingido: Capítulo 45

Había sido fácil fantasear con él. Estar con él estaba siendo mucho más excitante, pero también más complicado. Hubiera preferido que se tratara de un tipo normal con una vida aburrida e intrascendente. Paula se quedó mirando su anillo de compromiso y se lo quitó para ver cómo se sentía. Su mano parecía más desnuda que nunca. Hizo un puño para contenerse y no volver a colocárselo, aunque eso era lo que quería hacer. Levantó el anillo contra la luz del sol y se quedó mirando el diamante. Brillaba de manera distinta desde cada ángulo. Era como una representación de lo que era su vida en esos momentos. Tenía que tomar una decisión importante, pero esa decisión podía ser completamente distinta si miraba a las cosas desde un lado o desde el otro. Se encendió en ese instante el aire acondicionado y sintió el aire en su cuello como si fuera una caricia. No pudo evitar estremecerse y cerró la mano en la que tenía el anillo. Pero entonces sintió un beso en la nuca. 


-Hola, preciosa.


Intentó relajarse mientras se giraba en sus brazos.


—No te oí entrar.


—Estabas muy concentrada pensando en algo importante —le dijo Pedro mientras le acariciaba la frente—. ¿Cómo fue todo con tus hermanas?


Su pregunta la devolvió al presente, no podía creer que no hubiera estado pensando en Beachcombers, tal y como Pedro se había imaginado.


—Todo fue bien. Tenemos muchas cosas positivas en las que concentrarnos. Los investigadores del incendio nos han dicho que una vieja instalación eléctrica fue la causante del fuego. Así que no somos responsables y el seguro nos pagará todas las reparaciones. Podemos empezar a hablar con contratistas enseguida.


Pedro la besó en los labios y la abrazó con más fuerza.


—Me alegra saberlo. Estoy muy contento por ustedes tres.


Podía escuchar los latidos de su corazón y su aroma la envolvía por completo. Era demasiado peligrosos estar con Pedro en su dormitorio, no se le pasaba por alto lo cerca que estaban de su cama.


—Salgamos al salón. Ya sé que somos adultos, pero no me parece bien que tu madre nos encuentre aquí juntos.


Pedro reaccionó con una mueca.


—No digas tonterías —le dijo dando un paso atrás—. Además, mi madre acaba de salir. Así que relájate.


—No puedo hacerlo —repuso ella sintiendo más que nunca el peso del anillo en su puño—. Lo que quiero decir es que no puedo relajarme.


Pedro miró a su alrededor con gesto cómico.


—¿Es que aún están tus hermanas por aquí?


—No, se fueron hace media hora.


Respiró profundamente y decidió decírselo cuanto antes, sin tiempo para arrepentirse de ello. Abrió la mano y le mostró el anillo.


—No puedo seguir haciendo esto.


Pedro se quedó serio de repente.


—¿Qué quieres decir? —preguntó.


Levantó más el anillo para que lo viera Pedro. Le temblaba la mano. No sabía si estaba haciendo lo correcto, pero además tenía miedo de que su decisión beneficiara al adversario de Pedro. Pensó que lo mejor sería tratar de convencer a Florencia para que contase lo que le había pasado. Quizás así consiguiera además que otras víctimas de acoso hablaran de su experiencia con Martín Stewart. 

martes, 25 de febrero de 2025

Compromiso Fingido: Capítulo 44

 —Bueno, creo que por un día ya nos hemos abierto demasiado, ¿No crees? Ya sabes que no me va este rollo sentimental… ¿Por qué no nos concentramos de nuevo en el juego? Estoy dispuesto a ganar este torneo.


Detuvo el carro, se bajó y sacó un palo de su bolsa de piel.


—Empiezo a pensar que mamá hizo lo correcto.


Juan Pablo salió del otro carro y se acercó a él.


—¿A qué te refieres?


—Eligió a un amigo cuando se casó por segunda vez. Me parece mucho más inteligente que meterte en una de esas relaciones sentimentales que son como una montaña rusa. Creo que todos deberíamos aprender de ella.


Bautista se quedó boquiabierto al escucharlo.


—¿Es que estás ciego? Mamá está loca por el general —le dijo su hermano pequeño mientras se apartaba sus abundantes rizos de la cara.


—Sí, sí —replicó él con incredulidad—. Aunque me cueste decirlo, sé que se sienten atraídos el uno por el otro. Recuerden cuando los pillamos aquel día en la cama…


Tanto sus hermanos como él se estremecieron al recordar el momento. Había sido uno de los días más complicados de sus jóvenes vidas y les había costado olvidar lo que habían visto, a su madre haciendo el amor con el que había pasado de ser su mejor amigo a su amante. Se casaron algún tiempo después. Hasta a Bautista, el más mujeriego de los cuatro, le costaba recordar aquello.


—Habría preferido pasar por la vida creyendo que nuestra santa madre nos había concebido a todos por arte de magia. Fue una experiencia traumática…


Federico levantó las manos para solicitar una pausa.


—De acuerdo, no hablemos de eso otra vez, por favor. Pero es verdad, creo que Bautista tiene razón. No se trata sólo de atracción, mamá quiere de verdad a ese hombre.


Se quedó callado unos instantes, pensando en la boda de su madre con Carlos Renshaw. Se casaron unas Navidades y de manera bastante impulsiva y romántica. Pero a lo mejor había algo más de lo que él se podía haber imaginado. Recordó cómo se iluminaba la cara de su madre cuando recibía una llamada de su marido. Además de sus exitosas carreras profesionales, su madre y su segundo esposo compartían mucho más. Siempre que podían sacaban una hora libre para sentarse juntos en el balancín del porche. Allí los había visto charlar y reír mientras se tomaban una copa de vino. Se dió cuenta, al analizarlo de una manera más tranquila, que era obvio y no entendía cómo no lo había visto antes. El general Carlos Renshaw y su madre estaban muy enamorados.  Pensó que quizás hubiera querido creer que no era así porque se ajustaba mejor a su modo de ver la vida. Llevaba años huyendo de los compromisos y las relaciones serias. El problema era que se había metido en un callejón sin salida. Ya no sabía cómo iba a poder finalizar esa relación. Ni siquiera tenía claro que quisiera hacerlo. Lo único que sabía a ciencia cierta era que no podría seguir viviendo sin repetir lo que habían compartido la noche anterior.



De vuelta en la casa principal, Paula se entretuvo mirando el océano desde la ventana de su dormitorio. La vista era similar a la que había contemplado siempre desde la casa de su tía Silvia. Eso le recordó cuánto la echaba de menos. Sobre todo en esos momentos, cuando se enfrentaba a la que podía ser la decisión más dura de su vida. Ni la presencia del océano ni la suave decoración de la habitación consiguieron calmar sus nervios. Se había pasado la tarde con sus hermanas, repasando los daños y evaluando cuánto costaría conseguir que Beachcombers abriera de nuevo sus puertas al público. Había sido mucho más duro de lo que se había imaginado. Se enfrentaba a la ardua tarea de reconstruir esa casa, pero lo que más le dolía era que lo tendría que hacer sola, fuera ya de la vida de Pedro. Eso le angustiaba más de lo que había esperado. Pero tampoco podía seguir con la farsa. No podía seguir acostándose con él sin tomar una decisión sobre el futuro de los dos, ya fuera juntos o por separado.